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cuando sonó el timbre de la puerta de su casa. Sorprendido, miró el reloj. Las doce y cuarto de la noche.
Rápidamente se levantó y al coger el telefonillo escuchó:
—Abre Juan, somos nosotras.
AI escuchar aquello blasfemó ¿Qué hacían sus hermanas allí a esas horas? Pero apretando el botón
del portero abrió la verja y después la puerta, quedándose de piedra al ver aparecer a sus hermanas,
padre, abuelo, a Menchu y cuando creía que no podría ver entrar a más gente entró Carlos con su mujer,
Lucas y Damián.
Boquiabierto al verles llegar con bebidas, hielo y bolsas de patatas fritas preguntó:
—¿Pero qué se supone que estáis haciendo aquí?
—Venir a ver la gala de los Oscar —respondió Eva dejándole patidifuso.
—¡¿Cómo?! —bramó enfurecido.
Lo último que le apetecía ver en aquel instante era aquel absurdo programa.
—Lo que oyes Juan —replicó Irene—. Lolo se ha quedado con los niños en casa y tú eres el único
que tiene Canal Plus, a papá no le funciona.
Juan fue a decir algo cuando su amigo Carlos, tras darle un golpe en la espalda para llamar su
atención, dijo:
—Eso te pasa por tener el Plus, nenaza.
Divertido por el gesto adusto de Juan, Lucas dijo al padre del anfitrión:
—Toma Manuel, una cervecita fresquita. —Y mirando hacia su enfurecido amigo, le guiñó el ojo y
dijo—: en el frigorífico he puesto otra tanda. Creo que la noche va a ser larga.
—Vaya qué considerado —murmuró agriamente Juan.
—Churri —gritó Laura—. Dame una Coca-Cola.
—En seguida, preciosa —contestó Carlos encantado.
Sin entender nada de lo que estaba pasando, Juan, en medio del salón observaba todo aquel jaleo sin
dar crédito mientras Senda, su perra, parecía encantada de tener a toda aquella gente allí.
—Por cierto —dijo Carlos tras entregarle el refresco a su mujer—, por si no te habías enterado,
nuestra amiga Noelia está nominada a los Oscar y esto es como cuando España jugó en el mundial. En vez
de todos con la roja, esta noche es ¡todos con Noelia! Nuestra chica tiene que ganar ese Oscar, sí o sí.
—No me jodas, hombre —protestó aquel—. ¿No os podéis ir al bar para verlo?
—Ni lo pienses, guapo —sonrió Almudena tras aparcar el cochecito de su bebé en un lateral del
salón—. Pudiendo estar tu casa, ni de coña nos vamos al bar.
El abuelo Goyo, que estaba ansioso por ver aquel programa de televisión, cogió una de las butacas,
la puso frente a la tele y gritó:
—El gorrioncito tiene que ganar por guapa y relinda.
Cada vez más alucinado, Juan les vio acomodarse frente al televisor, mientras charlaban y reían como
si estuvieran en cualquier sitio menos en su casa. Incluso Senda parecía feliz. Jugueteaba con Damián
mientras este le daba una patata frita. Quiso gritarles que se fueran, que no quería compañía, que lo
último que quería ver era aquel programa cuando su padre, que le llevaba rato observando, le cogió por
el hombro derecho y dijo ofreciéndole una cerveza:
—He traído croquetas. No veas lo buenas que salen con la nueva Thermomix.
—Pero papá… —se quejó desesperado.
—Lo sé hijo, lo sé —se disculpó aquel—, pero tus hermanas ya sabes como son y han movilizado a
todo el mundo para ver la gala de los Oscar.
—¿Y no lo podían haber visto en tu casa?
Manuel sonrió, cada vez mas consciente de la necesidad de que Noelia volviera con su hijo, cogió
una croqueta de la bandeja, le dio un mordisco, y dijo:
—No hijo. La gracia era verlo en la tuya.
—Joder —murmuró molesto.
Un rato después, tras poner todas las excusas del mundo para echarles de su casa, Juan claudicó.
Nadie estaba dispuesto a irse de allí hasta que aquella maldita gala terminara. Pero les dejó claro una
cosa. Él no iba a verla. Por ello, muy enfadado, se dirigió a su garaje dispuesto a hacer cualquier cosa
menos estar allí sentado con ellos.
Sobre la una de la mañana todos vocearon al ver que por fin conectaban con el evento. Durante un
buen rato vieron desfilar entre flashes a infinidad de famosos por aquella preciosa alfombra roja
caminando hacia el teatro Kodak.
—Oisss que mona va la Portman —gritó Irene al ver a la actriz ataviada con un vestido granate corte
imperio.
—Para mono su churri —añadió Laura—. Le conoció en el rodaje de la película Cisne negro ¿la
habéis visto?
—Sí… a mi me gustó mucho —asintió Eva.
—Bueno… bueno… bueno… ¡Cómo va de guapa Penélope! —gritó Almudena.
Los ojos de todos se centraron en la actriz española y Lucas, tras beber de su cerveza, murmuró:
—Sí… está tremenda.
—¿Dónde están el gorrioncillo y Tomi? —preguntó el abuelo Goyo.
—Estarán al llegar —respondió Almudena.
—Por el amor de Diorrrrrrrr —gritó Eva—. Me encanta el vestido plateado que lleva Gwyneth
Paltrow. Está guapísima.
—Guapísima… guapísima —corearon los hombres divertidos.
—Oh sí… el vestido es chulísimo. Pero claro, menudo tipazo que tiene ella. Ya quisiera yo —se
quejó Almudena.
—Churrí —gritó Laura—. Para la boda de mi prima Paz me haré un vestido como ese ¡que lo sepas!
—Genial, preciosa… genial —sonrió aquel tras encogerse de hombros ante la mirada guasona de sus
amigos.
—Uoooo ¿y que me decís del vestido que lleva Hilary Swank? —aplaudió Menchu.
—Aisss que bonitoooooooo. Es preciosooooooooo —asintió Irene.
—Precioso… precioso… —volvieron a mofarse los hombres.
Diez minutos después Eva volvió a gritar.
—Joderrrrrrrrrrr ¡pero que bueno que esta el McConaughey! Ay Dios qué guapo está con ese
esmoquin. No me digáis que ese tío no es sexy.
El resto de las mujeres asintieron.
—Todo tuyo hija. A mi me gusta más Colin Firth. Es más madurito, vamos como a mi me gustan —
murmuró Irene,
Damián, que junto con los hombres se divertía con los comentarios que aquellas hacían, al escuchar a
Eva y verla tan emocionada mirando la pantalla dijo:
—Bah… el macnosequé, tampoco es para tanto. Por cierto ¿no tiene nombre de hamburguesa?
Al escuchar aquello, la joven le miró y, tras darle un repaso de arriba abajo con un gesto devastador,
susurró:
—Ya quisieras tú parecerte a él aun siendo una hamburguesa.
—Perdona guapa, pero ya quisiera él parecerse a mi. Y te recuerdo que yo soy de Ávila, como los
chuletones —respondió aquel, ganándose varias palmaditas en la espalda de algunos hombres.
—Si es que es pá darle —se quejó Eva al verle sonreír.
—Eva María ¡ni caso! —replicó Irene.
—No empecemos Eva… No empecemos —sonrió Almudena.
—Pero ¿cuándo salen el gorrioncillo y Tomi? —insistió el abuelo Goyo con curiosidad.
Irene le rogó con la mirada a su hermana Eva que no discutiera con Damián, algo prácticamente
imposible, pues era verse y chocar como dos trenes a alta velocidad. Después miro en dirección al
anciano y 1c respondió.
—Abuelo Goyo, timen que llegar de un momento a otro. No te impacientes.
—¿Te dijo Tomi o Noe qué vestido llevaría para los Oscar? —preguntó curiosa Almudena—. Seguro
que grandes firmas como Calvin Klein, Dior o Marchesa estarían como locos por verla desfilar con su
precioso vestido.
—Seguro que se pone un Dior —asintió Menchu—. Noelia tiene cuerpo para ponerse eso y lo que
quiera.
—Almu, Tomi no me dijo nada —respondió Eva y, bajando la voz para que Juan no la escuchara,
murmuró—: Solo me dijo que intentara que el Xman viera la gala.
Al decir aquello todos se miraron entre sí y resoplaron. Juan no lo iba a poner fácil. Mientras tanto
aquel, ajeno al plan que urdía el grupo, trasteaba en su garaje mientras escuchaba a los AC/DC.
—¿Y cómo hacemos para que se siente y la vea? —preguntó Irene.
—Tranquilas, preciosas —sonrió Lucas—. Para eso estamos nosotros aquí.
Todas sonrieron cuando de pronto Eva gritó:
—Ahí está Noeliaaaaaaaaaa. ¡Qué guapaaaaaaaaaaaaaaaa!
Desde el garaje, Juan escuchó el grito de su hermana y la herramienta que tenía en sus manos se le
escurrió y cayó con gran estrepito al suelo. Durante unos segundos, intentó luchar contra la tentación de
asomarse por la puerta y mirar el televisor, pero al final el deseo le venció y se acercó a la puerta para
mirar. Allí estaba ella, tan guapa como siempre, con su espléndido pelo rubio recogido en un moño
italiano y sus inquietantes ojos azules sonriendo mientras saludaba a otros actores.
—Ay mi gorrioncito que hermoso está. Es la más lustrosa de todas y Tomi, con ese traje rojo o
encarnao o como él quiera llamarlo va mu relindo también —aplaudió el abuelo Goyo encantado de la
vida. Durante un rato, las cámaras de televisión siguieron los pasos de estos dos, en especial los de Estela
Ponce que era una de las posibles premiadas de la noche.
—Ay churrí —gritó Laura emocionada—. Esta saludando a Vin Diesel.
—Si cielo ya lo veo —sonrió Carlos al escuchar a su histérica mujer.
De pronto, Eva miró a su hermana Almudena y preguntó:
—Pero el vestido que lleva Noelia ¿no es el que se compró en la tienda de Alicia? ¿El de las
plumas?
Pero no le dio tiempo a contestar. El móvil de Almudena sonó y una alucinada Alicia gritaba como
una posesa que el vestido que llevaba Noelia en la gala de los Oscar había sido diseñado y
confeccionado ella.
—¡Qué fuerte! ¿Se ha puesto el vestido de Alicia? —gritó encantada Irene.
—Como diría Tomi, esta lady es lo más —se carcajeó Menchu.
Dos segundos después Noelia, junto a un guapísimo Tomi, se acercaron hasta los reporteros de
televisión que les reclamaban, y tras contestar a algunas preguntas en inglés, un reportero le preguntó algo
en español y ella contestó:
—Este bonito vestido es un diseño exclusivo de la maravillosa Alicia Domínguez. Una estupenda
diseñadora española que tuve el placer de conocer cuando estuve en España, y que estoy segura que
pronto dará mucho que hablar. De hecho Annette Bening ya me ha pedido su teléfono.
—Ay madre… Alicia tómate una tilita que la necesitas. Mañana hablamos —susurró Almudena antes
de colgar.
Juan, incapaz de dejar de mirar la pantalla, siguió todos los movimientos de Noelia. Le encantaba
cómo aquella preciosa mujer sonreía y eso le hizo que el corazón comenzara a latirle con fuerza. Pero
cerró los ojos y volvió a lo que estaba haciendo. ¿Qué hacía mirándola? No debía martirizarse con algo
que no podía ser.
Tras más de una hora y media en la que desde la casa de Juan piropearon a todos los actores que
entraban en el teatro Kodak, la gala comenzó. Expectantes como nunca en su vida, ninguno quito el ojo de
la pantalla, y cuando anunciaron que en unos minutos iban a abrir el sobre que desvelaba el gran secreto
que todos esperaban, sin dudarlo Carlos, Lucas y Damián se dirigieron con paso firme al garaje, cogieron
a su amigo Juan entre los tres, y sin importarle los puñetazos ni las blasfemias que aquel soltaba le
sentaron frente al televisor.
—Queréis soltarme, joder —gruñó aquel.
—Ni lo sueñes —rio Carlos poniéndole unas esposas que lo sujetaban al butacón.
—Juanito, hermoso deja de moverte así o te cepillaras el butacón —dijo el abuelo Goyo con mofa.
Aturdido, explotó malhumorado:
—¡Os juro que esta me la vais a pagar! Papá —gritó—, haz el favor de decirles a estos idiotas que
me suelten.
Manuel, al escuchar aquello, se dio la vuelta, cogió el plato de croquetas y preguntó:
—¿Quién quiere una croqueta?
—¡Papá! —vociferó incrédulo.
Como si de una comedia absurda se tratara todos gritaron mientras cogían lo que Manuel les ofrecía y
cuando por fin callaron Juan gritó:
—Venís a mi casa, os entrometéis en mi vida y encima tengo que soportar que me hagáis esto.
—Anda Juan, cierra el pico —se quejó Eva—, Solo queremos que veas con nosotros si Noelia gana
el Oscar o no. Al fin y al cabo la conocimos gracias a ti.
—Lucas, maldito cabrón ¡Suéltame!
—No divine —se mofó aquel—. Esta es mi venganza por levantarme a esa preciosidad.
—Pero ¿tú estás tonto? —voceó Juan. Y mirando a Damián insistió—: ¡Suéltame tú!
—Lo siento colega. Si lo hago Mariliendre y el churri luego no me ajuntaran. —Al decir aquello,
Eva le miró divertida y le guiñó un ojo.
—¡Joder! Esta me la pagáis —soltó Juan desesperado Justo antes de que su hermana Eva le pegara
algo en la boca.
Incrédulo, comprobó que un trozo de cinta americana le bloqueaba de pronto la boca. Ya no podía
gritar.—
Tomi me dijo que con esto no escucharíamos tus maldiciones —dijo Eva encogiéndose de
hombros.
—Psss a callar hermoso que van a decir si nuestra muchacha ha ganado o no —exigió el abuelo Goyo
levantando su bastón nuevo.
Convencido de que nada podía hacer rumió sus blasfemias, mientras todos los demás sonreían y
cruzaban los dedos a la espera de que abrieran el sobre y dieran el nombre de la ganadora al Oscar como
mejor actriz.
De detrás del decorado salieron George Clooney y Sharon Stone y tras dar entrada al video de
presentación de las nominadas, George, tan guapo y sonriente como siempre, abrió el sobre, sonrió y se
lo pasó a Sharon que dijo:
—And the winner is… Estela Ponce.
Al escuchar aquello, la locura reinó en casa de Juan. Todos saltaban, aplaudían y reían como cuando
España ganó los mundiales de futbol, mientras Juan esposado en la butaca ni les veía. Solo podía mirar la
pantalla de televisión, donde el realizador del programa se centró en la emocionada y llorosa ganadora
abrazada a su primo Tomi. Sin poder demostrar su orgullo, Juan la vio saludar hecha un manojo de
nervios a todos los que estaban sentados a su lado. Entre ellos reconoció a su padre, el gran Steven Rice.
Ella le dio un rápido beso en la mejilla y este sonrió. Un minuto después, la flamante ganadora del Oscar
a la mejor actriz, con su impresionante vestido de plumas negro subió al escenario en busca de su premio.
—¡Callaos leches! que va a hablar el gorrioncillo.
—Sube el volumen —pidió Manuel y arrancando de un tirón la cinta de la boca de su hijo le dijo—:
Juan tradúcenos todo lo que diga.
Durante unos segundos, Noelia habló en inglés y Juan hipnotizado comenzó a traducir. Entre lágrimas
y risas Noelia dio las gracias al director de la película por darle le oportunidad de interpretar aquel
papel, a sus compañeros, a todo el equipo y a su padre. Las cámaras de televisión enfocaron Steven Rice
quien asintió y sonrió tras su fría estampa. Las cámaras volvieron a enfocar a la emocionada ganadora y
esta, buscando la que tenia encendido el piloto rojo, la miro y, en perfecto español, dijo sin importarle
las personas que estaban a su alrededor:
—Este premio también se lo quiero dedicar a una maravillosa familia que conocí en un encantador
pueblecito de España, llamado Sigüenza…
Al escuchar aquellos todos aplaudieron y Almudena divertida soltó:
—Aisss ya no solo conocerán Alcobendas por Penélope. Ahora gracias a nuestra Noelia medio
planeta sabe que existe un pueblo en España llamado Sigüenza.
—Psss calla que sigue… —apremió Irene emocionada, mientras Noelia decía.
—Gracias a todos vosotros por ser como sois y haberme demostrado el cariño que me tenéis. Quiero
que sepáis que os voy a querer hoy, mañana y siempre a todos —recalcó aquella última palabra con los
ojos llorosos mientras la gente aplaudía—. Soy actriz. Me enorgullezco de ser actriz. Me gusta
interpretar distintos papeles para hacer llorar, reír, emocionar, en definitiva, hacer soñar. Y aunque suene
a utopía lo que voy a decir, me gustaría que alguna vez mi vida tuviera un final de película y ser yo la que
soñara. —El público aplaudió y ella mirando a cámara añadió—: Aunque si les soy sincera una vez soñé.
Conocí a un hombre especial, maravilloso e inolvidable que con sus miradas y su cariño consiguió que lo
irreal se volviera real y que lo impensable, durante un corto espacio de tiempo fuera perfecto,
maravilloso y posible. Gracias a él, atesoro en mi corazón bonitos recuerdos que nunca, nunca olvidaré.
Dichas esas palabras, la actriz, tremendamente emocionada dejó de mirar a la cámara, sonrió a todos
los presentes del teatro Kodak y desapareció tras el decorado en medio de una clamorosa ovación.
En ese momento, todos, incluida la propia Senda, miraron con detenimiento a Juan que continuaba
con la mirada fija en el televisor, alucinado y pasmado. Lo que aquella mujer acababa de hacer era la
mayor muestra publica de amor que había visto nunca y el protagonista ¡era el!
Vaya… pensó aturdido.
—Juanito hermoso reacciona —gritó el abuelo Goyo—. Que el gorrioncillo te quiere. O como dicen
en su tierra teaisloviu.
—Ay Dios… que momentazo —suspiró Menchu todavía sorprendida.
—… momentazo pero de los que se recordaran toda la vida —asintió Eva boquiabierta, consciente
de que la prensa estaría a las puertas de la casa de su hermano en pocas horas.
—En vivo y en directo ha declaro su amor hacia ti ¡qué bonito! Y qué románticooooooo —añadió
Irene.
Emocionada por lo que acababan de presenciar Almudena miró a su hermano y dijo.
—Juan, ella te quiere por quien eres. El resto no le importa. Solo le importas tú. ¿No te das cuenta?
Laura abrazándose a su marido Carlos le miró amorosa.
—Ay churri ¿tú me quieres tanto?
—Más… tesoro. Yo te quiero más —respondió encantado.
Lucas, que estaba tan sorprendido como el resto, al escuchar los comentarios romanticones de las
féminas las miró y dijo:
—Mira que os gustan estas gilipolleces románticas a las mujeres.
—Ni que lo digas —asintió Damián divertido observando la cara de tontorrona de Eva.
La cabeza de Juan no paraba de dar vueltas mientras intentaba centrarse en lo ocurrido. Noelia, su
Noelia, le acababa de hacer una declaración de amor en toda regla sin importarle absolutamente nada.
Solo él.
—Esta muchacha nunca dejará de sorprenderme —rio Manuel emocionado por lo que aquella
jovencita había hecho ante medio mundo y en especial, al ver a su hijo tan bloqueado.
—Joder… ¡pero que suerte tiene este tío feo! —se mofó Lucas—. Si no hubiera sido por ti, estoy casi
seguro que ella hubiera hecho eso por mi.
—Mariliendre no alucines, que tú no eres él —se mofó Carlos.
—¡Soltadme! —consiguió decir Juan.
—Vale —asintió Eva— Pero antes de que la líes parda déjame decirte que lo único que queríamos
era que vieras lo que has visto porque tenías que verlo. Ayer cuando hablé con Tomi me dijo que…
—Soltadme ya —repitió lentamente.
—Oye Juan —dijo Irene al ver el gesto de su hermano—. Haz el favor de comportarte y no liarte a
guantazos con ninguno de los presentes o te juro…
—¡Soltadme de una puñetera vez! —insistió con voz grave.
Al escuchar aquel tono de voz, Manuel retiró a sus hijas hacia atrás, se encaró a él y dijo:
—Ahora mismo Juan, pero tranquilito eh…
—Papá estoy muy tranquilito —asintió este.
Lucas, Damián y Carlos se agruparon dispuestos a defenderse de su ataque. Su mirada lo decía todo.
Aquella mirada oscura delataba enfado y brutalidad. Entonces Carlos le tiró a Manuel la llave con la que
abrir las esposas, y este procedió. Dos segundos después, ya liberado, Juan se levantó, anduvo hacia sus
compañeros y dijo con voz áspera:
—Esta os la guardo a los tres.
—¡Qué emoción! —se guaseó Carlos.
—Uisss ¡qué nervios! —murmuró Damián.
—Acojonado estoy —se mofó Lucas ganándose una seria mirada por parte de todas las mujeres.
—¿Pero estáis gilipollas o qué? —vociferó aquel al escucharles.
—Ay Juanito no te pongas así, hermoso —murmuró el abuelo Goyo.
—Juan… Juan… —dijo Almudena interponiéndose entre aquellos titanes y su hermano—, no te
enfades con ellos porque fuimos nosotras quienes les obligamos a que te cogieran por la fuerza y te
esposaran al butacón.
Al escucharla, la miró y apartándola hacia un lado, se acercó intimidatoriamente a Carlos, que no se
movió ni un ápice, y a un palmo de su cara murmuro:
—Churri, vete comprando la pamela porque la vas a necesitar.
Carlos, al ver sonreír a su amigo, le abrazó. Por fin había quitado el freno de mano. Todos a su
alrededor más relajados comenzaron a reír y Juan con las pulsaciones a mil, miró a su hermana Eva y
dijo:—
Necesito dos cosas, urgentemente.
—A sus órdenes. Usted dirá Xman — se mofó está cuadrándose delante de él.
—La primera: búscame en tu maravilloso portátil nuevo, un billete de avión para Los Angeles.
Todos aplaudieron.
—¿Y la segunda? —preguntó Eva emocionada.
—Que me des el teléfono móvil de Tomi. Tengo que hablar con él —y mirándoles a todos sentenció
—: Me voy a por Noelia para traerla a su casa.
—¡Olé por mi nieto! —gritó el abuelo Goyo encantado.
—Así se habla muchacho —aplaudió Manuel mientras todos alborozados sonreían. Juan, por primera
vez en varios meses, volvía a sentir que le latía el corazón de emoción.
63
internacional de Los Angeles, más conocido como LAX. Una vez recogió su pequeña maleta, usó sus
contactos como policía y logró salir por un lateral del aeropuerto para esquivar a la posible prensa. Su
hermana ya le había avisado que a las puertas de su casa ya había más de una docena reporteros y en
aquel aeropuerto también era muy posible que hubiera prensa. Cansado pero feliz, llamó a Tomi para
indicarle dónde podía recogerle. Cuando este por fin llegó, gritó al verle:
—Por el amor de Diorrrrrrrr el Xman de mis más morbosos sueños ya está aquí.
Emocionados, se fundieron en un candoroso abrazo:
—Te he echado de menos Tomi.
—¿Qué me estás contando divine mío?
—Lo que oyes —sonrió Juan.
Encantado por aquel comentario, el joven se acercó a él y le guiñó un ojo, arrancándole una
carcajada.
—A mi no me digas eso que rápidamente me emociono my love. Y mi crazy cabecita comienza a
pensar en que viniste por mí y no por ella.
—Siento decepcionarte pero…
—Lo sé… lo sé… no seas cruel —río aquel.
Entre bromas se encaminaron hacia el coche con el que Tomi había venido a recogerle.
—Menos mal que has venido para solucionar esto de una vez por todas. Si llegas a tardar más creo
que hubiera salido en el New York Times por asesinato —le dijo Tomi colgándose de su brazo.
—¿Por qué?
—Noelia se ha vuelto loca.
—¡¿Loca?! —preguntó preocupado.
—No para de comer galletas Oreo, escuchar la horrorosa música que a ti te gusta y encima ha
engordado dos kilos. ¡Dos!
—¿Y eso es malo? —rio Juan divertido al imaginarla escuchando a AC/DC.
—¡Es terrible! Mi queen no debe continuar comiendo así. Y tras ganar ayer el Oscar ¡ya ni te cuento
cómo llora!
—No te preocupes, yo haré que deje de llorar.
—¡¿Cómo no me voy a preocupar?!… ella es mi vida,
—Y la mía Tomi… y la mía —asintió Juan emocionándole.
Sin tiempo que perder, llegaron hasta un reluciente Porsche rojo y tras meter su pequeña maleta en el
pequeño maletero Juan murmuró:
—Joder macho ¿este pedazo de cochazo es tuyo?
—Uiss… me encanta lo de macho. Me hace sentir fuerte y poderoso —se mofó y tirándole las llaves
aclaró—: En cuanto al coche es de la queen y toma, conduce tú.
—Sin problema —asintió encantado y tras montarse murmuró—. Bueno, indícame donde está y
vayamos a verla.
Tomi, con cara de circunstancias, le miró, se toco el pelo, después se alisó el pantalón blanco y tras
quitarle una pelusilla a Juan de la camisa oscura dijo:
—A ver my love, como te explico yo esto sin que parezca terrible. —Juan frunció el ceño y este
prosiguió—. Ella ha estado muy triste desde que regresamos primero de Spain y luego de Tokio y ¡oh my
God! solo comía galletas Oreo…
—¿Dónde está? —exigió Juan al notar como aquel daba rodeos.
—A estas horas, y como anoche ganó el Oscar, debe estar en una fiesta en casa del guapísimo
Anthony Wellinford y…
—¡¿Y?!
—Pues que el bellezón de Anthony bebe los vientos por ella y al aceptar mi queen su invitación,
estoy seguro de que intentará algo más que una copa y… —al ver que Juan daba un golpe al volante Tomi
gritó—. A ver Xman ¿qué esperabas? que guardara luto por ti toda su life. Además, tú no querías que yo
le dijera que venias.
Arrancando el coche, Juan lo miró y dijo en tono tenso:
—Guíame hasta la casa de ese Anthony.
En su alocada carrera por llegar a aquel lugar Tomi no paró de parlotear, pero a excepción de las
indicaciones que aquel le daba, Juan no escuchaba más. Solo quería llegar hasta ella, mirarla y saber que
todo se podría solucionar. Cuando aparcaron, el coche frente a una preciosa casa en Beverly Hills Juan
se bajó y siguió a Tomi hasta la entrada con determinación.
En el interior de aquel lujoso hogar, cientos de personas reían y bailaban al son de la música. Avanzó
entre la multitud en busca de ella, pero no la vio. Se cruzó con varias parejas que, sin ningún tipo de
pudor, se besaban desaforadamente sobre unos sillones de cuero blanco, eso le preocupó. Imaginarse a
Noelia en aquella situación con el tal Anthony hizo que su mandíbula se tensara y maldijera.
Al llegar a un lateral del salón barrió con la mirada la estancia y, cuando la localizó, se le cortó la
respiración. Allí estaba ella. Vestida con un sensual vestido rojo, con una abertura lateral que le llegaba
hasta su torneado muslo por donde se podía admirar su estilizada y larga pierna. Sin ser consciente de
que era observada, Noelia sonrió a un joven moreno y le invitó a bailar. Segundos después, ella movía
sus caderas al ritmo de la música.
Tomi, al ver como Juan maldecía y tensaba la mandíbula le agarró del brazo.
—Vamos a ver Xman. Ella cree que tú no quieres saber nada de ella. ¿Qué esperabas?
Sin quitarle la vista de encima, Juan suspiró. Tomi tenía razón. Él había sido cruel con ella y era
normal que intentara rehacer su vida. Pero una cosa era que lo intentara y otra que él fuera testigo de
cómo aquel imbécil con cara niño le besaba el cuello allí mismo sin que él hiciera nada por evitarlo.
Deseó ir hasta ella. Llevársela con premura a algún sitio donde pudieran estar a solas, arrancarle
aquel vestido rojo y hacerle con verdadera pasión el amor. Así estuvo cinco mi nulos hasta que ya no
pudo mas y a codazos, se abrió camino hasta ella, que al verle aparecer se quedó paralizada y blanca
como la cera. ¿Qué hacía Juan allí?
Sin dejarla decir nada, y a sabiendas de que no debía hacerlo, Juan la atrajo hasta él y la besó
reclamando su boca con urgencia y pasión. Aquel beso y su vehemencia dejaron a Noelia sin fuerzas y
cuando sintió que él se separaba unos milímetros aprovechó para empujarle y gritar.
—¿Qué estás haciendo? —al ver que él no respondía se puso las manos en las caderas y al ver a su
primo gritó—: ¿Por qué le has traído aquí?
—Aisss queen no te enfades. Él me pidió verte y yo no pude decir que noooo.
Bloqueado todavía por lo que había sentido al devorarle la boca, Juan la cogió del brazo y, dando un
tirón de ella, dijo:
—Vámonos. Tengo que hablar contigo.
Incrédula, se soltó de su mano y vociferó al sentir que Anthony se acercaba a ella por detrás:
—No… yo no tengo nada que hablar contigo.
Ver como aquel tipo con cara de niño posaba sus manos sobre la cintura de Noelia hizo que a Juan le
subiera la rabia hasta el pecho.
—Tú y yo tenemos que hablar. Ven conmigo.
Anthony, al escuchar aquello, se interpuso entre los dos dejando a Noelia a su espalda y encarándose
a Juan.
—Esta es mi casa y yo no te he invitado. Por lo tanto, o sales tú solo o haré que te echen.
—Noelia ven conmigo —exigió aquel.
—Ella no va a ir a ningún sitio. Está conmigo y no va a moverse de aquí ¿entendido? —siseó el
guaperas acercándose a aquel más de lo normal.
Juan no le escuchó. Intentaba contactar con los ojos de Noelia, algo que ella no le permitía y al sentir
sobre su hombro la mano de aquel guaperas, le dio rienda suelta a su furia.
Le lanzó un derechazo y milésimas de segundo después aquel estaba espatarrado en el suelo para
sorpresa de todos. Noelia se agacho a ayudar a Anthony y tras comprobar que estaba bien le dio un
empujón a Juan y gritó:
—Fuera de aquí. Fuera de mi vida. No quiero saber nada de ti. No me interesan las personas como tú
¿pero tú que te has creído? ¿Que eres indispensable en mi vida? ¿Acaso crees que puedes entrar y salir a
tu antojo? —Sentir su oscura mirada se le resecó la boca y finalmente murmuró—: Tú y yo ya no tenemos
nada que ver. Todo quedó claro en tu último mensaje. ¡Vete!
Sabía que se merecía aquel golpe bajo pero incapaz de dar su brazo a torcer insistió:
—Tengo que hablar contigo cielo. Dame un segundo, solo un…
—No. No voy a darte ni un segundo más de mi tiempo porque no te lo mereces. —Y, mirando a su
aturdido primo, gritó—: Tomi, sácalo de aquí si no quieres que llame a seguridad y se meta en un buen
lío.
Juan intentó zafarse de la mano de Tomi, pero al ver que ella se daba la vuelta y comenzaba a atender
al joven al que él había golpeado se sintió mal. No solo por lo que había hecho, si no por cómo Noelia le
había hablado. Finalmente, al ver como todo el mundo en la fiesta le miraba, decidió desaparecer de allí
sin mirar atrás. Lo que no pudo ver fueron los ojos de Noelia plagados de lágrimas.
64
mientras miraba por la ventana. Eran las cuatro de la tarde, no había pegado ojo y estaba cansado, pero
su cabeza no le dejaba descansar. Pensó en coger el primer avión de regreso a España, pero algo en él no
le permitía rendirse. Tenía que volver a intentarlo y cuando Tomi entró por la puerta de la calle le miró y
preguntó:
—¿La has visto?
El joven se sirvió un café, se sentó frente a él y resopló.
—Sí… y le he prometido que te metería en el primer avión con destino a Spain.
—Sabes que eso no va a ser posible ¿verdad?
Tras dar un sorbo a su café y poner los ojos en blanco Tomi con un gracioso gesto murmuró:
—No esperaba menos de ti divine.
Por primera vez desde la noche anterior Juan sonrió.
—Ella está en su house viendo por vigésima vez West Side Story.
—¿Viendo qué? —preguntó sorprendido Juan.
—West Side Story —y al ver su cara aclaró—: Conoces esa película ¿verdad?
Juan suspiró y negó con la cabeza. No la conocía pero sí recordaba haber oído a Noelia hablar sobre
aquella película.
—Oh my God. Esto sí que es terrible, mira que no conocer una de las maravillas del cine americano.
Imperdonable.
—Lo siento, pero el cine no es lo mío —se disculpó Juan—. ¿Que tiene de especial esa película para
que ella la vea tantas voces?
—Es la película que se pone siempre que está triste o deprimida, es la historia de Romeo y Julieta
pero entre estadounidenses de origen irlandés e inmigrantes puertorriqueños. Los Sharks contra los jets.
Un amor imposible que termina en tragedia como en el argumento de Willian Skakespeare. ¿De verdad
que no sabes de qué hablo?
—Pues no —insistió juan.
Tomi incapaz de creer que no supiera sobre lo que hablaba comenzó a cantar:
I like to be in AMERICA!
Okay by me in AMERICA!
Everything free in AMERICA!
For a small fee in AMERICAAAAAA!
—¿En serio que nunca has oído this canción?
Juan asintió. Si que había oído esa canción. Ya sabía a que película se refería y mirándole preguntó
conteniendo el aliento.
—¿Regresó sola a casa anoche?
—Sí my love —Juan respiró—. Según me ha contado mi amigo Lionel que estaba en la fiesta, cuando
nos fuimos nosotros ella se también se marchó… sola y very… very enfadada. Y yo que vengo de su casa
he comprobado que ha dado unos días libres al servicio para poder estar tranquila y llorar por las
esquinas sin que nadie la vea. Oh my God cuanto sufre mi queen.
Aquella información hizo que Juan suspirara aliviado. El saber que había regresado a casa sola, sin
aquel guaperas le reconfortó, pero sabedor de que ella no se lo pondría fácil miró al Tomi y añadió:
—Solo dime una cosa más.
—¿El qué?
—Lo que dijo el otro día en los Oscar ¿es verdad?
Emocionado por recordar aquel momento, Tomi gimió y tras retener el temblor de su barbilla
respondió.
—Te quiere más que a su life…
Segundos después y guiado por Tomi, un desafiante Juan fue en busca de su vida. De Noelia.
65
En el interior de la preciosa casa de la actriz Estela Ponce, el silencio reinaba y solo era roto por la
banda sonora de la película West Side Story.
Tumbada en su enorme sofá del salón y vestida con un pijama blanco Noelia, a oscuras, veía aquella
maravillosa película mientras comía galletas Oreo y lloraba a moco tendido. Tanto la el tema que
Leonard Bernstein creó para esa película como la historia de la misma siempre la habían cautivado.
Sobre la mesita de centro que tenía enfrente había cinco cosas: una caja de Kleenex, su Oscar, una
bolsa enorme de galletas Oreo casi vacía, una botella de agua y un vaso. Alargando la mano cogió un
Kleenex y se sonó la nariz. Después dio un trago de agua y, finalmente, y ante nuevos sollozos
provocados al ver a María, la prota de la película, sufrir, cogió una galleta Oreo la mordisqueó y
gimoteó:
—Ay Dios… que ya vas a morir… que vas a morirrrrrrrrrrr.
Tomi y Juan que habían entrado sin hacer mido por la puerta de la cocina, llegaron hasta el salón sin
que ella notase su presencia.
—Por el amor de mi life. La está viendo otra vez —murmuró Tomi.
Juan apenas miraba la pantalla. Solo quería ver a Noelia, ya que en ese momento solo podía escuchar
su voz.
—Yo me voy. Os dejo solos —cuchicheó Tomi y tendiéndole algo dijo—: Toma lo que me pediste y
ahora como diría el abuelo Goyo ¡Suerte y al toro!
Tras enseñarle los pulgares de ambas manos en señal de buena suerte, el joven se marchó por donde
había llegado. Durante más de diez minutos Juan estuvo escondido entre las sombras sin saber qué decir,
ni qué hacer. Había pensado lanías cosas durante aquellas ultimas horas, que cuando llegó el momento de
expresarlas apenas si podía reaccionar. De pronto la observó levantarse y dirigirse hacia una mesa
grande de donde cogió un nuevo paquete de galletas. El corazón le comenzó a palpitar con fuerza.
Escondido en la oscuridad la vio moverse por el salón a oscuras hasta que se sentó despreocupadamente
sobre el respaldo del sillón.
—Oh Dios… no quiero verlo… no quiero verlooooooooo.
Confundido por lo que ella decía y por la intensidad de la música, la vio escurrirse por el respaldo
del sillón y en el momento álgido de la película gritar entre sollozos:
—¿Por qué te tienes que morirrrrrrrr? ¿Por quéeeeeeeee?
Asustado por sus sollozos, Juan salió de las sombras dispuesto a consolarla. Ella al sentir una
presencia se asustó, se levantó a oscuras, cogió la botella de cristal y la lanzó contra su oponente. Se
escuchó un golpe, una blasfemia y el cristal caer al suelo y hacerse añicos. Sin perder un segundo, la
joven lanzó también el vaso y cuando iba a tirar el Oscar escuchó:
—¡Canija… para que soy yo!
Esa palabra. Esa voz, le hicieron parar de golpe. Se agachó y cogió un mando. Presionó un botón y se
quedó sin palabras al encenderse la luz y descubrir que quien estaba ante ella empapado de agua era él,
tan impresionantemente atractivo como siempre.
Deseo correr hacia él y abrazarle, pero sus pies parecían clavados al suelo. Todavía recordaba lo
que había sucedido la noche anterior en casa de Anthony, y las terribles cosas que él le dejó en el
contestador de su móvil y eso no pensaba perdonárselo. Sin dejar de mirarle, agarró el Oscar con
seguridad entre sus manos y se puso tras el sillón para mantener las distancias con él.
—¿Cómo has entrado?
—Cielo… escúchame.
—¿Qué haces aquí? Le dije a Tomi que no quería verle ¡Fuera de mi casa! —gritó con gesto hosco.
Juan, que gracias a la luz por fin podía ver el rostro de Noelia, sintió deseos de abrazarla, estaba
preciosa con aquel pijama, el pelo desgreñado y la boca sucia de migas de las galletas Oreo. Pero su
actitud combativa y la tensión que reflejaban sus movimientos le indicaron cautela.
—Lo primero de todo cielo, baja el Oscar y…
—¡No me llames cielo! Ni canija… ni nada —vociferó muy enfadada.
—Vale… de acuerdo —asintió acercándose a ella despacio.
—No quiero que estés aquí. No quiero verte. No quiero necesitarte. No quiero quererte. Solo quiero
que te vayas y desaparezcas por dónde has venido o te juro que lo vas a lamentar.
—Lo siento, pero no puedo hacer nada de eso, porque he venido a por ti.
—¿A por mi? ¿Te has vuelto loco?
Juan sonrió y al ver como ella resoplaba asintió y dijo:
—Sí… estoy completamente loco por ti.
Con el corazón latiéndole con fuerza, Noelia intentó centrarse. Ante ella estaba el hombre al que
amaba, pero que también le había partido el corazón con sus palabras, y cambiando el peso de un pie al
otro gritó:
—¡Me dejaste muy claro lo que sentías hacía mi! En tu mensaje me dijiste que me odiabas. Que yo
era la peor persona del mundo. Me dijiste que…
—Siento todo lo que dije. Me arrepiento de haberte enviado ese maldito mensaje cuando lo que
realmente tenía que haber dicho era que te quería. Que volvieras conmigo. Que no podía vivir sin ti, que
el único problema en nuestra relación era yo con mis continuos miedos hacia ti y tu profesión, —al ver
que ella bajaba el Oscar continuó—: Esperé tu llamada. Tu respuesta. Tu enfado. Tú siempre te jactas de
decir la última palabra ¿Por qué no me llamaste? ¿Por qué no me insultaste? ¿Por qué?
—Porque no quería hacerte más daño del que ya te había hecho Juan —gimió cogiendo un kleenex de
la mesa— …por eso no te llamé.
—Sé que las cosas que me dijiste aquel día no las sentías. Lo hiciste para que yo te odiara y me
alejara de ti ¿verdad?
Ella no respondió y el insistió:
—La mujer que yo conocí, nunca me hubiera dicho que yo no podría seguir su ritmo de vida porque
nunca ha sido una clasista. La mujer que yo conocí no tenía enamoramientos caprichosos porque ama de
verdad y selecciona muy bien a quien querer. Pero tú, como buena actriz, dentro de mi furia aquel día
conseguiste engañarme. La mujer que habló y dijo cosas terribles fue Estela Ponce. Escondiste a Noelia y
su sensibilidad y me diste lo que yo, en cierto modo, me merecía escuchar ¿verdad canija? Y por favor,
no me mientas.
Boquiabierta por escuchar aquello murmuró:
—Yo… yo te quería, te adoraba por ser como eras, por mirarme como me mirabas, por reírte
conmigo por lo mal que cocino, pero…
—Canija ven…
—No.
—Ven cielo…
—No —gruñó ella—. Hemos tenido dos oportunidades para darnos cuenta que lo nuestro no puede
funcionar. Somos demasiado diferentes. Nuestros mundos son demasiado dispares y… y… a mi me gusta
ser actriz, ¡quiero ser actriz! Tanto como a ti te gusta ser un geo español. Tú no soportas que yo bese a
otros por exigencias del guión, y yo no soporto que te juegues la vida cada vez que sales de casa y te
diriges a alguno de esos peligrosos operativos. Además, está la prensa y sus continuos cotilleos y…
—¿Y?
Sorprendida por aquella pregunta y cada vez más aturdida por cómo la miraba, se retiró su rubio pelo
de la cara y aclaró:
—Pues que yo no puedo ofrecerte lo que tú necesitas por que mi mundo está plagado de cámaras,
fotos, indiscreción, preguntas y…
—Ven cielo…
—No… escúchame —exigió ella—. Tú adoras tu anonimato, tu tranquilidad y yo no puedo darte eso.
La prensa, ellos…
—Les miraremos y les diremos eso de: ¿Y a ti que te un porta?
Noelia sonrió, pero segundos después cambio su gesto.
—Por favor vete. No lo hagas más difícil.
Pero Juan no se movió y clavando su oscura mirada en ella dijo.
—Vi la entrega de los Oscar y creí entender que sentías algo por mí.
Asombrada porque él hubiera escuchado su breve discurso, tragó el nudo de emociones que tenía
atascado en la gar ganta y cogiendo otro nuevo kleenex se sonó la nariz.
—¿Vista la entrega de premios? —él asintió y ella bajando sus defensas cerró los ojos y dijo—: Oh
Dios… soy patética ¡patética!
—Mi sueño eres tú —insistió acercándose a ella—, Y voy a luchar por ti, quieras o no. Y si hoy no
me crees, mañana te buscaré y volveré a decirte que te quiero para que te des cuenta que soy real y que
quiero hacer todos tus sueños realidad. Y si mañana sigues sin creerme, te seguiré como tú hiciste
conmigo en Sigüenza hasta que conseguiste que no pudiera vivir sin ti.
—No sé por qué dije aquello… —murmuró confundida por las cosas tan bonitas que Juan le decía—.
Estaba tan feliz por haber ganado el Oscar que… que se me fue la lengua como a Tomi y ¡oh Diosss!
Aquel descuido fue el que Juan aprovechó para acercarse a ella, quitarle el Oscar de las manos y
abrazarla. Sin tacones aún era más pequeña de lo que recordaba y al aspirar el perfume de su pelo y su
piel sonrió. Por primera vez en aquellos duros meses, su cuerpo sintió que estaba donde tenía que estar.
Con ella. Durante unos segundos permanecieron callados y abrazados.
—Escúchame, cielo —ella le miró—. En España se dice que a la tercera va la vencida y esta vez le
prometo que nada nos va a separar. Te quiero, me quieres y juntos vamos a encontrar la mejor opción
para que podamos vivir y ser felices desempeñando nuestros trabajos.
—Vaya…
—Si. Vaya. —sonrió mirándola.
Tras darle un rápido beso, se arrodilló ante ella y con un gesto que a la joven no se le olvidaría en su
vida, murmuró mientras le ataba en la muñeca una nueva cinta de cuero de todo incluido:
—Sé que he sido un idiota por no darme cuenta que tú siempre has sido Noelia conmigo y con los
míos —prosiguió él con seguridad—. Sé que la vida no es de color de rosa como tú en ocasiones te
empeñas en pintarla —ella sonrió—. Pero me he dado cuenta que tampoco es de color gris como yo
muchas veces me empeño en verla. Nunca he creído en el romanticismo, ni en el amor, ni en los finales
felices hasta que te conocí a ti, y tú, canija, desbarataste mi vida y yo me he enamorado de ti como un
loco.—
Ay Dios… —murmuró emocionada.
—Si me das la oportunidad de poder mostrarte cuánto te quiero y enmendar todos mis errores,
prometo que te voy a cuidar, te voy a mimar, voy a enfadarme contigo cuando dejes a Senda subir en la
cama, voy a besarte cada mañana y cada noche cuando regrese de trabajar, te voy a apoyar en tu carrera
como actriz y, sobre todo y ante todo, prometo hacerte tan feliz que nunca querrás separarte de mi.
Boquiabierta por aquella preciosa declaración de amor, sintió que él le ponía un anillo en un dedo.
Al ver de qué se trataba ella sonrió. Juan le había puesto el horroroso anillo de dados que diez años atrás
se pusieron ante un juez vestido de Elvis Presley en Las Vegas.
—¿De dónde los has sacado? —al ver que él sonreía, ella murmuró— … Tomi.
—Sí… gracias a él, he podido llegar a ti —y mirándola con auténtica adoración susurró—: Recordé
que me dijiste que guardabas estos anillos en un joyero de tu habitación corno tu seguro de vida —ella
sonrió—, y perdóname, pero tu seguro lo estoy utilizando yo para conquistarte de nuevo.
Conmovida, emocionada y más feliz que en toda su vida Noelia miró lo que él le había puesto en la
mano y susurro divertida:
—Es horrible. Mas feo no puede ser.
—Lo se preciosa, pero yo te compraré el que tú quieras.
—¡¿El que quiera?!
Al entender aquella mofa, Juan sonrió y dijo:
—Estrellita, empeñaré mi alma al diablo, si es necesario, para darle a la mujer que amo el anillo que
se merece. —Y aún con la rodilla clavada al suelo preguntó con voz ronca por la emoción—. ¿Quieres
casarte conmigo?
Con el corazón latiéndole a mil por hora y emocionada por aquel bonito final de película ella cerró
los ojos y respondió:
—Si, Xman. Por supuesto que quiero casarme contigo.
Epílogo
La vida, para el geo español y la actriz de Hollywood, nunca volvió a ser la que era. Cuando se
confirmó su romance la prensa se volvió loca. Todos querían información. Pero fue Eva, la hermana de
Juan, quien animada por los protagonistas de la historia, les hizo una entrevista con fotos y firmó la
exclusiva. Aquel magnífico reportaje, y ser la cuñada de una de las mujeres más queridas de Hollywood,
reportaron a Eva un buen trabajo en una agencia de noticias y mucha credibilidad.
La boda se celebró en julio, en la catedral de Santa María de Sigüenza, y esta vez la actriz sí que
pudo reservar todo el parador. Manuel, el abuelo Goyo, Tomi, las hermanas y los compañeros de Juan
estaban felices por el acontecimiento. Aquella era una verdadera boda por amor y eso era lo que
importaba.
En el parador se alojaron los invitados. Actores y directores venidos de todo el mundo saludaban a
las personas y a la prensa que copaba las calles a su paso. Solo faltaron Steven Rice y su mujer. Su
padre, por una vez en su vida, no se comportó como un hipócrita y se negó a acudir a una boda que no
aprobaba. Aquella noticia sorprendió a todo el mundo excepto a la novia, quien encogiéndose de
hombros, aceptó su negativa a acudir al evento. Así habían sido siempre las cosas con su avinagrado
padre y así lo seguirían siendo.
Tomi actuó como padrino de boda y Rocío, la sobrina de Juan, como madrina. Fue una boda
maravillosa donde lodos fueron felices e incluso comieron perdices, los novios estaban guapísimos y
Sigüenza, por unos días, se convirtió en la capital del mundo. El enlace entre la estrella de cine Estela
Ponce y el policía español, fue la gran noticia del año y copó todos los noticieros.
En septiembre, Noelia tuvo que marcharse a Los Angeles. Tenia una película que rodar y el trato era
que ambos continuarían con sus vidas y así lo hicieron. Pasó octubre, noviembre y con diciembre regresó
Noelia.
Juan, nervioso y deseoso por ver a su mujer, llegó al aeropuerto de Barajas acompañado por varios
de sus amigos. En aquel tiempo había aprendido cómo funcionaba la prensa y sabía que aquella mañana,
en el aeropuerto, necesitaría a sus colegas.
Durante la espera, rio con Lucas, Damián y Carlos, y aunque parecía relajado, por dentro estaba
como un flan. El hombre autosuficiente y que siempre había controlado su vida, se deshacía al pensar en
la joven que tenía que salir por aquella puerta de un momento a otro. La había añorado cada segundo del
día y de la noche y aunque había hablado con ella todos los días por teléfono o enviado cientos de
correos electrónicos, ella por fin iba a regresar a casa. Su casa.
Los periodistas, al ver a Juan llegar a la terminal 4, le rodearon y comenzaron con sus incesantes y a
veces impertinentes preguntas. Con paciencia, Lucas y los demás se los quitaron de encima al tiempo que
aprovechaban para ligar con alguna que otra reportera. Las preguntas seguían poniendo muy nervioso a
Juan. ¿Cómo podían ser tan indiscretos? Pero con humor y paciencia aguantó estoicamente el momento.
Por su mujer era capaz de soportar lo que fuera. Ella se lo merecía.
Emocionado por ver a su canija, portaba en su mano un bonito ramo de flores multicolores mientras
observaba con las pulsaciones a mil cómo la puerta de salida de pasajeros se abría y cerraba. Aquel
encuentro era muy especial, y solo los dos sabían el porqué. Con curiosidad disfrutó y observó como la
gente, al ver llegar a sus seres queridos, sonreía para luego abrazarse, algo que él estaba deseando de
hacer.
Diez minutos, después la puerta se abrió, y allí estaba ella.
Tan preciosa como siempre vestida con unos vaqueros, una camisa blanca y su bonito pelo cayéndole
sobre los hombros.
Sus miradas se encontraron y sin importarles los continuos flashes y los cientos de ojos que los
observaban, corrieron a su encuentro para besarse. Por fin… Durante unos segundos se besaron sin
hablarse, hasta que Juan separándose unos milímetros de ella murmuró.
—Hola canija. Te he echado mucho de menos.
—Hola cielo —sonrió ella feliz.
Sin separarse ni dejar de demostrar el amor que sentían a pesar de los cientos de flashes y de las
miradas indiscretas de todo aquel que reconocía a la actriz Estela Ponce, Juan preguntó entre susurros:
—¿Cómo está mi preciosa mujercita?
—Deseando verte —asintió encantada. Y, separándose de él, preguntó dándose una vuelta para que la
observara—: ¿Cómo me ves?
Recorriendo su cuerpo con verdadera pasión, Juan suspiró.
—Maravillosa —y tras abrazarla para deleite de los fotógrafos le murmuró al oído—. ¿Te encuentras
bien cariño?
Ella asintió. Hacía dos meses que sabía que estaba embarazada y nadie, a excepción de él, conocía la
noticia. Era su secreto y esperaban que así fuera durante algún tiempo más.
El barullo que se organizó a su alrededor era tremendo. Fotógrafos, pasajeros y periodistas
intentaban acercarse a ellos, a pesar de que Lucas, Damián y Carlos se lo impedían. Les protegían.
Tras muchos empujones y cientos de preguntas sobre sus vidas, caminaron hacia el aparcamiento
cogidos de la mano. El mundo no existía. Solo existían ellos dos y sus ganas de demostrarse su amor.
Cuando llegaron al aparcamiento, era tal la nube de periodistas que les rodeaban, que Noelia y
levantando la mano dijo mirando con una sonrisa a todos aquellos:
—De acuerdo… de acuerdo, contestaré a algunas preguntas. Pero recuerden, ni mi marido, ni sus
amigos responderán a nada de lo que se les pregunten por su trabajo ¿entendido?
—La artista es ella —añadió Lucas haciendo reír a todos.
Juan, tras soltarla a regañadientes de la mano, metió las maletas en el coche y antes de que
comenzaran a preguntar los periodistas, se acercó a ella y acercándose a su oído le preguntó.
—¿Estás segura cielo?
Ella asintió. Conocía cómo funcionaba aquello y lo mejor era responder a algunas preguntas y así
todos quedarían contentos.
—Estela ¿cuánto tiempo tiene pensado quedarse de nuevo en España?
—Varios meses. No sé si serán tres o siete… pero de momento voy a descansar. El rodaje de la
película de aventuras que acabo de terminar me ha dejado agotada —respondió con una preciosa sonrisa
que a Juan le hinchó de orgullo.
—La promoción de la película que acaba de rodar ¿es cierto que comenzará en España?
—Sí.
—¿Por qué? —insistió el reportero.
Encogiéndose de hombros sonrió y respondió:
—¿Y por qué no? Ahora vivo en España ¿por qué no comenzarla en este precioso país?
Los periodistas sonrieron por la respuesta.
—Hemos sabido que usted ha exigido a su representarte hacer menos películas al año ¿es cierto?
—Sí —asintió sorprendiendo a Juan—. Como máximo haré dos películas. El resto de mi tiempo se lo
quiero dedicar a mi marido y a su maravillosa familia, que ahora es también la mía.
Aquello dejó le boquiabierto. Cuando le había comunicado lo del embarazo él no lo había exigido
nada. Pero ella, una vez mas, había vuelto a sorprenderlo. Orgulloso y feliz por ver como aquella
pequeñaja manejaba las cámaras y sus respuestas sonrió y se apoyó en el coche.
—¿Es cierto que ha firmado con Miramax para hacer una película sobre la vida de la que fue primero
actriz y luego princesa, Grace Kelly?
—Oh sí. El rodaje comenzará a finales del año que viene y estoy muy emocionada con ese proyecto.
Así estuvieron durante más de quince minutos. Los periodistas preguntaban y la actriz Estela Ponce
escoltada por aquellos cuatro gigantes, a pesar del cansancio por el jet lag y el embarazo, respondía. Una
vez se dio por terminada aquella improvisada rueda de prensa, los cuatro hombres y la actriz se montaron
en el coche de Carlos mientras la prensa se alejaba.
—Hola, preciosa —saludó Lucas dándole un beso en la mejilla—. ¿Qué tal por esos mundos?
—Genial, pero ahora que estoy aquí con vosotros, mejor —sonrió saludando con cariño a aquellos
hombres que tanto la cuidaban y en especial cuidaban a su marido—. Por cierto Carlos, espero que no te
pongas nervioso, pero a tu churri le traigo recuerdos de Vin Diesel. Dice que se divirtió muchísimo con
ella en la boda y que espera volver a verla.
—Ese alucina. A ver si al final le voy a tener que sobar los morros —se mofó Carlos divertido.
—Por cierto ¿dónde está nuestro Tomi? ¿No venía contigo? —preguntó Damián.
Noelia soltando una risotada miró a los cuatro hombres que la observaban y soltó.
—Lo siento chicos, pero está en Hawaii con su Peterman.
—Por el amor de Diorrrr —se guaseó Lucas—, ¿Nos ha cambiado por ese inglés escuchimizao?
—Os manda muchos recuerdos y me ha dicho literalmente que os diga que muere por sus Xmen
preferidos pero que Peterman le hace vivir en las nubes y que mientras pueda no se quiere bajar.
Aquello provocó una risotada general. La amistad que Tomi había logrado con aquellos rudos
hombres era magnifica, y se demostraba en el cariño y en el respeto que se tenían. Juan, que hasta el
momento había permanecido callado, descoso de tener toda la atención de su mujer, la agarró de la
barbilla y susurró ante todos sin importarle.
—¿Te he dicho ya que estas preciosa y que te he echado mucho de menos cariño?
—Joderrrrrrrr qué pasteladaaaaaa —se mofó Lucas tapándose los ojos al escuchar aquello.
—Eso es amor Mariliendre —rio Carlos, y mirando al rudo de Lucas, señaló—: El día que llegue la
mujer que te descoloque la vida, ya verás, auguro que serás el más pasteloso de todos. Recuérdalo.
—Tú lo flipas hombre —se mofó aquel al escucharle.
Sin importarles las mofas, ni los comentarios de sus amigos, Juan atrajo a su mujer y volvió a besarla
con devoción. Llevaba meses deseando hacerlo y ahora que la tenía junto a él no pensaba reprimirse.
Damián que iba sentado en el asiento de atrás con ellos protestó divertido:
—Joder macho. Espera a llegar a tu casa para hacer eso. Que uno no es de piedra.
Una vez el coche se puso en marcha, entre risas y burradas, llegaron hasta el lugar donde Carlos
debía introducir el ticket para salir del parking. De nuevo los periodistas rodearon el coche.
—¿Pero qué les pasa otras vez a estos? —protestó Carlos.
Sorprendida por aquella nueva nube de periodistas, la joven actriz suspiró y, tras pedirle a su marido
un segundo con la mirada, le besó y bajó la ventanilla. Dos segundos después, uno de los periodistas
metió la alcachofa dentro del coche y preguntó:
—Nos acaba de decir un pasajero de su vuelo que la vio tomando hierro en las comidas ¿es posible
que esté embarazada?
Juan y Noelia se miraron y sonrieron. Aquel era su mundo a partir de ahora, y tras entenderse con la
mirada, ambos miraron al periodista y con una gran sonrisa respondieron justo en el momento en que la
valla del parking se abría y Carlos pisaba el acelerador:
¿Y a ti qué te importa?
FIN
GRACIAS MIS AMORES POR SEGUIR ESTA LECTURA
SÉ QUE HUBIERON DÍAS DONDE NO PUDE PUBLICARLA Y POR ELLO ME DISCULPO
AGRADEZCO ENORMEMENTE POR SUS COMENTARIOS Y ESPERO QUE EN NUESTRA SIGUIENTE LECTURA
LA CUAL ESPERO COMENZARLA EL LUNES 14...
GRACIAS, GRACIAS, GRACIAS
REALMENTE ESERO DE TODO CORAZÓN QUE LES HAYA GUSTADO
BESITOS
XOXO
JHULY