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jueves, 10 de abril de 2014

CLUB DE LECTURA - Y A TI QUE TE IMPORTA - ÚLTIMOS CAPÍTULOS Y EPÍLOGO


62

El veintisiete de febrero por la noche Juan estaba sentado cómodamente en su salón leyendo un libro
cuando sonó el timbre de la puerta de su casa. Sorprendido, miró el reloj. Las doce y cuarto de la noche.
Rápidamente se levantó y al coger el telefonillo escuchó:
—Abre Juan, somos nosotras.
AI escuchar aquello blasfemó ¿Qué hacían sus hermanas allí a esas horas? Pero apretando el botón
del portero abrió la verja y después la puerta, quedándose de piedra al ver aparecer a sus hermanas,
padre, abuelo, a Menchu y cuando creía que no podría ver entrar a más gente entró Carlos con su mujer,
Lucas y Damián.
Boquiabierto al verles llegar con bebidas, hielo y bolsas de patatas fritas preguntó:
—¿Pero qué se supone que estáis haciendo aquí?
—Venir a ver la gala de los Oscar —respondió Eva dejándole patidifuso.
—¡¿Cómo?! —bramó enfurecido.
Lo último que le apetecía ver en aquel instante era aquel absurdo programa.
—Lo que oyes Juan —replicó Irene—. Lolo se ha quedado con los niños en casa y tú eres el único
que tiene Canal Plus, a papá no le funciona.
Juan fue a decir algo cuando su amigo Carlos, tras darle un golpe en la espalda para llamar su
atención, dijo:
—Eso te pasa por tener el Plus, nenaza.
Divertido por el gesto adusto de Juan, Lucas dijo al padre del anfitrión:
—Toma Manuel, una cervecita fresquita. —Y mirando hacia su enfurecido amigo, le guiñó el ojo y
dijo—: en el frigorífico he puesto otra tanda. Creo que la noche va a ser larga.
—Vaya qué considerado —murmuró agriamente Juan.
—Churri —gritó Laura—. Dame una Coca-Cola.
—En seguida, preciosa —contestó Carlos encantado.
Sin entender nada de lo que estaba pasando, Juan, en medio del salón observaba todo aquel jaleo sin
dar crédito mientras Senda, su perra, parecía encantada de tener a toda aquella gente allí.
—Por cierto —dijo Carlos tras entregarle el refresco a su mujer—, por si no te habías enterado,
nuestra amiga Noelia está nominada a los Oscar y esto es como cuando España jugó en el mundial. En vez
de todos con la roja, esta noche es ¡todos con Noelia! Nuestra chica tiene que ganar ese Oscar, sí o sí.
—No me jodas, hombre —protestó aquel—. ¿No os podéis ir al bar para verlo?
—Ni lo pienses, guapo —sonrió Almudena tras aparcar el cochecito de su bebé en un lateral del
salón—. Pudiendo estar tu casa, ni de coña nos vamos al bar.
El abuelo Goyo, que estaba ansioso por ver aquel programa de televisión, cogió una de las butacas,
la puso frente a la tele y gritó:
—El gorrioncito tiene que ganar por guapa y relinda.
Cada vez más alucinado, Juan les vio acomodarse frente al televisor, mientras charlaban y reían como
si estuvieran en cualquier sitio menos en su casa. Incluso Senda parecía feliz. Jugueteaba con Damián
mientras este le daba una patata frita. Quiso gritarles que se fueran, que no quería compañía, que lo
último que quería ver era aquel programa cuando su padre, que le llevaba rato observando, le cogió por
el hombro derecho y dijo ofreciéndole una cerveza:
—He traído croquetas. No veas lo buenas que salen con la nueva Thermomix.
—Pero papá… —se quejó desesperado.
—Lo sé hijo, lo sé —se disculpó aquel—, pero tus hermanas ya sabes como son y han movilizado a
todo el mundo para ver la gala de los Oscar.
—¿Y no lo podían haber visto en tu casa?
Manuel sonrió, cada vez mas consciente de la necesidad de que Noelia volviera con su hijo, cogió
una croqueta de la bandeja, le dio un mordisco, y dijo:
—No hijo. La gracia era verlo en la tuya.
—Joder —murmuró molesto.
Un rato después, tras poner todas las excusas del mundo para echarles de su casa, Juan claudicó.
Nadie estaba dispuesto a irse de allí hasta que aquella maldita gala terminara. Pero les dejó claro una
cosa. Él no iba a verla. Por ello, muy enfadado, se dirigió a su garaje dispuesto a hacer cualquier cosa
menos estar allí sentado con ellos.
Sobre la una de la mañana todos vocearon al ver que por fin conectaban con el evento. Durante un
buen rato vieron desfilar entre flashes a infinidad de famosos por aquella preciosa alfombra roja
caminando hacia el teatro Kodak.
—Oisss que mona va la Portman —gritó Irene al ver a la actriz ataviada con un vestido granate corte
imperio.
—Para mono su churri —añadió Laura—. Le conoció en el rodaje de la película Cisne negro ¿la
habéis visto?
—Sí… a mi me gustó mucho —asintió Eva.
—Bueno… bueno… bueno… ¡Cómo va de guapa Penélope! —gritó Almudena.
Los ojos de todos se centraron en la actriz española y Lucas, tras beber de su cerveza, murmuró:
—Sí… está tremenda.
—¿Dónde están el gorrioncillo y Tomi? —preguntó el abuelo Goyo.
—Estarán al llegar —respondió Almudena.
—Por el amor de Diorrrrrrrr —gritó Eva—. Me encanta el vestido plateado que lleva Gwyneth
Paltrow. Está guapísima.
—Guapísima… guapísima —corearon los hombres divertidos.
—Oh sí… el vestido es chulísimo. Pero claro, menudo tipazo que tiene ella. Ya quisiera yo —se
quejó Almudena.
—Churrí —gritó Laura—. Para la boda de mi prima Paz me haré un vestido como ese ¡que lo sepas!
—Genial, preciosa… genial —sonrió aquel tras encogerse de hombros ante la mirada guasona de sus
amigos.
—Uoooo ¿y que me decís del vestido que lleva Hilary Swank? —aplaudió Menchu.
—Aisss que bonitoooooooo. Es preciosooooooooo —asintió Irene.
—Precioso… precioso… —volvieron a mofarse los hombres.
Diez minutos después Eva volvió a gritar.
—Joderrrrrrrrrrr ¡pero que bueno que esta el McConaughey! Ay Dios qué guapo está con ese
esmoquin. No me digáis que ese tío no es sexy.
El resto de las mujeres asintieron.
—Todo tuyo hija. A mi me gusta más Colin Firth. Es más madurito, vamos como a mi me gustan —
murmuró Irene,
Damián, que junto con los hombres se divertía con los comentarios que aquellas hacían, al escuchar a
Eva y verla tan emocionada mirando la pantalla dijo:
—Bah… el macnosequé, tampoco es para tanto. Por cierto ¿no tiene nombre de hamburguesa?
Al escuchar aquello, la joven le miró y, tras darle un repaso de arriba abajo con un gesto devastador,
susurró:
—Ya quisieras tú parecerte a él aun siendo una hamburguesa.
—Perdona guapa, pero ya quisiera él parecerse a mi. Y te recuerdo que yo soy de Ávila, como los
chuletones —respondió aquel, ganándose varias palmaditas en la espalda de algunos hombres.
—Si es que es pá darle —se quejó Eva al verle sonreír.
—Eva María ¡ni caso! —replicó Irene.
—No empecemos Eva… No empecemos —sonrió Almudena.
—Pero ¿cuándo salen el gorrioncillo y Tomi? —insistió el abuelo Goyo con curiosidad.
Irene le rogó con la mirada a su hermana Eva que no discutiera con Damián, algo prácticamente
imposible, pues era verse y chocar como dos trenes a alta velocidad. Después miro en dirección al
anciano y 1c respondió.
—Abuelo Goyo, timen que llegar de un momento a otro. No te impacientes.
—¿Te dijo Tomi o Noe qué vestido llevaría para los Oscar? —preguntó curiosa Almudena—. Seguro
que grandes firmas como Calvin Klein, Dior o Marchesa estarían como locos por verla desfilar con su
precioso vestido.
—Seguro que se pone un Dior —asintió Menchu—. Noelia tiene cuerpo para ponerse eso y lo que
quiera.
—Almu, Tomi no me dijo nada —respondió Eva y, bajando la voz para que Juan no la escuchara,
murmuró—: Solo me dijo que intentara que el Xman viera la gala.
Al decir aquello todos se miraron entre sí y resoplaron. Juan no lo iba a poner fácil. Mientras tanto
aquel, ajeno al plan que urdía el grupo, trasteaba en su garaje mientras escuchaba a los AC/DC.
—¿Y cómo hacemos para que se siente y la vea? —preguntó Irene.
—Tranquilas, preciosas —sonrió Lucas—. Para eso estamos nosotros aquí.
Todas sonrieron cuando de pronto Eva gritó:
—Ahí está Noeliaaaaaaaaaa. ¡Qué guapaaaaaaaaaaaaaaaa!
Desde el garaje, Juan escuchó el grito de su hermana y la herramienta que tenía en sus manos se le
escurrió y cayó con gran estrepito al suelo. Durante unos segundos, intentó luchar contra la tentación de
asomarse por la puerta y mirar el televisor, pero al final el deseo le venció y se acercó a la puerta para
mirar. Allí estaba ella, tan guapa como siempre, con su espléndido pelo rubio recogido en un moño
italiano y sus inquietantes ojos azules sonriendo mientras saludaba a otros actores.
—Ay mi gorrioncito que hermoso está. Es la más lustrosa de todas y Tomi, con ese traje rojo o
encarnao o como él quiera llamarlo va mu relindo también —aplaudió el abuelo Goyo encantado de la
vida. Durante un rato, las cámaras de televisión siguieron los pasos de estos dos, en especial los de Estela
Ponce que era una de las posibles premiadas de la noche.
—Ay churrí —gritó Laura emocionada—. Esta saludando a Vin Diesel.
—Si cielo ya lo veo —sonrió Carlos al escuchar a su histérica mujer.
De pronto, Eva miró a su hermana Almudena y preguntó:
—Pero el vestido que lleva Noelia ¿no es el que se compró en la tienda de Alicia? ¿El de las
plumas?
Pero no le dio tiempo a contestar. El móvil de Almudena sonó y una alucinada Alicia gritaba como
una posesa que el vestido que llevaba Noelia en la gala de los Oscar había sido diseñado y
confeccionado ella.
—¡Qué fuerte! ¿Se ha puesto el vestido de Alicia? —gritó encantada Irene.
—Como diría Tomi, esta lady es lo más —se carcajeó Menchu.
Dos segundos después Noelia, junto a un guapísimo Tomi, se acercaron hasta los reporteros de
televisión que les reclamaban, y tras contestar a algunas preguntas en inglés, un reportero le preguntó algo
en español y ella contestó:
—Este bonito vestido es un diseño exclusivo de la maravillosa Alicia Domínguez. Una estupenda
diseñadora española que tuve el placer de conocer cuando estuve en España, y que estoy segura que
pronto dará mucho que hablar. De hecho Annette Bening ya me ha pedido su teléfono.
—Ay madre… Alicia tómate una tilita que la necesitas. Mañana hablamos —susurró Almudena antes
de colgar.
Juan, incapaz de dejar de mirar la pantalla, siguió todos los movimientos de Noelia. Le encantaba
cómo aquella preciosa mujer sonreía y eso le hizo que el corazón comenzara a latirle con fuerza. Pero
cerró los ojos y volvió a lo que estaba haciendo. ¿Qué hacía mirándola? No debía martirizarse con algo
que no podía ser.
Tras más de una hora y media en la que desde la casa de Juan piropearon a todos los actores que
entraban en el teatro Kodak, la gala comenzó. Expectantes como nunca en su vida, ninguno quito el ojo de
la pantalla, y cuando anunciaron que en unos minutos iban a abrir el sobre que desvelaba el gran secreto
que todos esperaban, sin dudarlo Carlos, Lucas y Damián se dirigieron con paso firme al garaje, cogieron
a su amigo Juan entre los tres, y sin importarle los puñetazos ni las blasfemias que aquel soltaba le
sentaron frente al televisor.
—Queréis soltarme, joder —gruñó aquel.
—Ni lo sueñes —rio Carlos poniéndole unas esposas que lo sujetaban al butacón.
—Juanito, hermoso deja de moverte así o te cepillaras el butacón —dijo el abuelo Goyo con mofa.
Aturdido, explotó malhumorado:
—¡Os juro que esta me la vais a pagar! Papá —gritó—, haz el favor de decirles a estos idiotas que
me suelten.
Manuel, al escuchar aquello, se dio la vuelta, cogió el plato de croquetas y preguntó:
—¿Quién quiere una croqueta?
—¡Papá! —vociferó incrédulo.
Como si de una comedia absurda se tratara todos gritaron mientras cogían lo que Manuel les ofrecía y
cuando por fin callaron Juan gritó:
—Venís a mi casa, os entrometéis en mi vida y encima tengo que soportar que me hagáis esto.
—Anda Juan, cierra el pico —se quejó Eva—, Solo queremos que veas con nosotros si Noelia gana
el Oscar o no. Al fin y al cabo la conocimos gracias a ti.
—Lucas, maldito cabrón ¡Suéltame!
—No divine —se mofó aquel—. Esta es mi venganza por levantarme a esa preciosidad.
—Pero ¿tú estás tonto? —voceó Juan. Y mirando a Damián insistió—: ¡Suéltame tú!
—Lo siento colega. Si lo hago Mariliendre y el churri luego no me ajuntaran. —Al decir aquello,
Eva le miró divertida y le guiñó un ojo.
—¡Joder! Esta me la pagáis —soltó Juan desesperado Justo antes de que su hermana Eva le pegara
algo en la boca.
Incrédulo, comprobó que un trozo de cinta americana le bloqueaba de pronto la boca. Ya no podía
gritar.—
Tomi me dijo que con esto no escucharíamos tus maldiciones —dijo Eva encogiéndose de
hombros.
—Psss a callar hermoso que van a decir si nuestra muchacha ha ganado o no —exigió el abuelo Goyo
levantando su bastón nuevo.
Convencido de que nada podía hacer rumió sus blasfemias, mientras todos los demás sonreían y
cruzaban los dedos a la espera de que abrieran el sobre y dieran el nombre de la ganadora al Oscar como
mejor actriz.
De detrás del decorado salieron George Clooney y Sharon Stone y tras dar entrada al video de
presentación de las nominadas, George, tan guapo y sonriente como siempre, abrió el sobre, sonrió y se
lo pasó a Sharon que dijo:
—And the winner is… Estela Ponce.
Al escuchar aquello, la locura reinó en casa de Juan. Todos saltaban, aplaudían y reían como cuando
España ganó los mundiales de futbol, mientras Juan esposado en la butaca ni les veía. Solo podía mirar la
pantalla de televisión, donde el realizador del programa se centró en la emocionada y llorosa ganadora
abrazada a su primo Tomi. Sin poder demostrar su orgullo, Juan la vio saludar hecha un manojo de
nervios a todos los que estaban sentados a su lado. Entre ellos reconoció a su padre, el gran Steven Rice.
Ella le dio un rápido beso en la mejilla y este sonrió. Un minuto después, la flamante ganadora del Oscar
a la mejor actriz, con su impresionante vestido de plumas negro subió al escenario en busca de su premio.
—¡Callaos leches! que va a hablar el gorrioncillo.
—Sube el volumen —pidió Manuel y arrancando de un tirón la cinta de la boca de su hijo le dijo—:
Juan tradúcenos todo lo que diga.
Durante unos segundos, Noelia habló en inglés y Juan hipnotizado comenzó a traducir. Entre lágrimas
y risas Noelia dio las gracias al director de la película por darle le oportunidad de interpretar aquel
papel, a sus compañeros, a todo el equipo y a su padre. Las cámaras de televisión enfocaron Steven Rice
quien asintió y sonrió tras su fría estampa. Las cámaras volvieron a enfocar a la emocionada ganadora y
esta, buscando la que tenia encendido el piloto rojo, la miro y, en perfecto español, dijo sin importarle
las personas que estaban a su alrededor:
—Este premio también se lo quiero dedicar a una maravillosa familia que conocí en un encantador
pueblecito de España, llamado Sigüenza…
Al escuchar aquellos todos aplaudieron y Almudena divertida soltó:
—Aisss ya no solo conocerán Alcobendas por Penélope. Ahora gracias a nuestra Noelia medio
planeta sabe que existe un pueblo en España llamado Sigüenza.
—Psss calla que sigue… —apremió Irene emocionada, mientras Noelia decía.
—Gracias a todos vosotros por ser como sois y haberme demostrado el cariño que me tenéis. Quiero
que sepáis que os voy a querer hoy, mañana y siempre a todos —recalcó aquella última palabra con los
ojos llorosos mientras la gente aplaudía—. Soy actriz. Me enorgullezco de ser actriz. Me gusta
interpretar distintos papeles para hacer llorar, reír, emocionar, en definitiva, hacer soñar. Y aunque suene
a utopía lo que voy a decir, me gustaría que alguna vez mi vida tuviera un final de película y ser yo la que
soñara. —El público aplaudió y ella mirando a cámara añadió—: Aunque si les soy sincera una vez soñé.
Conocí a un hombre especial, maravilloso e inolvidable que con sus miradas y su cariño consiguió que lo
irreal se volviera real y que lo impensable, durante un corto espacio de tiempo fuera perfecto,
maravilloso y posible. Gracias a él, atesoro en mi corazón bonitos recuerdos que nunca, nunca olvidaré.
Dichas esas palabras, la actriz, tremendamente emocionada dejó de mirar a la cámara, sonrió a todos
los presentes del teatro Kodak y desapareció tras el decorado en medio de una clamorosa ovación.
En ese momento, todos, incluida la propia Senda, miraron con detenimiento a Juan que continuaba
con la mirada fija en el televisor, alucinado y pasmado. Lo que aquella mujer acababa de hacer era la
mayor muestra publica de amor que había visto nunca y el protagonista ¡era el!
Vaya… pensó aturdido.
—Juanito hermoso reacciona —gritó el abuelo Goyo—. Que el gorrioncillo te quiere. O como dicen
en su tierra teaisloviu.
—Ay Dios… que momentazo —suspiró Menchu todavía sorprendida.
—… momentazo pero de los que se recordaran toda la vida —asintió Eva boquiabierta, consciente
de que la prensa estaría a las puertas de la casa de su hermano en pocas horas.
—En vivo y en directo ha declaro su amor hacia ti ¡qué bonito! Y qué románticooooooo —añadió
Irene.
Emocionada por lo que acababan de presenciar Almudena miró a su hermano y dijo.
—Juan, ella te quiere por quien eres. El resto no le importa. Solo le importas tú. ¿No te das cuenta?
Laura abrazándose a su marido Carlos le miró amorosa.
—Ay churri ¿tú me quieres tanto?
—Más… tesoro. Yo te quiero más —respondió encantado.
Lucas, que estaba tan sorprendido como el resto, al escuchar los comentarios romanticones de las
féminas las miró y dijo:
—Mira que os gustan estas gilipolleces románticas a las mujeres.
—Ni que lo digas —asintió Damián divertido observando la cara de tontorrona de Eva.
La cabeza de Juan no paraba de dar vueltas mientras intentaba centrarse en lo ocurrido. Noelia, su
Noelia, le acababa de hacer una declaración de amor en toda regla sin importarle absolutamente nada.
Solo él.
—Esta muchacha nunca dejará de sorprenderme —rio Manuel emocionado por lo que aquella
jovencita había hecho ante medio mundo y en especial, al ver a su hijo tan bloqueado.
—Joder… ¡pero que suerte tiene este tío feo! —se mofó Lucas—. Si no hubiera sido por ti, estoy casi
seguro que ella hubiera hecho eso por mi.
—Mariliendre no alucines, que tú no eres él —se mofó Carlos.
—¡Soltadme! —consiguió decir Juan.
—Vale —asintió Eva— Pero antes de que la líes parda déjame decirte que lo único que queríamos
era que vieras lo que has visto porque tenías que verlo. Ayer cuando hablé con Tomi me dijo que…
—Soltadme ya —repitió lentamente.
—Oye Juan —dijo Irene al ver el gesto de su hermano—. Haz el favor de comportarte y no liarte a
guantazos con ninguno de los presentes o te juro…
—¡Soltadme de una puñetera vez! —insistió con voz grave.
Al escuchar aquel tono de voz, Manuel retiró a sus hijas hacia atrás, se encaró a él y dijo:
—Ahora mismo Juan, pero tranquilito eh…
—Papá estoy muy tranquilito —asintió este.
Lucas, Damián y Carlos se agruparon dispuestos a defenderse de su ataque. Su mirada lo decía todo.
Aquella mirada oscura delataba enfado y brutalidad. Entonces Carlos le tiró a Manuel la llave con la que
abrir las esposas, y este procedió. Dos segundos después, ya liberado, Juan se levantó, anduvo hacia sus
compañeros y dijo con voz áspera:
—Esta os la guardo a los tres.
—¡Qué emoción! —se guaseó Carlos.
—Uisss ¡qué nervios! —murmuró Damián.
—Acojonado estoy —se mofó Lucas ganándose una seria mirada por parte de todas las mujeres.
—¿Pero estáis gilipollas o qué? —vociferó aquel al escucharles.
—Ay Juanito no te pongas así, hermoso —murmuró el abuelo Goyo.
—Juan… Juan… —dijo Almudena interponiéndose entre aquellos titanes y su hermano—, no te
enfades con ellos porque fuimos nosotras quienes les obligamos a que te cogieran por la fuerza y te
esposaran al butacón.
Al escucharla, la miró y apartándola hacia un lado, se acercó intimidatoriamente a Carlos, que no se
movió ni un ápice, y a un palmo de su cara murmuro:
—Churri, vete comprando la pamela porque la vas a necesitar.
Carlos, al ver sonreír a su amigo, le abrazó. Por fin había quitado el freno de mano. Todos a su
alrededor más relajados comenzaron a reír y Juan con las pulsaciones a mil, miró a su hermana Eva y
dijo:—
Necesito dos cosas, urgentemente.
—A sus órdenes. Usted dirá Xman — se mofó está cuadrándose delante de él.
—La primera: búscame en tu maravilloso portátil nuevo, un billete de avión para Los Angeles.
Todos aplaudieron.
—¿Y la segunda? —preguntó Eva emocionada.
—Que me des el teléfono móvil de Tomi. Tengo que hablar con él —y mirándoles a todos sentenció
—: Me voy a por Noelia para traerla a su casa.
—¡Olé por mi nieto! —gritó el abuelo Goyo encantado.
—Así se habla muchacho —aplaudió Manuel mientras todos alborozados sonreían. Juan, por primera
vez en varios meses, volvía a sentir que le latía el corazón de emoción.

63

A las nueve y media de la noche del veintiocho de febrero, Juan aterrizó en el aeropuerto
internacional de Los Angeles, más conocido como LAX. Una vez recogió su pequeña maleta, usó sus
contactos como policía y logró salir por un lateral del aeropuerto para esquivar a la posible prensa. Su
hermana ya le había avisado que a las puertas de su casa ya había más de una docena reporteros y en
aquel aeropuerto también era muy posible que hubiera prensa. Cansado pero feliz, llamó a Tomi para
indicarle dónde podía recogerle. Cuando este por fin llegó, gritó al verle:
—Por el amor de Diorrrrrrrr el Xman de mis más morbosos sueños ya está aquí.
Emocionados, se fundieron en un candoroso abrazo:
—Te he echado de menos Tomi.
—¿Qué me estás contando divine mío?
—Lo que oyes —sonrió Juan.
Encantado por aquel comentario, el joven se acercó a él y le guiñó un ojo, arrancándole una
carcajada.
—A mi no me digas eso que rápidamente me emociono my love. Y mi crazy cabecita comienza a
pensar en que viniste por mí y no por ella.
—Siento decepcionarte pero…
—Lo sé… lo sé… no seas cruel —río aquel.
Entre bromas se encaminaron hacia el coche con el que Tomi había venido a recogerle.
—Menos mal que has venido para solucionar esto de una vez por todas. Si llegas a tardar más creo
que hubiera salido en el New York Times por asesinato —le dijo Tomi colgándose de su brazo.
—¿Por qué?
—Noelia se ha vuelto loca.
—¡¿Loca?! —preguntó preocupado.
—No para de comer galletas Oreo, escuchar la horrorosa música que a ti te gusta y encima ha
engordado dos kilos. ¡Dos!
—¿Y eso es malo? —rio Juan divertido al imaginarla escuchando a AC/DC.
—¡Es terrible! Mi queen no debe continuar comiendo así. Y tras ganar ayer el Oscar ¡ya ni te cuento
cómo llora!
—No te preocupes, yo haré que deje de llorar.
—¡¿Cómo no me voy a preocupar?!… ella es mi vida,
—Y la mía Tomi… y la mía —asintió Juan emocionándole.
Sin tiempo que perder, llegaron hasta un reluciente Porsche rojo y tras meter su pequeña maleta en el
pequeño maletero Juan murmuró:
—Joder macho ¿este pedazo de cochazo es tuyo?
—Uiss… me encanta lo de macho. Me hace sentir fuerte y poderoso —se mofó y tirándole las llaves
aclaró—: En cuanto al coche es de la queen y toma, conduce tú.
—Sin problema —asintió encantado y tras montarse murmuró—. Bueno, indícame donde está y
vayamos a verla.
Tomi, con cara de circunstancias, le miró, se toco el pelo, después se alisó el pantalón blanco y tras
quitarle una pelusilla a Juan de la camisa oscura dijo:
—A ver my love, como te explico yo esto sin que parezca terrible. —Juan frunció el ceño y este
prosiguió—. Ella ha estado muy triste desde que regresamos primero de Spain y luego de Tokio y ¡oh my
God! solo comía galletas Oreo…
—¿Dónde está? —exigió Juan al notar como aquel daba rodeos.
—A estas horas, y como anoche ganó el Oscar, debe estar en una fiesta en casa del guapísimo
Anthony Wellinford y…
—¡¿Y?!
—Pues que el bellezón de Anthony bebe los vientos por ella y al aceptar mi queen su invitación,
estoy seguro de que intentará algo más que una copa y… —al ver que Juan daba un golpe al volante Tomi
gritó—. A ver Xman ¿qué esperabas? que guardara luto por ti toda su life. Además, tú no querías que yo
le dijera que venias.
Arrancando el coche, Juan lo miró y dijo en tono tenso:
—Guíame hasta la casa de ese Anthony.
En su alocada carrera por llegar a aquel lugar Tomi no paró de parlotear, pero a excepción de las
indicaciones que aquel le daba, Juan no escuchaba más. Solo quería llegar hasta ella, mirarla y saber que
todo se podría solucionar. Cuando aparcaron, el coche frente a una preciosa casa en Beverly Hills Juan
se bajó y siguió a Tomi hasta la entrada con determinación.
En el interior de aquel lujoso hogar, cientos de personas reían y bailaban al son de la música. Avanzó
entre la multitud en busca de ella, pero no la vio. Se cruzó con varias parejas que, sin ningún tipo de
pudor, se besaban desaforadamente sobre unos sillones de cuero blanco, eso le preocupó. Imaginarse a
Noelia en aquella situación con el tal Anthony hizo que su mandíbula se tensara y maldijera.
Al llegar a un lateral del salón barrió con la mirada la estancia y, cuando la localizó, se le cortó la
respiración. Allí estaba ella. Vestida con un sensual vestido rojo, con una abertura lateral que le llegaba
hasta su torneado muslo por donde se podía admirar su estilizada y larga pierna. Sin ser consciente de
que era observada, Noelia sonrió a un joven moreno y le invitó a bailar. Segundos después, ella movía
sus caderas al ritmo de la música.
Tomi, al ver como Juan maldecía y tensaba la mandíbula le agarró del brazo.
—Vamos a ver Xman. Ella cree que tú no quieres saber nada de ella. ¿Qué esperabas?
Sin quitarle la vista de encima, Juan suspiró. Tomi tenía razón. Él había sido cruel con ella y era
normal que intentara rehacer su vida. Pero una cosa era que lo intentara y otra que él fuera testigo de
cómo aquel imbécil con cara niño le besaba el cuello allí mismo sin que él hiciera nada por evitarlo.
Deseó ir hasta ella. Llevársela con premura a algún sitio donde pudieran estar a solas, arrancarle
aquel vestido rojo y hacerle con verdadera pasión el amor. Así estuvo cinco mi nulos hasta que ya no
pudo mas y a codazos, se abrió camino hasta ella, que al verle aparecer se quedó paralizada y blanca
como la cera. ¿Qué hacía Juan allí?
Sin dejarla decir nada, y a sabiendas de que no debía hacerlo, Juan la atrajo hasta él y la besó
reclamando su boca con urgencia y pasión. Aquel beso y su vehemencia dejaron a Noelia sin fuerzas y
cuando sintió que él se separaba unos milímetros aprovechó para empujarle y gritar.
—¿Qué estás haciendo? —al ver que él no respondía se puso las manos en las caderas y al ver a su
primo gritó—: ¿Por qué le has traído aquí?
—Aisss queen no te enfades. Él me pidió verte y yo no pude decir que noooo.
Bloqueado todavía por lo que había sentido al devorarle la boca, Juan la cogió del brazo y, dando un
tirón de ella, dijo:
—Vámonos. Tengo que hablar contigo.
Incrédula, se soltó de su mano y vociferó al sentir que Anthony se acercaba a ella por detrás:
—No… yo no tengo nada que hablar contigo.
Ver como aquel tipo con cara de niño posaba sus manos sobre la cintura de Noelia hizo que a Juan le
subiera la rabia hasta el pecho.
—Tú y yo tenemos que hablar. Ven conmigo.
Anthony, al escuchar aquello, se interpuso entre los dos dejando a Noelia a su espalda y encarándose
a Juan.
—Esta es mi casa y yo no te he invitado. Por lo tanto, o sales tú solo o haré que te echen.
—Noelia ven conmigo —exigió aquel.
—Ella no va a ir a ningún sitio. Está conmigo y no va a moverse de aquí ¿entendido? —siseó el
guaperas acercándose a aquel más de lo normal.
Juan no le escuchó. Intentaba contactar con los ojos de Noelia, algo que ella no le permitía y al sentir
sobre su hombro la mano de aquel guaperas, le dio rienda suelta a su furia.
Le lanzó un derechazo y milésimas de segundo después aquel estaba espatarrado en el suelo para
sorpresa de todos. Noelia se agacho a ayudar a Anthony y tras comprobar que estaba bien le dio un
empujón a Juan y gritó:
—Fuera de aquí. Fuera de mi vida. No quiero saber nada de ti. No me interesan las personas como tú
¿pero tú que te has creído? ¿Que eres indispensable en mi vida? ¿Acaso crees que puedes entrar y salir a
tu antojo? —Sentir su oscura mirada se le resecó la boca y finalmente murmuró—: Tú y yo ya no tenemos
nada que ver. Todo quedó claro en tu último mensaje. ¡Vete!
Sabía que se merecía aquel golpe bajo pero incapaz de dar su brazo a torcer insistió:
—Tengo que hablar contigo cielo. Dame un segundo, solo un…
—No. No voy a darte ni un segundo más de mi tiempo porque no te lo mereces. —Y, mirando a su
aturdido primo, gritó—: Tomi, sácalo de aquí si no quieres que llame a seguridad y se meta en un buen
lío.
Juan intentó zafarse de la mano de Tomi, pero al ver que ella se daba la vuelta y comenzaba a atender
al joven al que él había golpeado se sintió mal. No solo por lo que había hecho, si no por cómo Noelia le
había hablado. Finalmente, al ver como todo el mundo en la fiesta le miraba, decidió desaparecer de allí
sin mirar atrás. Lo que no pudo ver fueron los ojos de Noelia plagados de lágrimas.

64

A día siguiente, tras pasar la noche en la bonita casa de Beverly Hills de Tomi, Juan comía algo
mientras miraba por la ventana. Eran las cuatro de la tarde, no había pegado ojo y estaba cansado, pero
su cabeza no le dejaba descansar. Pensó en coger el primer avión de regreso a España, pero algo en él no
le permitía rendirse. Tenía que volver a intentarlo y cuando Tomi entró por la puerta de la calle le miró y
preguntó:
—¿La has visto?
El joven se sirvió un café, se sentó frente a él y resopló.
—Sí… y le he prometido que te metería en el primer avión con destino a Spain.
—Sabes que eso no va a ser posible ¿verdad?
Tras dar un sorbo a su café y poner los ojos en blanco Tomi con un gracioso gesto murmuró:
—No esperaba menos de ti divine.
Por primera vez desde la noche anterior Juan sonrió.
—Ella está en su house viendo por vigésima vez West Side Story.
—¿Viendo qué? —preguntó sorprendido Juan.
—West Side Story —y al ver su cara aclaró—: Conoces esa película ¿verdad?
Juan suspiró y negó con la cabeza. No la conocía pero sí recordaba haber oído a Noelia hablar sobre
aquella película.
—Oh my God. Esto sí que es terrible, mira que no conocer una de las maravillas del cine americano.
Imperdonable.
—Lo siento, pero el cine no es lo mío —se disculpó Juan—. ¿Que tiene de especial esa película para
que ella la vea tantas voces?
—Es la película que se pone siempre que está triste o deprimida, es la historia de Romeo y Julieta
pero entre estadounidenses de origen irlandés e inmigrantes puertorriqueños. Los Sharks contra los jets.
Un amor imposible que termina en tragedia como en el argumento de Willian Skakespeare. ¿De verdad
que no sabes de qué hablo?
—Pues no —insistió juan.
Tomi incapaz de creer que no supiera sobre lo que hablaba comenzó a cantar:
I like to be in AMERICA!
Okay by me in AMERICA!
Everything free in AMERICA!
For a small fee in AMERICAAAAAA!
—¿En serio que nunca has oído this canción?
Juan asintió. Si que había oído esa canción. Ya sabía a que película se refería y mirándole preguntó
conteniendo el aliento.
—¿Regresó sola a casa anoche?
—Sí my love —Juan respiró—. Según me ha contado mi amigo Lionel que estaba en la fiesta, cuando
nos fuimos nosotros ella se también se marchó… sola y very… very enfadada. Y yo que vengo de su casa
he comprobado que ha dado unos días libres al servicio para poder estar tranquila y llorar por las
esquinas sin que nadie la vea. Oh my God cuanto sufre mi queen.
Aquella información hizo que Juan suspirara aliviado. El saber que había regresado a casa sola, sin
aquel guaperas le reconfortó, pero sabedor de que ella no se lo pondría fácil miró al Tomi y añadió:
—Solo dime una cosa más.
—¿El qué?
—Lo que dijo el otro día en los Oscar ¿es verdad?
Emocionado por recordar aquel momento, Tomi gimió y tras retener el temblor de su barbilla
respondió.
—Te quiere más que a su life…
Segundos después y guiado por Tomi, un desafiante Juan fue en busca de su vida. De Noelia.
65
En el interior de la preciosa casa de la actriz Estela Ponce, el silencio reinaba y solo era roto por la
banda sonora de la película West Side Story.
Tumbada en su enorme sofá del salón y vestida con un pijama blanco Noelia, a oscuras, veía aquella
maravillosa película mientras comía galletas Oreo y lloraba a moco tendido. Tanto la el tema que
Leonard Bernstein creó para esa película como la historia de la misma siempre la habían cautivado.
Sobre la mesita de centro que tenía enfrente había cinco cosas: una caja de Kleenex, su Oscar, una
bolsa enorme de galletas Oreo casi vacía, una botella de agua y un vaso. Alargando la mano cogió un
Kleenex y se sonó la nariz. Después dio un trago de agua y, finalmente, y ante nuevos sollozos
provocados al ver a María, la prota de la película, sufrir, cogió una galleta Oreo la mordisqueó y
gimoteó:
—Ay Dios… que ya vas a morir… que vas a morirrrrrrrrrrr.
Tomi y Juan que habían entrado sin hacer mido por la puerta de la cocina, llegaron hasta el salón sin
que ella notase su presencia.
—Por el amor de mi life. La está viendo otra vez —murmuró Tomi.
Juan apenas miraba la pantalla. Solo quería ver a Noelia, ya que en ese momento solo podía escuchar
su voz.
—Yo me voy. Os dejo solos —cuchicheó Tomi y tendiéndole algo dijo—: Toma lo que me pediste y
ahora como diría el abuelo Goyo ¡Suerte y al toro!
Tras enseñarle los pulgares de ambas manos en señal de buena suerte, el joven se marchó por donde
había llegado. Durante más de diez minutos Juan estuvo escondido entre las sombras sin saber qué decir,
ni qué hacer. Había pensado lanías cosas durante aquellas ultimas horas, que cuando llegó el momento de
expresarlas apenas si podía reaccionar. De pronto la observó levantarse y dirigirse hacia una mesa
grande de donde cogió un nuevo paquete de galletas. El corazón le comenzó a palpitar con fuerza.
Escondido en la oscuridad la vio moverse por el salón a oscuras hasta que se sentó despreocupadamente
sobre el respaldo del sillón.
—Oh Dios… no quiero verlo… no quiero verlooooooooo.
Confundido por lo que ella decía y por la intensidad de la música, la vio escurrirse por el respaldo
del sillón y en el momento álgido de la película gritar entre sollozos:
—¿Por qué te tienes que morirrrrrrrr? ¿Por quéeeeeeeee?
Asustado por sus sollozos, Juan salió de las sombras dispuesto a consolarla. Ella al sentir una
presencia se asustó, se levantó a oscuras, cogió la botella de cristal y la lanzó contra su oponente. Se
escuchó un golpe, una blasfemia y el cristal caer al suelo y hacerse añicos. Sin perder un segundo, la
joven lanzó también el vaso y cuando iba a tirar el Oscar escuchó:
—¡Canija… para que soy yo!
Esa palabra. Esa voz, le hicieron parar de golpe. Se agachó y cogió un mando. Presionó un botón y se
quedó sin palabras al encenderse la luz y descubrir que quien estaba ante ella empapado de agua era él,
tan impresionantemente atractivo como siempre.
Deseo correr hacia él y abrazarle, pero sus pies parecían clavados al suelo. Todavía recordaba lo
que había sucedido la noche anterior en casa de Anthony, y las terribles cosas que él le dejó en el
contestador de su móvil y eso no pensaba perdonárselo. Sin dejar de mirarle, agarró el Oscar con
seguridad entre sus manos y se puso tras el sillón para mantener las distancias con él.
—¿Cómo has entrado?
—Cielo… escúchame.
—¿Qué haces aquí? Le dije a Tomi que no quería verle ¡Fuera de mi casa! —gritó con gesto hosco.
Juan, que gracias a la luz por fin podía ver el rostro de Noelia, sintió deseos de abrazarla, estaba
preciosa con aquel pijama, el pelo desgreñado y la boca sucia de migas de las galletas Oreo. Pero su
actitud combativa y la tensión que reflejaban sus movimientos le indicaron cautela.
—Lo primero de todo cielo, baja el Oscar y…
—¡No me llames cielo! Ni canija… ni nada —vociferó muy enfadada.
—Vale… de acuerdo —asintió acercándose a ella despacio.
—No quiero que estés aquí. No quiero verte. No quiero necesitarte. No quiero quererte. Solo quiero
que te vayas y desaparezcas por dónde has venido o te juro que lo vas a lamentar.
—Lo siento, pero no puedo hacer nada de eso, porque he venido a por ti.
—¿A por mi? ¿Te has vuelto loco?
Juan sonrió y al ver como ella resoplaba asintió y dijo:
—Sí… estoy completamente loco por ti.
Con el corazón latiéndole con fuerza, Noelia intentó centrarse. Ante ella estaba el hombre al que
amaba, pero que también le había partido el corazón con sus palabras, y cambiando el peso de un pie al
otro gritó:
—¡Me dejaste muy claro lo que sentías hacía mi! En tu mensaje me dijiste que me odiabas. Que yo
era la peor persona del mundo. Me dijiste que…
—Siento todo lo que dije. Me arrepiento de haberte enviado ese maldito mensaje cuando lo que
realmente tenía que haber dicho era que te quería. Que volvieras conmigo. Que no podía vivir sin ti, que
el único problema en nuestra relación era yo con mis continuos miedos hacia ti y tu profesión, —al ver
que ella bajaba el Oscar continuó—: Esperé tu llamada. Tu respuesta. Tu enfado. Tú siempre te jactas de
decir la última palabra ¿Por qué no me llamaste? ¿Por qué no me insultaste? ¿Por qué?
—Porque no quería hacerte más daño del que ya te había hecho Juan —gimió cogiendo un kleenex de
la mesa— …por eso no te llamé.
—Sé que las cosas que me dijiste aquel día no las sentías. Lo hiciste para que yo te odiara y me
alejara de ti ¿verdad?
Ella no respondió y el insistió:
—La mujer que yo conocí, nunca me hubiera dicho que yo no podría seguir su ritmo de vida porque
nunca ha sido una clasista. La mujer que yo conocí no tenía enamoramientos caprichosos porque ama de
verdad y selecciona muy bien a quien querer. Pero tú, como buena actriz, dentro de mi furia aquel día
conseguiste engañarme. La mujer que habló y dijo cosas terribles fue Estela Ponce. Escondiste a Noelia y
su sensibilidad y me diste lo que yo, en cierto modo, me merecía escuchar ¿verdad canija? Y por favor,
no me mientas.
Boquiabierta por escuchar aquello murmuró:
—Yo… yo te quería, te adoraba por ser como eras, por mirarme como me mirabas, por reírte
conmigo por lo mal que cocino, pero…
—Canija ven…
—No.
—Ven cielo…
—No —gruñó ella—. Hemos tenido dos oportunidades para darnos cuenta que lo nuestro no puede
funcionar. Somos demasiado diferentes. Nuestros mundos son demasiado dispares y… y… a mi me gusta
ser actriz, ¡quiero ser actriz! Tanto como a ti te gusta ser un geo español. Tú no soportas que yo bese a
otros por exigencias del guión, y yo no soporto que te juegues la vida cada vez que sales de casa y te
diriges a alguno de esos peligrosos operativos. Además, está la prensa y sus continuos cotilleos y…
—¿Y?
Sorprendida por aquella pregunta y cada vez más aturdida por cómo la miraba, se retiró su rubio pelo
de la cara y aclaró:
—Pues que yo no puedo ofrecerte lo que tú necesitas por que mi mundo está plagado de cámaras,
fotos, indiscreción, preguntas y…
—Ven cielo…
—No… escúchame —exigió ella—. Tú adoras tu anonimato, tu tranquilidad y yo no puedo darte eso.
La prensa, ellos…
—Les miraremos y les diremos eso de: ¿Y a ti que te un porta?
Noelia sonrió, pero segundos después cambio su gesto.
—Por favor vete. No lo hagas más difícil.
Pero Juan no se movió y clavando su oscura mirada en ella dijo.
—Vi la entrega de los Oscar y creí entender que sentías algo por mí.
Asombrada porque él hubiera escuchado su breve discurso, tragó el nudo de emociones que tenía
atascado en la gar ganta y cogiendo otro nuevo kleenex se sonó la nariz.
—¿Vista la entrega de premios? —él asintió y ella bajando sus defensas cerró los ojos y dijo—: Oh
Dios… soy patética ¡patética!
—Mi sueño eres tú —insistió acercándose a ella—, Y voy a luchar por ti, quieras o no. Y si hoy no
me crees, mañana te buscaré y volveré a decirte que te quiero para que te des cuenta que soy real y que
quiero hacer todos tus sueños realidad. Y si mañana sigues sin creerme, te seguiré como tú hiciste
conmigo en Sigüenza hasta que conseguiste que no pudiera vivir sin ti.
—No sé por qué dije aquello… —murmuró confundida por las cosas tan bonitas que Juan le decía—.
Estaba tan feliz por haber ganado el Oscar que… que se me fue la lengua como a Tomi y ¡oh Diosss!
Aquel descuido fue el que Juan aprovechó para acercarse a ella, quitarle el Oscar de las manos y
abrazarla. Sin tacones aún era más pequeña de lo que recordaba y al aspirar el perfume de su pelo y su
piel sonrió. Por primera vez en aquellos duros meses, su cuerpo sintió que estaba donde tenía que estar.
Con ella. Durante unos segundos permanecieron callados y abrazados.
—Escúchame, cielo —ella le miró—. En España se dice que a la tercera va la vencida y esta vez le
prometo que nada nos va a separar. Te quiero, me quieres y juntos vamos a encontrar la mejor opción
para que podamos vivir y ser felices desempeñando nuestros trabajos.
—Vaya…
—Si. Vaya. —sonrió mirándola.
Tras darle un rápido beso, se arrodilló ante ella y con un gesto que a la joven no se le olvidaría en su
vida, murmuró mientras le ataba en la muñeca una nueva cinta de cuero de todo incluido:
—Sé que he sido un idiota por no darme cuenta que tú siempre has sido Noelia conmigo y con los
míos —prosiguió él con seguridad—. Sé que la vida no es de color de rosa como tú en ocasiones te
empeñas en pintarla —ella sonrió—. Pero me he dado cuenta que tampoco es de color gris como yo
muchas veces me empeño en verla. Nunca he creído en el romanticismo, ni en el amor, ni en los finales
felices hasta que te conocí a ti, y tú, canija, desbarataste mi vida y yo me he enamorado de ti como un
loco.—
Ay Dios… —murmuró emocionada.
—Si me das la oportunidad de poder mostrarte cuánto te quiero y enmendar todos mis errores,
prometo que te voy a cuidar, te voy a mimar, voy a enfadarme contigo cuando dejes a Senda subir en la
cama, voy a besarte cada mañana y cada noche cuando regrese de trabajar, te voy a apoyar en tu carrera
como actriz y, sobre todo y ante todo, prometo hacerte tan feliz que nunca querrás separarte de mi.
Boquiabierta por aquella preciosa declaración de amor, sintió que él le ponía un anillo en un dedo.
Al ver de qué se trataba ella sonrió. Juan le había puesto el horroroso anillo de dados que diez años atrás
se pusieron ante un juez vestido de Elvis Presley en Las Vegas.
—¿De dónde los has sacado? —al ver que él sonreía, ella murmuró— … Tomi.
—Sí… gracias a él, he podido llegar a ti —y mirándola con auténtica adoración susurró—: Recordé
que me dijiste que guardabas estos anillos en un joyero de tu habitación corno tu seguro de vida —ella
sonrió—, y perdóname, pero tu seguro lo estoy utilizando yo para conquistarte de nuevo.
Conmovida, emocionada y más feliz que en toda su vida Noelia miró lo que él le había puesto en la
mano y susurro divertida:
—Es horrible. Mas feo no puede ser.
—Lo se preciosa, pero yo te compraré el que tú quieras.
—¡¿El que quiera?!
Al entender aquella mofa, Juan sonrió y dijo:
—Estrellita, empeñaré mi alma al diablo, si es necesario, para darle a la mujer que amo el anillo que
se merece. —Y aún con la rodilla clavada al suelo preguntó con voz ronca por la emoción—. ¿Quieres
casarte conmigo?
Con el corazón latiéndole a mil por hora y emocionada por aquel bonito final de película ella cerró
los ojos y respondió:
—Si, Xman. Por supuesto que quiero casarme contigo.

Epílogo

Meses después…

La vida, para el geo español y la actriz de Hollywood, nunca volvió a ser la que era. Cuando se
confirmó su romance la prensa se volvió loca. Todos querían información. Pero fue Eva, la hermana de
Juan, quien animada por los protagonistas de la historia, les hizo una entrevista con fotos y firmó la
exclusiva. Aquel magnífico reportaje, y ser la cuñada de una de las mujeres más queridas de Hollywood,
reportaron a Eva un buen trabajo en una agencia de noticias y mucha credibilidad.
La boda se celebró en julio, en la catedral de Santa María de Sigüenza, y esta vez la actriz sí que
pudo reservar todo el parador. Manuel, el abuelo Goyo, Tomi, las hermanas y los compañeros de Juan
estaban felices por el acontecimiento. Aquella era una verdadera boda por amor y eso era lo que
importaba.
En el parador se alojaron los invitados. Actores y directores venidos de todo el mundo saludaban a
las personas y a la prensa que copaba las calles a su paso. Solo faltaron Steven Rice y su mujer. Su
padre, por una vez en su vida, no se comportó como un hipócrita y se negó a acudir a una boda que no
aprobaba. Aquella noticia sorprendió a todo el mundo excepto a la novia, quien encogiéndose de
hombros, aceptó su negativa a acudir al evento. Así habían sido siempre las cosas con su avinagrado
padre y así lo seguirían siendo.
Tomi actuó como padrino de boda y Rocío, la sobrina de Juan, como madrina. Fue una boda
maravillosa donde lodos fueron felices e incluso comieron perdices, los novios estaban guapísimos y
Sigüenza, por unos días, se convirtió en la capital del mundo. El enlace entre la estrella de cine Estela
Ponce y el policía español, fue la gran noticia del año y copó todos los noticieros.
En septiembre, Noelia tuvo que marcharse a Los Angeles. Tenia una película que rodar y el trato era
que ambos continuarían con sus vidas y así lo hicieron. Pasó octubre, noviembre y con diciembre regresó
Noelia.
Juan, nervioso y deseoso por ver a su mujer, llegó al aeropuerto de Barajas acompañado por varios
de sus amigos. En aquel tiempo había aprendido cómo funcionaba la prensa y sabía que aquella mañana,
en el aeropuerto, necesitaría a sus colegas.
Durante la espera, rio con Lucas, Damián y Carlos, y aunque parecía relajado, por dentro estaba
como un flan. El hombre autosuficiente y que siempre había controlado su vida, se deshacía al pensar en
la joven que tenía que salir por aquella puerta de un momento a otro. La había añorado cada segundo del
día y de la noche y aunque había hablado con ella todos los días por teléfono o enviado cientos de
correos electrónicos, ella por fin iba a regresar a casa. Su casa.
Los periodistas, al ver a Juan llegar a la terminal 4, le rodearon y comenzaron con sus incesantes y a
veces impertinentes preguntas. Con paciencia, Lucas y los demás se los quitaron de encima al tiempo que
aprovechaban para ligar con alguna que otra reportera. Las preguntas seguían poniendo muy nervioso a
Juan. ¿Cómo podían ser tan indiscretos? Pero con humor y paciencia aguantó estoicamente el momento.
Por su mujer era capaz de soportar lo que fuera. Ella se lo merecía.
Emocionado por ver a su canija, portaba en su mano un bonito ramo de flores multicolores mientras
observaba con las pulsaciones a mil cómo la puerta de salida de pasajeros se abría y cerraba. Aquel
encuentro era muy especial, y solo los dos sabían el porqué. Con curiosidad disfrutó y observó como la
gente, al ver llegar a sus seres queridos, sonreía para luego abrazarse, algo que él estaba deseando de
hacer.
Diez minutos, después la puerta se abrió, y allí estaba ella.
Tan preciosa como siempre vestida con unos vaqueros, una camisa blanca y su bonito pelo cayéndole
sobre los hombros.
Sus miradas se encontraron y sin importarles los continuos flashes y los cientos de ojos que los
observaban, corrieron a su encuentro para besarse. Por fin… Durante unos segundos se besaron sin
hablarse, hasta que Juan separándose unos milímetros de ella murmuró.
—Hola canija. Te he echado mucho de menos.
—Hola cielo —sonrió ella feliz.
Sin separarse ni dejar de demostrar el amor que sentían a pesar de los cientos de flashes y de las
miradas indiscretas de todo aquel que reconocía a la actriz Estela Ponce, Juan preguntó entre susurros:
—¿Cómo está mi preciosa mujercita?
—Deseando verte —asintió encantada. Y, separándose de él, preguntó dándose una vuelta para que la
observara—: ¿Cómo me ves?
Recorriendo su cuerpo con verdadera pasión, Juan suspiró.
—Maravillosa —y tras abrazarla para deleite de los fotógrafos le murmuró al oído—. ¿Te encuentras
bien cariño?
Ella asintió. Hacía dos meses que sabía que estaba embarazada y nadie, a excepción de él, conocía la
noticia. Era su secreto y esperaban que así fuera durante algún tiempo más.
El barullo que se organizó a su alrededor era tremendo. Fotógrafos, pasajeros y periodistas
intentaban acercarse a ellos, a pesar de que Lucas, Damián y Carlos se lo impedían. Les protegían.
Tras muchos empujones y cientos de preguntas sobre sus vidas, caminaron hacia el aparcamiento
cogidos de la mano. El mundo no existía. Solo existían ellos dos y sus ganas de demostrarse su amor.
Cuando llegaron al aparcamiento, era tal la nube de periodistas que les rodeaban, que Noelia y
levantando la mano dijo mirando con una sonrisa a todos aquellos:
—De acuerdo… de acuerdo, contestaré a algunas preguntas. Pero recuerden, ni mi marido, ni sus
amigos responderán a nada de lo que se les pregunten por su trabajo ¿entendido?
—La artista es ella —añadió Lucas haciendo reír a todos.
Juan, tras soltarla a regañadientes de la mano, metió las maletas en el coche y antes de que
comenzaran a preguntar los periodistas, se acercó a ella y acercándose a su oído le preguntó.
—¿Estás segura cielo?
Ella asintió. Conocía cómo funcionaba aquello y lo mejor era responder a algunas preguntas y así
todos quedarían contentos.
—Estela ¿cuánto tiempo tiene pensado quedarse de nuevo en España?
—Varios meses. No sé si serán tres o siete… pero de momento voy a descansar. El rodaje de la
película de aventuras que acabo de terminar me ha dejado agotada —respondió con una preciosa sonrisa
que a Juan le hinchó de orgullo.
—La promoción de la película que acaba de rodar ¿es cierto que comenzará en España?
—Sí.
—¿Por qué? —insistió el reportero.
Encogiéndose de hombros sonrió y respondió:
—¿Y por qué no? Ahora vivo en España ¿por qué no comenzarla en este precioso país?
Los periodistas sonrieron por la respuesta.
—Hemos sabido que usted ha exigido a su representarte hacer menos películas al año ¿es cierto?
—Sí —asintió sorprendiendo a Juan—. Como máximo haré dos películas. El resto de mi tiempo se lo
quiero dedicar a mi marido y a su maravillosa familia, que ahora es también la mía.
Aquello dejó le boquiabierto. Cuando le había comunicado lo del embarazo él no lo había exigido
nada. Pero ella, una vez mas, había vuelto a sorprenderlo. Orgulloso y feliz por ver como aquella
pequeñaja manejaba las cámaras y sus respuestas sonrió y se apoyó en el coche.
—¿Es cierto que ha firmado con Miramax para hacer una película sobre la vida de la que fue primero
actriz y luego princesa, Grace Kelly?
—Oh sí. El rodaje comenzará a finales del año que viene y estoy muy emocionada con ese proyecto.
Así estuvieron durante más de quince minutos. Los periodistas preguntaban y la actriz Estela Ponce
escoltada por aquellos cuatro gigantes, a pesar del cansancio por el jet lag y el embarazo, respondía. Una
vez se dio por terminada aquella improvisada rueda de prensa, los cuatro hombres y la actriz se montaron
en el coche de Carlos mientras la prensa se alejaba.
—Hola, preciosa —saludó Lucas dándole un beso en la mejilla—. ¿Qué tal por esos mundos?
—Genial, pero ahora que estoy aquí con vosotros, mejor —sonrió saludando con cariño a aquellos
hombres que tanto la cuidaban y en especial cuidaban a su marido—. Por cierto Carlos, espero que no te
pongas nervioso, pero a tu churri le traigo recuerdos de Vin Diesel. Dice que se divirtió muchísimo con
ella en la boda y que espera volver a verla.
—Ese alucina. A ver si al final le voy a tener que sobar los morros —se mofó Carlos divertido.
—Por cierto ¿dónde está nuestro Tomi? ¿No venía contigo? —preguntó Damián.
Noelia soltando una risotada miró a los cuatro hombres que la observaban y soltó.
—Lo siento chicos, pero está en Hawaii con su Peterman.
—Por el amor de Diorrrr —se guaseó Lucas—, ¿Nos ha cambiado por ese inglés escuchimizao?
—Os manda muchos recuerdos y me ha dicho literalmente que os diga que muere por sus Xmen
preferidos pero que Peterman le hace vivir en las nubes y que mientras pueda no se quiere bajar.
Aquello provocó una risotada general. La amistad que Tomi había logrado con aquellos rudos
hombres era magnifica, y se demostraba en el cariño y en el respeto que se tenían. Juan, que hasta el
momento había permanecido callado, descoso de tener toda la atención de su mujer, la agarró de la
barbilla y susurró ante todos sin importarle.
—¿Te he dicho ya que estas preciosa y que te he echado mucho de menos cariño?
—Joderrrrrrrr qué pasteladaaaaaa —se mofó Lucas tapándose los ojos al escuchar aquello.
—Eso es amor Mariliendre —rio Carlos, y mirando al rudo de Lucas, señaló—: El día que llegue la
mujer que te descoloque la vida, ya verás, auguro que serás el más pasteloso de todos. Recuérdalo.
—Tú lo flipas hombre —se mofó aquel al escucharle.
Sin importarles las mofas, ni los comentarios de sus amigos, Juan atrajo a su mujer y volvió a besarla
con devoción. Llevaba meses deseando hacerlo y ahora que la tenía junto a él no pensaba reprimirse.
Damián que iba sentado en el asiento de atrás con ellos protestó divertido:
—Joder macho. Espera a llegar a tu casa para hacer eso. Que uno no es de piedra.
Una vez el coche se puso en marcha, entre risas y burradas, llegaron hasta el lugar donde Carlos
debía introducir el ticket para salir del parking. De nuevo los periodistas rodearon el coche.
—¿Pero qué les pasa otras vez a estos? —protestó Carlos.
Sorprendida por aquella nueva nube de periodistas, la joven actriz suspiró y, tras pedirle a su marido
un segundo con la mirada, le besó y bajó la ventanilla. Dos segundos después, uno de los periodistas
metió la alcachofa dentro del coche y preguntó:
—Nos acaba de decir un pasajero de su vuelo que la vio tomando hierro en las comidas ¿es posible
que esté embarazada?
Juan y Noelia se miraron y sonrieron. Aquel era su mundo a partir de ahora, y tras entenderse con la
mirada, ambos miraron al periodista y con una gran sonrisa respondieron justo en el momento en que la
valla del parking se abría y Carlos pisaba el acelerador:
¿Y a ti qué te importa?

FIN

GRACIAS MIS AMORES POR SEGUIR ESTA LECTURA

SÉ QUE HUBIERON DÍAS DONDE NO PUDE PUBLICARLA Y POR ELLO ME DISCULPO

AGRADEZCO ENORMEMENTE POR SUS COMENTARIOS Y ESPERO QUE EN NUESTRA SIGUIENTE LECTURA

LA CUAL ESPERO COMENZARLA EL LUNES 14... 

GRACIAS, GRACIAS, GRACIAS

REALMENTE ESERO DE TODO CORAZÓN QUE LES HAYA GUSTADO

BESITOS

XOXO

JHULY

miércoles, 9 de abril de 2014

CLUB DE LECTURA - Y A TI QUE TE IMPORTA - CAP. 59, 60 Y 61


59

Cuando regresó a su hogar en Los Angeles, Noelia estaba destrozada. Haber perdido a Juan era lo
más dramático que le había ocurrido después de la muerte de su madre y de su abuela y cuando escuchó
el mensaje que él le había dejado en su móvil, creyó morir. No quería a salir de su casa. Solo quería
llorar y compadecerse de sí misma. Su glamurosa vida la ahogaba y nadie parecía darse cuenta de ello a
excepción de Tomi y alguno de sus amigos. Tres días después y mientras preparaba su maleta para viajar
a Tokio junto con todo el equipo de la película Brigada 42, aparecieron su padre y su mujer en su casa.
La bronca que mantuvo con ellos fue monumental, histórica. Eran incapaces de tener un ápice de
humanidad ante los sentimientos de ella. Se limitaron a reprocharle su inadecuado comportamiento
mientras su padre mandaba notas a la prensa para intentar explicar su boda años atrás. Finalmente,
cansada de escucharles, Noelia tomó una decisión: les echó de su casa. Lo que menos les importaba a su
padre y a aquella odiosa mujer era cómo se encontraba ella. Su padre se marchó muy ofendido. Su hija
estaba tan loca como su difunta mujer y su comportamiento, día a día, así lo manifestaba.
Como siempre contó con Tomi, su amiga Salma y pocos más. Aquellos fueron quienes se preocuparon
de que comiera, durmiera y se marchara de viaje a Tokio. Un cambio do aires y distracción era lo que
necesitaba.
Una de las mañanas, tras haber regresado de su viaje, la joven Estela Ponce, en la preciosa suite de
su casa do Bel Air se probaba varios vestidos de noche. La gran gala de los Oscar se acercaba y tenía
que decidir que llevaría. Hacia mes y medio que había regresado do España y su vida aun estaba patas
arriba.
—Uis my love el vestido de Elie Saab está hecho para ti.
—No me convence —suspiró ella mirándose en el espejo.
Veinte minutos después Tomi volvió a la carga.
—Por el amor de my life ese Dolce & Gabbana te queda de infarto.
Noelia se miró al espejo. Aquel vestido de pedrería negra y corte sirena realzaba su figura pero
tampoco le emocionaba. Quitándoselo se sentó sobre la cama, cogió una galleta Oreo y su primo
murmuró:
—My love, tienes que cambiar tu actitud. ¡Para de comer! —gritó quitándole la galleta—. De nada
sirve que continúes así. ¿Noves que lo único que haces es sufrir?
—No puedo hacer otra cosa —murmuró arrancándole la galleta con gesto hosco.
—Sí… si puedes, mueve tu lindo trasero y ve a buscar al Xman.
Durante todo aquel tiempo Noelia había pensado mil veces en coger un avión e ir en busca de la
persona que más quería en el mundo, pero el miedo la atenazaba y le recordaba que ella no sería más que
un problema para él. Días atrás Eva la había llamado por teléfono y le había explicado lo que Garlos le
había relatado y le reveló también la verdad sobre cómo las fotos y la noticia llegaron a todas las
redacciones. Escuchar aquel relato consiguió que el corazón le latiera a mil. Saber que Juan aún sentía
algo por ella la hizo irremediablemente feliz. Pero tras analizar la situación y darse cuenta de que él no
había movido ni un dedo para ir a verla, se desmoralizó. Estaba cansada de ser ella la que siempre fuera
tras él. Quizá la quisiera, pero no lo suficiente como para tragarse su orgullo herido e intentar solucionar
el problema.
—Toma, pruébate este Calvin Klein, es precioso.
Como una autómata, Noelia se levantó, dejó la galleta y se probó aquel vestido clorado. Cuando se
miró en el espejo ni siquiera veía su reflejo.
—Es bonito, pero no.
Durante más de tres horas se probó más de cincuenta vestidos. Todo eran diseños de Valentino, Vera
Wang Louis Vuitton, Dior, Gucci Première, Marchesa, Givenchy y nada, ninguno consiguió emocionarla.
—Por el amor de Diorrrrr —protestó Tomi—. Estoy agotado.
Noelia se sentó en la cama, y vestida con un body de raso gris marengo, se echó hacia atrás y se
tumbó. Durante unos segundos cerró los ojos y resopló.
—¿Y si no voy a los Oscar?
El chillido de horror que escuchó, la hizo dar un salto en la cama.
—¡Ahhhhhh! Tú estás crazy. ¡Loca! ¡Loca! No digas eso. No-te-permito-que-digas-eso.
—Tomi, por Dios ¡qué susto me has dado!
Con la mano en el pecho y gesto desencajado murmuró:
—A ver my love, escúchame. Entiendo que no tengas ganas de nada por culpa de ese man divino que
vive en Spain, pero si has decidido continuar con tu life, ¡adelante! y si quieres correr hacia él, ¡hazlo!,
pero decide lo que quieres hacer.
Noelia le miró.
No podía dejar de pensar en Juan. Si realmente la quería, se había enfrentado a sus mandos e iba a
hacerle cara a la prensa, ¿por qué no se había puesto en contacto con ella? ¿Por qué se había ido a Irak?
Sonó el móvil de Noelia. Era Salma, quien tras interesarse por su estado anímico, consiguió
arrancarle una sonrisa. Ella, Tomi, Mike Grisman y Jenny eran los únicos que se preocupaban realmente
por ella. Desde que había regresado de España no le habían faltado sus llamadas y eso era de agradecer.
—¿Vendrás a la cena del día veinticinco?
—No lo sé. La verdad es que no tengo muchas ganas. Mike me ha pedido que vaya con él, pero no sé.
—Vamos a ver. Te lo voy a preguntar y quiero la verdad ¿Estás con Mike? —le preguntó su amiga
entre risas.
—No. Solo somos amigos. Pero reconozco que esta muy pendiente de mí desde que llegue.
—La verdad es que Mike es un poco estirado pero simpático. Aunque entre tu y yo, creo que no es tu
tipo, Aquello hizo sonreír a Noelia.
—Salma, ¿por qué crees que es estirado y que no es mi tipo?
—Ay cielito, aún recuerdo cuando hace una semana hice la barbacoa en mi casa. Todos tan de sport,
con los jeans y él tan relindo con su traje beige.
—Sí, me acuerdo perfectamente —sonrió al recordar lo incómodo que estaba aquel con los amigos
mexicanos de su amiga.
—Y en cuanto a lo de tu tipo, tú necesitas alguien diferente. Alguien que te mire y Le haga vibrar.
Alguien que te despierte con besos de mariposa, recuerde el día de vuestro aniversario y no controle todo
lo que comes y eso Mike Crisman, por muy guapo que sea, no lo cumple ¿me equivoco?
—No. No te equivocas. Pero es tan amable conmigo que…
—La amabilidad no es lo que a uno le llena el corazón y aunque suene mal lo que te voy a preguntar
lo haré: ¿que pasa con el guapo español? ¿Le olvidaste ya?
Tras un corto silencio Salma respondió por ella.
—No contestes, ya lo hiciste. Mira cielo, piensa qué es lo que quieres. Yo me casé con un hombre
que nada tiene que ver con la meca del cine y mírame ¡soy feliz! Me paso media vida viajando de acá
para allá, y a veces discuto con él por escenas algo hot que tengo que hacer en las películas, pero le
quiero, me quiere y me compensa mi vida con él.
—No es el caso Salma, ya te conté.
—Mira cielito, ya déjate de rollos que no me convences. Entre dos personas que se quieren, solo hay
que mirarse a los ojos para llegar a un entendimiento. Si tú le quieres, y él le quiere, déjale de orgullos,
amárrale bien fuerte y cómete la vida con él.
La positividad de su amiga siempre la hacia sonreír. Pero por mucho que ella lo quisiera, y por
mucho que Eva dijera que su hermano la quería, él dejo muy claro en su mensaje de móvil que no quena
volver a verla nunca, y ella no quería volver a interferir en su vida. Otra vez no.
Tras hablar un rato con su amiga, y quedar en verse con ella aquella misma noche, miró a su primo
que charlaba con el guapísimo jardinero que tenía contratado y dijo:
—Llama a Mike Grisman y dile que iré con el esta noche a la fiesta de Marlene.
—¿Segura queen mía?
Ella asintió, y tras mirar el vestido de Givenchy lo cogió entre sus manos y respondió mirándose en el
espejo:
—Tan segura como que me voy a poner este vestido para los Oscar.
Al día siguiente en la prensa mundial se leyó el siguiente titular:
«Estela Ponce y Mike Grisman ¿boda a la vista?»

60

El veinte de febrero, Juan llegó a España procedente de Irak y su padre y el abuelo Goyo fueron a
recibirle al aeropuerto. Llegaba en un avión militar junto a otros compañeros y al ver a aquellos dos
seres que tanto quería su cara se iluminó. Estaba cansado y agotado y solo deseaba dormir y descansar.
Iras fundirse con ellos en un entrañable abrazo, los tres hombres de la familia Morán caminaron hacia el
coche de Manuel y entre risas y bromas llegaron a Sigüenza.
Por la tarde, después de comer en casa de su padre con la familia y recoger a una histérica Senda,
que al verle no paró de saltar y ladrar emocionada, cogió su coche y se marchó a casa. Deseaba llegar a
su hogar. Cuando llegó suspiró aliviado al ver que no había ningún periodista, y sonrió al pensar con
amargura la pesadilla acabó.
Al entrar y cerrar la puerta un extraño y hueco silencio le envolvió. Dejó su petate en el suelo y miró
al frente mientras la perra, encantada, husmeaba en el salón. Los recuerdos vividos antes de su marcha
inundaron su mente con más fuerza que un devastador tsunami. Agobiado, cerró los ojos y susurró:
—De acuerdo. Terminemos con esto de una puta vez.
Cogió su petate y se dirigió hacia el salón y lo recorrió con la mirada. Todo estaba en su lugar. Todo
estaba limpio, pero al mismo tiempo vacío. Se dio la vuelta y caminó hacia la cocina. Una vez allí cogió
la cafetera, la llenó de agua, echó café en el filtró y la encendió. Después subió a su habitación y tras tirar
el petate sobre la cama se desnudó y entró en el baño. Diez minutos después y con algo de mejor humor
salió de la ducha, abrió uno de los cajones de la cómoda y tras secarse con la toalla vigorosamente se
puso unos boxer oscuros. Camino descalzo hasta su armarlo y sin mirar la cama lo abrió.
Cogió unos vaqueros y una sudadera gris y mientras se la ponía sus ojos se fijaron en algo que se
había caído sobre el suelo del armario. Se agachó y al cogerlo blasfemó. Allí estaba la pequeña camiseta
oscura que ella había usado para dormir.
Sin poder evitarlo se la acercó a la nariz y la olió. Aquel olor era el de ella. Un olor que había
añorado todos y cada uno de los segundos de su desorientada existencia y que ahora añoraba todavía más.
Con rabia recordó los titulares que había visto en las revistas «Estela y Mike ¿boda a la vista». Ni en
Irak había podido alejar de su vista aquellas noticias. Finalmente decidió acabar con aquello y metiendo
aquella camiseta en un cajón, directamente bajó a la cocina.
Una vez allí cogió un vaso y sacó un cartón de leche del mueble. Lo abrió y se sirvió. Calentó el café
con leche en el microondas e instintivamente abrió el mueblecito de las galletas y las vio. Allí estaba el
paquetito azul de las Oreo que tanto le gustaban a ella. Cerró el mueble de golpe y sin coger el café se
dirigió de nuevo al salón. Rebuscó entre los CD de música y puso uno en el equipo. Al escuchar los
primeros sones de aquella canción se le puso la carne de gallina.

At Last my love has come along / Al fin mi amor ha llegado
My lonely days are over / Mis días solitarios han acabado
And life is like a song / Y la vida es como una canción
At Last […] / Al fin […]

Mientras la voz de Beyoncé inundaba el salón se tumbó en el sillón con el mando del equipo en la
mano y cerró los ojos.
Ella me dijo que esta música me ayudaría a relajarme. Ella… ella… ella…
Por su mente pasearon sin control momentos vividos con ella. Recordó su cara de sorpresa cuando le
tapó la boca con cinta americana aquel día en el campo, su gesto de enfado el día que le tiró barró a la
cara, su asustado rostro al entrar por primera vez en casa de su padre, su chispeantes ojos al comer las
galletas Oreo sobre la cama, su divertida sonrisa cuando la hacía cosquillas, y su pasión en la mirada
cuando le hacia el amor. Añoró su boca, sus ojos, sus manos, su encanto y tuvo que sonreír al recordar lo
divertida que era y su maravilloso sentido del humor.
Las horas pasaron. Llegó la noche y Juan continuaba tumbado en el sillón escuchando la misma
canción, una y otra vez, mientras revivía recuerdos. Momentos vividos con ella. Instantes que se había
obligado a no revivir durante demasiados días. Pero que al llegar a su hogar, en soledad, se lo permitió.
Sonó el timbre de la casa y eso consiguió arrancarle de aquella dulce pero amarga agonía.
Arrastrando sin ganas sus piernas hasta la puerta, al abrir sonrió al encontrarse en la puerta a Garlos,
Lucas y Damián, junto a otros compañeros.
Entre risas y abrazos todos le saludaron, y cuando hubieron acabado con todas las cervezas frescas
que había en el frigorífico, decidieron salir a tomar algo.
Al llegar al Loop, Juan se dio de bruces con el Pirulas, que al verle suspiró, agachó la cabeza y se
acercó hasta su amigo dispuesto a lo que fuera.
Juan, al verle acercarse, se tensó. Sabía por Carlos y por Eva cómo llegaron las fotos de Noelia hasta
la prensa y deseó partirle la cara, pero era consciente de que todo lo ocurrido fue algo tramado por
Paula.—
Tranquilo Pirulas… no pasa nada.
—Joder macho —gimió aquel abrazándole ante todos— Lo siento. Siempre la cago contigo y con
ella. Lo siento. Me merezco que me partas la cara ¡lo sé! Y te aseguro que no voy a defenderme. Me lo
merezco… me lo merezco.
Durante unos segundos Juan se quedó quieto. Todos sus compañeros le miraban con gestó guasón.
Finalmente, tras sentir la pena de aquel, le dio un par de palmadas en la espalda y le susurró al oído:
—Te he dicho que no pasa nada, Pirulas, pero si no dejas de abrazarme creo que si pasará.
Rápidamente, aquel se soltó y entonces Juan, con una sonrisa, volvió a abrazarle con fuerza.
—Ven aquí hombre… yo también me alegro de verle.
Pasados aquellos primeros segundos de tensión, todo se relajó y durante horas el grupo de hombres
se divirtió jugando a los dardos, hasta que Lucas se acercó a unas jóvenes y Carlos murmuró:
—Vaya, Mariliendre ya está de caza.
Aquel pareció leerle los labios y, con una sonrisa, se acercó hasta ellos y se situó al lado de juan.
—Mi amiguita dice que estás muy bueno ¿quieres levantármela?
—Tranquilo, hoy no estoy de humor —respondió con mofa.
Aquel comentario hizo que Lucas sonriera y, sorprendiendo a aquellos dos, indicó:
—Si yo fuera tú, lo intentaría. Y no me refiero a esa jovencita de falda roja precisamente.
Juan clavó sus oscuros ojos en él y no respondió. Lucas prosiguió:
—Sé que no querrás hablar de ella, pero lo siento capullo, me vas a escuchar, Noelia es una mujer
maravillosa, y no porque sea Estela Ponce, que eso te guste o no la hace más atractiva, si no porque ella
ha sabido ver en ti algo que no ha visto en mi, y mira que no lo entiendo —se mofó—, porque estoy
infinitamente más bueno que tú. Así que, deja de hacer el gilipollas y llámala.
—¿Alguien te ha pedido consejo Mariliendre? —gruñó Juan.
—No divine —sonrió aquel imitando a Tomi— Pero como diría mi abuelo Pepe, el de Cádiz,
Camarón que se duerme se lo lleva la corriente. Por lo tanto, ¡espabila!
Dicho esto, levantó las cejas y se fue hacia el grupito de las jovencitas. Cinco minutos después ya
tenía en el bote a su presa.
—Joder con Lucas, y parecía tonto —murmuró Carlos sorprendido.
Juan resopló a modo de respuesta. Había regresado a su vida, y de nuevo todo comenzaba a
sobrepasarle. Carlos, al ver el gesto de aquel, aprovechó el momento y dijo sin importarle las
consecuencias:
—A ver Juan, ella…
—No me jodas churri, y no empecemos con lo mismo —protestó con gesto duro.
—Escúchame joder. Ella se fue porque no quería perjudicarte en tu trabajo. Le repetiste tantas veces
que era un problema, que al presentarse la prensa en tu casa y ver tu reacción decidió ponértelo fácil.
Ella te quiere tío… ¡te quiere!
Al escuchar aquello juan le clavó la mirada.
—¿Y eso ahora a qué viene?
—Viene a que tienes que saberlo y hacer algo.
Furioso y con rabia contenida siseó:
—¿Me quiere? Vaya… cuánto me alegra saberlo.
—Sí… te quiere ¿pero en qué idioma hay que decírtelo para que lo entiendas?
—Tú estás tonto, joder —resopló Juan y dio un trago a su cerveza—. Acaso no has visto que ella ha
rehecho su vida con Mike Grisman.
—Ese es un blandengue que no tiene media guantá. Si tú quisieras le levantabas a Noelia con una
mirada.
—No… ella ya ha elegido y yo no voy a hacer nada —y despechado sentenció—: Que se quede con
el Grisman.
—¿Noto cierto retintín en tu voz?
—Déjame en paz, Carlos.
Pero este continuó metiendo el dedo en la llaga.
—Vaya… me gusta saber que lees la prensa del corazón para saber de ella. Eso me hace pensar que
todavía te interesa esa mujer, aunque sea Estela Ponce.
—Mira, no tengo porqué hablar de esto y menos contigo —le espetó a su amigo levantándose de la
mesa con gesto desencajado.
—Oh sí… claro que lo harás —se levantó su amigo.
Dominando sus ganas de cogerle por el cuello para que callara y le dejara en paz Juan voceó:
—¿Te he dicho que quiera hablar de ello? ¿Te he preguntado yo por ella acaso?
—No. pero ya me conoces, soy algo marujil y entrometido. Estar casado con mi churri es lo que tiene
¡todo se pega!
Aquel comentario le hizo sonreír y Carlos prosiguió:
—Piénsalo. Ella te quiere, tú la quieres ¿Dónde está el problema?
—La llamé…
—¿La llamaste? ¿Cuándo? —preguntó sorprendido a su amigo.
—La noche que ella volaba hacia Los Angeles. Le dejé un mensaje en el buzón de voz. Le dije que no
quería volver a verla en mi vida. Le grité cosas terribles de las que me avergüenzo y sobre las que no
quiero volver a pensar.
Dando un empujón a Carlos para apartarle de su camino, Juan, se encaminó hacia la salida del local.
No estaba dispuesto a escuchar nada más. Lucas miró a Carlos y este, con un gesto, le indicó que no se
preocupara y fue tras él. Una vez fuera del local, Juan se encaró a su amigo.
—Se acabó Carlos, no quiero escuchar nada más. ¿Me has oído?
—Pues lo siento, porque creo que vas a tener que escucharme un poquito más.
Furioso, le dio un empujón acorralándole contra la pared.
—Maldita sea, Carlos. ¿Por qué coño te empeñas en recordarme algo que quiero olvidar?
—Porque como te dije una vez, sigues con el freno de mano echado y ya es hora de que lo bajes y
seas feliz ¡joder! Además, tenía ganas de comprarme la pamela para la boda.
Aquel comentario y la sonrisa burlona fueron el detonante. Juan le asestó un puñetazo. Sin calibrar su
fuerza, le dio tal golpe en el estómago que Carlos se dobló en dos. Pero este no se quedó quieto y, en
cuanto sintió que su amigo aflojaba su fuerza, levantó la pierna y le dio una patada con tanto impulso que
Juan acabó espatarrado en el suelo. Enfadado por su cabezonería miró a su amigo y, levantándose del
suelo, gritó:
—¡No te das cuenta de que quiero continuar con mi vida! ¿Por qué te empeñas en hacerme recordar lo
que no debo?
—Porque estás confundido y me parecerá estupendo que olvides, pero solo cuando conozcas la
verdad de los hechos, Noelia tuvo miedo a que la echaras de tu vida, por eso fue dura contigo y se fue sin
despedirse. No quería sentir tu desprecio. No quería ver cómo su presencia había arruinado tu trabajo.
Por eso huyó. ¡Piénsalo!
Boquiabierto por aquella revelación clavó sus oscuros ojos en su amigo.
—¿Y tú cómo sabes eso?
Con una tonta sonrisa, Carlos se acercó a él.
—Nenaza, uno tiene sus fuentes y te aseguro que son totalmente fiables.
Apoyándose en la pared para tomar aire, Juan susurró:
—No voy a dar marcha atrás Carlos…
—Pues harás muy mal pero por lo menos yo, a partir de ahora, podré dormir tranquilo por las noches
sabiendo que lo intenté y te dije la verdad. Ahora tú, y solo tú deberás decidir qué quieres hacer. Pero
estoy de acuerdo con Mariliendre: ¡Espabila!
Dos segundos después, los dos entraban de nuevo en el Loop donde se emborracharon.

61

Los días pasaron. Juan y Noelia conocían la verdad sobre cómo se filtró la información a la prensa y
sobre lo mucho que se echaban de menos, pero ninguno movió ficha. El daño que había sufrido en sus
corazones era tal que ambos decidieron pasar página y olvidar.
Juan continuó con su vida e intentó disfrutar de los días libres que le quedaban antes de
reincorporarse de nuevo a su unidad. Noelia hizo lo mismo y más cuando supo que él había regresado
sano y salvo de Irak. Saber que estaba bien era lo único que necesitaba para poder continuar viviendo.
El veinticinco de febrero, la víspera de la gala de la entrega de los Oscar, Noelia cenaba junto a
Mike Grisman y varios de los nominados a los premios. Todos se reunieron en el hotel Seminius para
disfrutar de una velada entrañable. En su misma mesa se sentó Salma con su marido y aunque no podían
hablar en privado porque estaban situadas una enfrente la una de la otra, se entendían con la mirada.
Durante la cena, Noelia comprobó que no muy lejos de su mesa estaba su padre con su mujer. Se
saludaron desde la distancia con un movimiento de cabeza. Su relación, tras regresar de España, se tornó
inexistente. La discusión que mantuvo con ellos había abierto brechas incurables. Aquel día, Noelia,
presa de su pena y su tristeza les pidió comprensión y afecto, algo que ellos decidieron ignorar. Aquella
frialdad fue lo que definitivamente le congeló el corazón. Estaba sola y así era cómo debía aprender a
vivir. Un ruido ensordecedor la sacó de sus pensamientos. Al girar la cabeza sobresaltada para ver qué
había sucedido, vio a un joven camarero en el suelo recogiendo la pila de platos que se le habían caído.
—Que torpe eres chico, y eso que solo tienes que llevar y traer platos —se mofó Mikel Crisman a su
lado haciendo reír a varios de los comensales.
El muchacho, al escuchar aquello, levantó la vista. En su mirada se reflejaba la rabia por aquel
comentario pero calló. Noelia, sin poder evitarlo, se fijó en la chapa que llevaba en la solapa de su
chaquetilla blanca. «Josh», leyó. Y levantándose de la mesa dijo mientras ayudaba al chico a recoger la
loza rota:
—No le hagas caso Josh. Ya me gustaría verle a él haciendo lo que tú haces.
Boquiabierto, el muchacho la miró y sonrió. Ante él estaba la grandísima Estela Ponce, ayudándole a
recoger los platos rotos y levantándole el ánimo.
—Gracias, señorita Ponce —sonrió aquel. Ella le guiñó un ojo.
—De nada, Josh.
Mientras ayudaba al muchacho, recordó el día en que otro camarero cayó a los pies de Juan en la
cafetería de Madrid. Su amabilidad y humanidad, nada tenían que ver con la de Mike. Al pensar en ello
sonrió, y con los recuerdos dando vueltas por su cabeza, acabó de ayudar al muchacho. Cuando volvió a
su asiento junto a Mike, este la recriminó:
—Estelle, ¿qué estabas haciendo?
—Ayudando a Josh —respondió tras guiñar el ojo a su amiga Salma, sentarse y ponerse la servilleta
sobre las piernas.
Después de que otro de los camareros les sirviera el segundo plato, Mike insistió acercándose a ella:
—Debes mantener tu posición social. Eres Estela Ponce, no una recogeplatos. ¿Qué pensaran los
demás sobre lo que has hecho?
La joven miró a los comensales que les acompañaban en la mesa y tras sonreír a su amiga respondió
con tranquilidad:
—Sinceramente Mike, los que son mis amigos ya me conocen y el resto me importa bien poco lo que
piensen —molesta por aquella llamada de atención le siseó—: ¿Qué pasa, tú nunca le has tropezado
¿Nunca has necesitado ayuda?
Incapaz de contestar a aquello el divo del cine miro a su alrededor hasta encontrarse con la mirada de
Steven Rice y farfulló malhumorado:
—Con solo mirar a tu padre, sé que piensa como yo.
—Pues ¡qué bien! —se mofó ella.
—Solo hay que ver cómo te ha mirado mientras…
Sin poder aguantar ni un segundo más, Noelia le miró con desdén.
—Lo que píense mi padre de mi, no me interesa. Por lo tanto cierra el pico, si no quieres que te lo
cierre yo delante de todos.
Durante unos segundos permanecieron callados mientras escuchaban el discurso que John Foswell
ofrecía, hasta que Mike, molesto por como ella le había hablado, volvió al ataque.
—No sé qué clase de tipo sería con el que has estado en España, pero a mi no me hables así —ella le
miró fijamente y preguntó:
—¿Qué estás diciendo Mike?
—No te hagas la tonta porque sé muy bien con quién estuviste. ¿Acaso crees que tu padre no me
mantuvo informado? Estuviste con un policía y, por tus recientes modales, presupongo que ni mucha
educación ni saber estar debía de tener.
Deseó darle un puñetazo allí mismo y saltarle los dientes, pero no, no debía hacerlo. Primero porque
no era lugar y segundo porque la educación debía primar ante todo, aunque aquel le estuviera
demostrando la poca que tenía. Finalmente, cuando comprendió la convenida relación que unía a aquellos
contestó con mofa:
—Vaya… me dejas impresionada. Mi padre y tú hablando de mí.
—Tu padre solo quiere que tu carrera no se hunda, y sabe que yo soy un buen poste al que amarrarse.
—¿Que tú eres qué? —preguntó sorprendida.
—Lo que has oído. Tú eres Estela Ponce, pero yo soy Mike Grisman, no lo olvides. Soy un hombre
que puede darte mejor vida que ese poli, además de la fama necesaria parar continuar con tu carrera.
—Vaya… —suspiró Noelia deseosa de haber tenido el garrote de el abuelo Goyo para darle aquel su
merecido.
Si algo tenía Juan era clase y saber estar. Mucha más que aquel divo hollywoodiense que se mofaba
del pobre chico que se había resbalado con los platos.
Molesto por la guasa que veía en su mirada, Mike se envalentonó y prosiguió.
—Quiero que sepas que he perdonado que te quedaras en España y tuvieras un romance con ese
policía, y si te perdoné fue porque tu padre habló conmigo y me hizo ver lo beneficioso de nuestra unión.
Noelia resopló cada vez más sorprendida. Ahora entendía la insistencia de aquel por invitarla a salir
una y otra vez. En el fondo todo era marketing. A Mike le convenía que le volvieran a relacionar con ella
y a su padre también. Ella era solo un negocio y eso le revolvió el estómago. Mike era como su padre.
Siempre lo había sabido, pero ahora lo confirmaba. Simplemente quería usarla igual que la mayoría de
los que estaban sentados con ella en aquella cena. Estaban allí en su propio beneficio, para ganar fama y
dinero.
—No me mires así, Estelle —prosiguió aquel—. Darte una nueva oportunidad es algo beneficioso
para los dos, para nuestras carreras. Un beneficio que ese vulgar policía no te puede dar. Pero quiero que
quede clara una cosa, no voy a consentir que me humilles ni me hables como lo has hecho hoy, ni ahora,
ni nunca.
Hasta aquí hemos llegado pedazo de burro pensó malhumorada.
Furiosa, levantó el pie y con toda la fuerza que pudo clavó su fino tacón de Jimmy Choo sobre el
zapato de Mike. Al ver que este disimulaba el gesto de dolor ante todos, se aproximó más a él con gesto
sonriente.
—Mira, guapo. Con lo que acabas de decir en referencia a mi padre lo has acabado de arreglar. En
cuanto a eso de que tu me estas dando una segunda oportunidad, no te lo crees ¡ni loco! Y por último,
para hablar del policía español le lavas la boca antes. Ese hombre, ese policía, no es vulgar. Es
maravilloso, ingenioso, divertido, cabezón y acurrucoso, y por si fuera poco todo lo bueno que te he
dicho, también es mil veces más hombre que tú. Tiene unos valores sobre la vida, la dedicación y la
familia que tú nunca conocerás. Y si vuelves a mencionarle en tono despectivo a él o a su familia, o a
acercarte a mí para algo más que no sea algo relacionado con el trabajo, te juro que lo vas a lamentar
¿entendido?
Mike asintió asustado y durante el resto de la velada no volvieron a dirigirse la palabra. Notó que
estaba muy enfadada y, si algo sabía de ella, era que cuando se enfadaba había que dejarle tiempo para
que entrara en razón. Noelia era muy temperamental y necesitaba su tiempo. Tras la cena, y algo más
calmado, Mike al verla de nuevo sonreír, se acercó con cautela y asiéndola del codo la apartó del grupo
donde estaba.
—Estelle, preciosa. He dicho que te perdono.
—¿Que me perdonas? —se mofó ella deseando tener a mano la cinta americana para taparle la boca
—. Vaya, es todo un detalle.
—Creo que mi comentario ha sido desafortunado y…
Tapándole la boca con la mano, ella, con una espectacular sonrisa murmuró:
—Oh no, Mike. Creo que el comentario sobre lo que es beneficioso para ti y para mi ha sido lo más
afortunado que has dicho en tu vida. Gracias a él me he dado cuenta de lo que quiero y lo primero que
quiero es no volver a tener nada contigo. A pesar de ser una pésima persona, eres un actor maravilloso,
pero lo poco que hubo entre tú y yo se acabó.
—¡¿Cómo dices?!
El padre de Noelia que los observaba desde hacía rato desde la otra punta del salón, al ver el gesto
de su hija y la cara de Mike optó por acercarse a ellos. Desde su tremenda discusión cuando llegó de
España no había vuelto a hablar con ella, pero al acercarse y escuchar la última frase pregunto:
—¿Qué es eso de que lo que hubo entre Mike y tu se acabó?
—Lo que has oído, ni más ni menos —respondió mirando a su padre.
—Estelle, tu relación con Mike es…
—Mi relación con Mike es nula— —cortó la joven. ¿Qué hacia su padre discutiendo con ella sobre
su vida?
—Lo siento Steven, pero tu hija hoy no está de humor —añadió el actor con gesto contrariado.
El poderoso cineasta, con el ceño fruncido, asió a su hija que le miraba con desprecio y, llevándosela
a un lateral del salón, lejos de ojos indiscretos siseó:
—Estelle haz el favor de comportarte como la mujer que eres. El que Mike y tú estéis juntos pued…
—Cállate papá —respondió con odio— Yo no tengo ninguna relación con Mike, ni la voy a tener
porque no le quiero.
—Siempre ocasionando problemas… siempre.
—No papá, yo no te ocasiono nada —respondió con seguridad—. Eres tú el que se empeña en querer
controlar mi vida y cuando ves que se escapa de tu férreo control te desesperas. Vamos a ver ¿cuándo te
vas a enterar que la única que puede decidir sobre mí misma soy yo?
—Cuando me demuestres que eres capaz de pensar con sensatez y no como tú madre, con el corazón.
Esto es la industria del cine y aquí hay unas normas que acatar. Tu actitud y tu negativa a aceptar ciertas
cosas me recuerda a ella, y eso solo te perjudicará.
Aquello le dolió. Que mencionara a su madre le revolvió las tripas. Su padre sabía todo lo que ella
había sufrido con su muerte. Y cómo si le hubieran metido los dedos en un enchufe Noelia explotó llena
de ira.
—Nunca la quisiste a ella y nunca me has querido a mí. Pero la diferencia que hay entre mamá y yo,
es que ella no supo ver lo dañino que eras y yo sí. Si tengo algo que agradecerte es la oportunidad que me
dio la meca del cine por ser tu hija. ¡Solo eso! Pero mi cuenta está saldada contigo desde lince mucho
tiempo y…
—No le consiento que me hables así Estelle. Tu madre era un ser débil que…
—Que le quería maldito imbécil —siseo con odio—. Mamá era una mujer demasiado buena para ti
que solo demandaba un poco de tu valioso tiempo y tu cariño para que la quisieras. Pero solo consiguió
pequeñas migajas del gran Steven Rice hasta que no pudo más y tomó aquella terrible decisión. Pero yo
no soy ella, no lo olvides. Yo tengo tu fuerza y su bondad. No soy un problema. Aprendí a no querer
migajas tuyas desde muy pequeña y te aseguro que a día de hoy soy una mujer de treinta años que sabe
muy bien lo que quiere y, sobre todo, que tiene muy claro quién la quiere. Y ni tú, ni la tonta de tu mujer,
ni Mike podéis darme lo que yo necesito porque no me queréis. Por lo tanto papá, no vuelvas a decirme
con quién he de estar o no porque el poco respeto que te tengo porque eres mi padre y porque la abuela
me lo pidió, se puede desvanecer en un segundo y te aseguro que lo vas a lamentar. —Steven Rice
impresionado no podía despegar los labios—. Pero no lamentarás perderme como hija, porque nunca me
has tenido, si no porque si la prensa se enterará de tu comportamiento conmigo y eso ocasionará un gran
escándalo que tú ¡don poderoso! no se puede permitir. ¿Y sabes por qué? Porque sabes tan bien como yo
que la gente, el público, me quiere y te guste o no, Estela Ponce hoy por hoy, es tan fuerte y poderosa
como tú en la industria del cine.
—Estelle…
—No papá. No digas nada y ¡escúchame! Nunca más vuelvas a inmiscuirte en mi vida, ¿entendido?
Dicho esto, se dio la vuelta y se dirigió hacia la salida. Por fin le había dicho a su padre todo lo que
llevaba años guardando en su interior y se sintió liberada. Necesitaba respirar aire fresco y alejarse de
allí y de aquel ser que solo miraba por él mismo y por su negocio sin tener en cuenta que en la vida
también existen los sentimientos. En su camino la interceptó Mike quien, con gesto serio, le preguntó:
—¿Has recapacitado en cuanto a lo nuestro?
Tras soltar un suspiro de frustración la joven actriz lo miró y en un tono más conciliador se acercó a
él.
—Vale. Entiendo que eres un hombre y vuestra especie necesita su tiempo para procesar la
información. Pero no… lo nuestro no existe porque nunca ha existido Y una vez que te lo he dicho y
aclarado, piénsalo y procésalo, porque no te lo voy a volver a repetir ¿Okay?
Sin más, se acercó a su amiga Salma, la besó en la mejilla y quedó en llamarla al día siguiente.
Después se marchó. Quería regresar a su casa.

BUENO MIS AMORES PRECIOSOS Y MAÑANA YA SE TERMINA ESTA NOVELA TAN BELLA

ASÍ QUE ALISTEN PAÑUELOS Y TODO LO QUE TENGAN AL ALCANCE PORQUE MAÑANA ES EL DESENLACE DE ESTA HISTORIA

BESITOS

XOXO

JHULY

martes, 8 de abril de 2014

CLUB DE LECTURA - Y A TI QUE TE IMPORTA - CAP. 56, 57 Y 58


56

Aquel seis de enero fue el peor día de Reyes que Juan recordaba en toda su vida. Todos intentaron
estar felices y animados, pero les fue imposible. Lo ocurrido días antes les tenía desconcertados y tener a
la prensa las veinticuatro horas del día apostada en las puertas de sus casas no ayudaba. Tras la comida
de Reyes donde se repartieron sus regalos, sonó el timbre de la casa de Manuel, y una empresa de
regalos online dejó en casa de este el montón de regalos que Noelia había pedido días antes.
Todos, sorprendidos, se miraron los unos a los otros. ¿Qué debían hacer? Finalmente, Eva tomó
riendas en el asunto al ver la mirada perdida de su hermano.
—¿Qué hacemos?
—Abrirlos —respondió Javi convencido.
—En ese grandote pone Ruth —chilló la pequeña al ver su nombre.
Manuel, que hasta el momento no se había pronunciado, miró a su hijo que observaba aquella pila de
regalos y preguntó:
—Hijo… ¿Qué hacemos?
Enfadado con todo su entorno, el joven suspiró profundamente y respondió:
—Cómo ha dicho Javi, abrirlos. Si Noelia los compró para nosotros, que así sea.
Eva sonrió al escucharle y situándose junto a los regalos cogió primero el de Javi y se lo entregó. El
niño sonrió de oreja a oreja al descubrir que dentro de aquel enorme paquete había la equitación oficial
al completo del Barça, el equipo de sus amores, y una camiseta firmada nada menos que por Iniesta, junio
a un estupendo balón.
—Como molaaaaaaaaaaaaa —gritó el pequeño haciendo reír a todos.
La siguiente en recibir su regalo fue la pequeña Ruth, que al abrir el enorme paquete y ver la casa de
muñecas victoriana gritó:
—La que yo queríaaaaaaaaaaaaaa. Le dije a la tita Noe que me gustaba esta casita y ella me la ha
pedido a los Reyesssssssssss. Que buena esssssssssss.
Irene se acercó a su hija y le susurró:
—Noelia es muy buena, cielo pero no la llames tita ¿vale?
—¿Por qué?
—Porque no lo es mi amor.
La niña quiso responder, pero al ver el gesto de su tía Almudena pidiéndole silencio calló hasta que
Rocío, su hermana mayor, gritó:
—Ay Dios ¡que fuerte! —a punto del infarto sacó el abrigo de cuero de la última colección de
Jennifer López y los perfumes de la marca JLo que tanto le gustaban y gritó—: Dios… Dios…
Diossssssss ¡¡¡se ha acordado!!!
Juan, al ver la felicidad de sus sobrinos, sonrió. Verles tan felices con aquellos regalos le alegraba el
alma, aunque en cierto modo, también le partía el corazón. Pero consciente de que todos le observaban
disimuló todo lo que pudo y continuó sentado ante ellos manteniendo el tipo.
—Estos son es para Carlos, Laura, Sergio y Menchu —dijo Eva retirándolos—. Los guardaré y
cuando les vea se los daré ¿de acuerdo?
—Perfecto —asintió Irene sorprendida por los regalazos de sus hijos.
—Toma papá, esta es para ti —dijo Almudena tendiéndole una enorme caja.
Tras cogerlo, el hombre leyó en voz alta una notita:
Para que puedas hacer esas maravillosas
croquetas que estoy deseando probar.
Todos sonrieron y Manuel, boquiabierto, comprobó que la joven le había comprado una estupenda y
reluciente Thermomix.
—Uoooo papá —sonrió Eva—. Ya puedes volver a hacer las croquetas.
—Mmm qué ricas abuelo —aplaudió Javi encantado con su balón en las manos.
E1 hombre asintió conmovido porque ella se hubiera acordado de aquel detalle, y tras asentir
murmuró:
—Esta muchacha es un cielo de mujer.
—¿Para mi que hay? —preguntó el abuelo Goyo ansioso como un niño.
Con delicadeza, Eva le entregó un paquete alargado y el anciano rasgó el envoltorio.
—Un bastón con el pomo de oro. Le dije al gorrioncillo que mi bisabuelo tuvo uno justamente igual
que este y ella se acordó. ¡Que lindura de muchacha! —dijo con los ojos encharcados en lágrimas.
Juan no sabía si salir corriendo o qué hacer. Ella, la mujer que le había puesto su vida patas arriba,
no estaba físicamente allí, pero con aquellos regalos estaba más presente que nunca.
—¡Una cámara réflex! —gritó Almudena al abrir su paquete—. Noelia me ha comprado la cámara
que un día le dije que me gustaría tener. Oh Diosssssss y mirar lo que le ha comprado a Joel —entre
lagrimones abrió todos los paquetes.
—A ver Almudena —sonrió Irene al ver a su hermana con el kleenex en la mano—. Los regalos son
un motivo para sonreír, no para llorar, no comencemos ¿vale?
Pero aquellas palabras se las tuvo que tragar cuando vio la nueva radio para el camión de Lolo y, en
especial, las botas altas color chocolate a juego con el bolso de Loewe que la joven actriz había
comprado para ella.
—¿Quién es la llorona ahora? —preguntó Almudena sonriendo.
Eva deseaba abrir su regalo. Solo quedaban él de ella, el de Senda y el de Juan y tras mirar a su
hermano y ver su expresión desconcertada murmuro:
—¿Quieres abrir tu regalo?
—No… mejor abre el Luyo —respondió con voz ronca.
Incapaz de aguardar un segundo más, rasgó el papel y aplaudió cuando vio ante ella la caja de un
portátil nuevo. Tras abrirlo y gritar a los cuatro vientos que lo necesitaba para su trabajo todos miraron a
Juan y este tras resoplar cogió el regalo en el que ponía Senda y lo abrió. Un precioso collar de
Swarovski para perros apareció ante él e inexplicablemente cerró los ojos al recordar que ella siempre
decía «Senda… eres como una reina y te mereces un collar que te ilumine aún más»
—¡Como molaaaaaaaaaaaa! —gritó Rocío al ver aquel collar de piedras brillantes.
—¿Eso tan lustroso es para la jodia perra? —preguntó el abuelo Goyo sorprendido.
Juan sonrió por primera vez en la noche al escuchar el comentario de su abuelo mientras cogía el
regalo que su hermana Eva le tendía. Con la vista de todos clavada en él, abrió la tapa de la caja y cogió
un sobre. Su gesto cambió cuando vio que tenía ante él las escrituras de las tierras por las que su familia
estaba enfrentada con las Chuminas. Aquellas hectáreas por las que pasaba un pequeño riachuelo y que
tanto habían ansiado poseer. Junto a las escrituras había una nota pegada en la que ponía:
Ya son tuyas. Ahora solo falta que levantes
Tu hogar.
Arrancando con furia la nota pegada, para que aquellas palabras solo quedaran para él, les tendió los
papeles a su padre y su abuelo para que los vieran. Estos al ver de qué se trataba se quedaron tan
sorprendidos como Juan, y a pesar de las ganas que sintieron de saltar de felicidad, simplemente se
miraron y no dijeron nada.
—¿Tito y en la cajita que hay? —preguntó la pequeña y curiosa Ruth.
Todavía bloqueado por la situación y avergonzado por el mensaje que le dejó en el contestador de su
móvil la pasada noche y al que ella no había respondido, Juan miró en su interior y sonrió cuando leyó
otra nota:
Odio está música, pero tomo tú me gustas,
¡me pondré tapones en los oídos'.
Me dijiste que había algunos cd descatalogados de
AC/DC que no conseguías. ¡Pues aquí los tienes!
Ahora mírame… bésame y dime que soy la mejor
¿te parece buena idea?
Ahora mírame… bésame y dime que soy la mejor pensó Juan con amargura. Estaba claro que ella
querría haber estado allí en aquel momento y que él tenía claro que le hubiera gustado sonreírle y decirle
que efectivamente era la mejor. Eso le encogió el corazón, pero como siempre calló hasta que escuchó
que le preguntaban.
—Bueno cuenta ¿Qué te ha regalado?
Juan sacó un cd de la caja y dijo para saciar la curiosidad de todos.
—Una maravillosa discografía de AC/DC, Metallica e Iron Maiden.
Abiertos los regalos, todos comentaban el detallazo de Noelia, y una vez más aquella joven actriz les
dejó claro que clase de persona era, no por el dineral que se había gastado, si no porque les había
regalado a cada uno lo que deseaban. Diez minutos después Juan se marchó. No quería hablar con nadie.

57

Pasados unos días, la nube de periodistas fue disminuyendo. Pero el calvario de Juan cada vez que
salía de su casa era tremendo. Continuas y repetitivas preguntas en referencia a Estela Ponce podían con
su humor y su paciencia. Le perseguían allá donde fuera y apenas podía moverse. De pronto, de ser una
persona anónima pasó a ser una persona agobiada por la prensa y observado por todos en su pueblo. Sus
compañeros de base, a pesar de lo sorprendidos que se quedaron con la noticia de que Estela Ponce era
aquella morenita dicharachera y simpática, le ayudaron todo lo que pudieron demostrándole una vez más
que eran una prolongación de su familia.
Juan siempre había sabido que sus compañeros estaban hechos de una pasta especial, pero sentir su
apoyo y discreción en aquellos momentos fue maravilloso. Pero finalmente, agobiado por todo, tomó una
decisión que comunicó a su familia un sábado mientras comían todos juntos un sabroso cocido.
—¡¿Qué te vas a Irak pasado mañana?! —preguntó su padre al escucharle.
—Sí papá. Hace unos días se solicitaron voluntarios y me presenté.
—¡¿Cómo?! —murmuró Eva al escucharle.
Durante aquellos días había intentado hablar con él, pero Juan no quería saber nada de lo ocurrido.
Era hermético en referencia a sus sentimientos y toda la familia lo estaba pasando fatal.
—Eva, necesito alejarme de todo este circo o me voy a volver loco, Allí, en Irak, nadie me
perseguirá.
—Pero Juan, ya estuviste en Argelia el año pasado —protestó Almudena.
—¿Y…? —preguntó molesto por tener que dar tantas explicaciones.
—¡Copón bendito! —gritó el abuelo Goyo al escuchar aquello—. Pero Juanito, hermoso, ¿es que
buscas que te maten? Esa zona no es un lugar seguro. En las noticias dicen cosas terribles. ¿Cómo vas a ir
allí?
Todos, incluido Juan, sabían que lo que el abuelo decía era cierto. Irak, Afganistán, toda aquella
zona, no eran lugares donde uno pudiera relajarse. Pero consciente de lo que iba a hacer aclaró:
—Será poco tiempo. No te preocupes abuelo, estaré bien.
—¿Pero tú estás loco? —gritó Irene soltando la cuchara—. Allí no te perseguirán periodistas, pero si
terroristas y…
—Por favor Juan no vayas —suplicó Almudena temerosa.
Eva, al ver el drama que sus hermanas estaban montando, las miró y aun entendiéndolas apoyó a su
hermano.
—Joder… ¿Qué os pasa? Ni que fuera la primera vez que Juan se va por esos mundos. Él sabe
cuidarse y no hay de qué preocuparse ¿verdad?
Al escucharla, éste sonrió y asintió.
—Tú lo has dicho. No hay que preocuparse.
Como era de esperar, Irene comenzó a lloriquear. Desde que había pasado lo de la actriz americana
su hermano no levantaba cabeza. El enfado y el mal humor se habían apoderado de él, era patente.
Manuel, al ver que su otra hija, Almudena, comenzaba a llorar también fue a decir algo pero esta se le
adelantó.
—Vale… no me preocuparé. Pero no te enfades conmigo, porque mis hormonas aún están atorrijadas
y no puedo dejar de moquear como un mastín.
Aquello les hizo sonreír a todos, en especial a Juan que se levantó y le dio un beso. Manuel, al ver el
detalle de su hijo, intentó, a pesar de su preocupación, tomar las riendas del asunto y aportar positividad
al momento.
—Vamos a ver chicas, vuestro hermano es un hombre de acción y siempre nos lo ha demostrado.
Creo que estar aquí o en Irak da lo misino. Su trabajo no es algo típico y creo que estará tan alerta por su
vida aquí como allí. —Y volviéndose hacia su hijo preguntó—: Por cierto ¿puedes decirnos que vas a
hacer allí?
—Estaré junto a otros compañeros protegiendo la embajada española en Irak.
—¿Y cuánto estarás allí? —preguntó.
—El destino en un complejo diplomático no dura más de dos meses, por lo tanto, cuando os queráis
dar cuenta ya estaré de nuevo aquí.
El timbre de la puerta sonó, Rocío se levantó para abrir y dos segundos después Carlos apareció en
el comedor. Su gesto era serio y ceñudo y Juan, al verle, supo que se había enterado. Así que cuando
hubo saludado a todo el mundo, juan se levantó y, dándole una palmada en la espalda, le instó a salir al
patio trasero de la casa. Tenían que hablar.
Una vez a solas, Carlos le miró fijamente y dijo.
—¿Cómo eres tan capullo? ¿Cuándo pensabas decirme lo de Irak? —Sin dejarle contestar añadió—.
Joder Juan, cuando me lo ha dicho Gutiérrez me ha tocado los cojones. ¿Por qué narices no me lo has
dicho tú?
—Surgió y acepté. No hay más.
—¿Cómo que no hay más? —protestó al escucharle—. No me jodas coño ¡claro que hay más! No
quieres hablar de ello y yo no quiero presionarte. Pero sé por qué te vas, y no se te ocurra decirme que
no, porque ya me has tocado suficiente los cojones por hoy.
—Vale churri… —asintió con media sonrisa.
Sin mirarle, Carlos levantó los brazos y gruñó:
—Me cago en la leche tío, hablemos ya de una puta vez del lema. Te vas por…
—Me voy porque necesito dejar de tener la presión que tengo con la prensa.
—Pero vamos a ver, el problema en la base ya está resuelto. Tu me dijiste que lo .solucionaste con
los mandos y…
—Si esta resuello —asintió juan con resolución—. Mi vida privarla es mía y nadie puede dirigirla
excepto yo. Eso ha quedado claro.
—Joder, pues no lo entiendo —insistió su amigo.
—Carlos, para mi no es agradable nada de lo que me está pasando.
—Te vas por ella ¿verdad? Ella es la causa de que ahora vayas a Irak, y no me digas que no, que nos
conocemos.
Al ver el gesto con que su amigo le miraba, Juan suspiró y asintió.
—Sí, ella también tiene que ver en todo esto —y sentándose en el balancín prosiguió—: Necesito
hacer algo para lo que estoy entrenado y como dice el abuelo Goyo, el trabajo cura la ausencia y el dolor.
Por eso me tengo que marchar. Ir a Irak me asegura tener la puta mente ocupada las veinticuatro horas del
día para no pensar en ella o al final me volveré loco.
Iras un pequeño pero significativo silencio Carlos volvió al ataque.
—¿Has vuelto a hablar con Noelia?
—No.
—¿Pero lo has intentado?
—No.
—Pero vamos a ver. ¿Por qué no lo haces? Tienes su número de móvil, su correo electrónico. Puedes
incluso intentarlo a través de Tomi. ¿Por qué cojones no lo haces?
—Ella y yo no tenemos nada que ver. Lo que pasó, pasó y…
—No me jodas hombre. Por fin llega una tía que te gusta, que encima es guapa, simpática, se lleva a
tu familia de calle, ¿y tú sigues con el freno de mano echado? joder Juan… ¿cuándo vas a soltar el freno y
disfrutar de la vida? ¿Cuándo cojones te vas a dar cuenta que, por nuestro trabajo, tienes que dejarte de
gilipolleces y disfrutar el momento? Que la vida son dos días y que hay que vivirla y ser feliz.
Al escuchar aquello pensó en algo que ella le dijo él dijo que se fue algo así como «la vida se
compone de momentos y los que he vivido contigo los atesoro en mi corazón» pero borrando aquello de
su mente respondió con frialdad:
—No es tan fácil como tú lo ves Carlos. Ella vive m un mundo que nada tiene que ver con el mío, y
yo un puedo darle nada de lo que…
—Lo que tienes se llama miedo ¿verdad? Estás acojonado.
—¡¿Cómo?!
—Estás cagado tío, y no me lo puedo creer. Mi amigo Juan Moran, el inspector, el instructor de los
geo, el valiente superhéroe para sus sobrinos ¡por fin tiene miedo de algo!
—No digas gilipolleces, churri. No me jodas.
Pero su amigo, dispuesto a decirle todo lo que llevaba en su interior, sin importarle las consecuencias
continuó:
—Lo que te ha ocurrido es que esa tía te ha tocado la patata ¿verdad? —Juan no respondió—. Ha
llegado ella y con su normalidad, a pesar de su glamuroso mundo, te ha desbaratado la vida y te ha
demostrado lo que sería tu puta vida si vivieras con ella y te ha gustado. No lo niegues. Te conozco y he
visto lo feliz y motivado que has estado mientras ella ha estado aquí contigo. Pero ¿no ves que estáis
hechos el uno para el otro? ¿No te das cuenta que estás enamorado de ella hasta las trancas?
—¿Por qué eres tan jodidamente marujón? —protestó Juan—, Cada día me recuerdas más a tu mujer.
—Uis… eso me pone —se mofó aquel—, Y si te parezco marujón, ni te cuento lo que pensarías si
escucharas a Mariliendre y las heteropetardas de la base opinar.
Durante unos segundos ambos permanecieron en silencio hasta que Juan dijo:
—Ella se marchó sin despedirse —omitió su terrible llamada posterior—. Me dijo cosas terribles
y…
—Y tú, el inspector Morán, ¿te quedaste escuchando sin más?
—Sí.
—¿Por qué?
Juan, con los ojos cargados de furia, se acercó a su amigo y en un susurro que solo él pudo escuchar
siseó:—
Porque ella se quería ir. Quería desaparecer. No me quiso escuchar. Descubrió que lo nuestro
bahía sido un estupendo calentón y nada mas. Joder macho, que cuando llegué a la base me enfrenté a
todo el mundo por ella. Era mi prioridad deseaba afianzar lo nuestro, algo casi imposible, pero me falló.
Ella decidió marcharse sin decirme adiós y zanjar el tema. ¿Qué coño quieres que haga?
—Serás nenaza —protestó Carlos—, ¿Desde cuándo no dices tú la última palabra? Que yo sepa eres
un tío que lucha por lo que quiere. El problema es que nunca has tenido que luchar por amor y no tienes ni
puta idea de cómo hacerlo ¿verdad?
Aquello les hizo sonreír.
—Mira Juan, lo que te voy a decir ya lo sabes, pero te lo voy a repetir quieras o no. Hace ya algún
tiempo, una preciosa mujer llamada Laura me tocó la patata —aquel sonrió—. Soy de los que cuando
llego a casa, me gusta encontrarme con una preciosa sonrisa esperándome, y aunque a veces me queje de
que mi Laura me vuelve loco, o me esconda la música de AC/DC, no la cambio por nadie en el mundo
porque la quiero, me quiere y mi vida con ella y con el pequeño Sergio es lo mejor que tengo. Lo nuestro
requiere tensión, sacrificio y presión, y cuando uno sale de la base, cuando uno sale de trabajar, necesita
desconectar y disfrutar, y desde que te conozco, tú solo has desconectado cuando ella, esa que no te quiso
escuchar, estaba en tu vida y en tu casa. —Al ver que aquel le miraba prosiguió—. Vale que ella, es una
gran diva de Hollywood. Joder es ¡Estela Ponce! Y que tú solo eres un policía, sin más, que con
seguridad gana menos al mes de lo que gasta ella en una sesión de Spa. Pero macho, piensa, utiliza la
cabeza para algo más que trazar operativos, y date cuenta de dos cosas. La primera que las tías son muy
raras y en situaciones limite quieren que les grites que no puedes vivir sin ellas, y la segunda, que lo
vuestro funcionaba y funcionaba muy bien y…
—Churri, si no te callas, juro que te arrancaré hasta la última muela —protestó Juan harto de
escucharle.
Estaba enfadado, molesto, cabreado y cada vez más. Todo lo que su amigo decía era verdad. Se había
dado cuenta que estaba enamorado de ella, pero no quería aceptarlo. No debía.
Carlos intuyendo lo que su amigo pensaba, se sentó con resignación en el balancín junto a su amigo.
Al mirar hacia la derecha se encontró con Eva que, oculta tras la puerta, lo había escuchado todo. Ella,
con lágrimas en los ojos, levantó el pulgar para mostrarle su conformidad con todo lo que él le había
dicho. Por fin alguien había sido capaz de decirle al cabezón de su hermano la verdad. Carlos, al verla,
sonrió y asintió. Después miró de nuevo a su cabizbajo amigo.
—Vale, No hablarse más de ella. Pero joder tío, me preocupa que te vayas a la puta zona roja de Irak
sin mí. Reconócelo nenaza, tú sin mí no eres nadie.
Ambos prorrumpieron en una carcajada. Una hora después los dos amigos se marcharon a tomar unas
copas. Lo necesitaban.

58

Los días pasaron y Juan se marchó. Su partida, como siempre, dejó muy preocupados a sus familiares
y amigos. Los conflictos que existían en Irak no eran fáciles de digerir y que Juan tuviera que lidiar con
ellos les quitaba el sueño. Conocían suficientemente al geo para saber que se entregaba al cien por cien
en su trabajo y que era muy buen profesional. Pero eso no restaba que algo pudiera ocurrir en un abrir y
cerrar de ojos, cuando él menos se lo esperara.
Menchu, durante todo aquel tiempo mantuvo el contacto con Noelia. Eva también. Solo habían
hablado un par de veces por teléfono, pues ella se marchó a Tokio para continuar con la promoción de su
película, pero los emails entre ellas eran casi diarios.
El día que Noelia supo que Juan se marchaba a Irak, su corazón empezó a palpitar desbocado.
¿Dónde iba aquel loco? Pensó en regresar a España e impedírselo, pero tras recordarlas cosas que él
dejó grabado en el contestador de su móvil, decidió que no sería buena idea. Aquella era la vida de Juan,
plagada de peligros, él así lo había decidido. Pero a partir de aquel día, Noelia fue una más de las que
constantemente buscaba noticias sobre Irak. Necesitaba saber que estaba bien. Necesitaba leer que no le
había pasado nada.
Eva aún recordaba petrificada el momento en el que su amiga Yoli le enseñó el número de móvil
desde donde llegaron las fotografías y la información de dónde se encontraba Estela Ponce. ¡Era su
móvil! Y todo había sido enviado la madrugada del día uno de enero. Justo cuando estaban celebrando la
llegada del nuevo año. Su exjefe, el mismo que días antes la había despedido quiso contratarla de nuevo.
Aquella joven reportera, supuestamente, podía ser la cuñada de la actriz Estela Ponce y tenerla en su
equipo le daba prestigio.
Pero Eva no aceptó y comenzó a estudiar otras propuestas que había recibido. Al fin y al cabo, la
vida continuaba.
Sentadas en el Croll una noche, Eva y Menchu charlaban sobre lo ocurrido.
—Te juro que cada vez lo entiendo menos. Yo no envié esas fotos, pero el teléfono desde el que se
mandaron es el mío ¿Cómo puede ser cierto?
—Quizás le diste a un botoncito sin darte cuenta y lo enviaste. Ya sabes que la tecnología es muy
buena para muchas cosas y algo indiscreta para otras —susurró Menchu.
Molesta, Eva dio un trago a su cerveza.
—No digas tonterías, joder. Para enviar esas malditas fotos lo primero que tengo que hacer es
seleccionarlas, buscar a Yoli entre mis contactos y enviarlas. Y eso no se hace sin querer.
—Tienes razón. Discúlpame y no te enfades conmigo.
Al ver la cara de su amiga Eva le tocó en la mano y murmuró:
—Joder Menchu perdona. No quiero pagar contigo los platos rotos, pero es que de verdad soy
incapaz de entender todo esto y…
—Pero que hacen estos dos monumentos solos en medio de esta jungla —gritó el Pirulas acercándose
a ellas junto al Rúcula—. Por cierto, buenas noches preciosas ¿os he dicho que hoy estáis especialmente
atractivas?
Divertidas, se miraron y Eva respondió en todo cansino:
—Valeeee Pirulas te invitamos a un cervecita.
Al escuchar aquello, él levantó la mano y dijo sorprendiéndolas:
—De eso nada bellezones. Aquí el que invita esta noche soy yo y mirando al camarero dijo—: Todo
lo que tomen estas preciosidades me lo apuntas en mi cuenta.
—A mi ponme otro gin tonic— pidió el Rúcula.
Menchu y Eva se miraron convencidas de que el camarero le mandaría a freír espárragos, pero se
sorprendieron al ver que aquel asentía y les ponía dos nuevas cervezas. En ese momento llegaron Carlos
y Laura a quienes, tras saludar a todos rápidamente se integraron en la conversación.
Cuando el Pirulas sacó a bailar a la mujer de Carlos y el Rúcula a Menchu, Carlos y Eva se quedaron
a solas.
—Gracias por lo que le dijiste al cabezón de mi hermano antes de que se marchara a Irak. Creo que
has sido el único capaz de decirle lo que todos pensamos.
—No fue fácil, no creas —sonrió aquel.
Tras un pequeño silenció la joven añadió:
—Sigo en contacto con Noelia y Tomi por email.
—¿En serio?
—Sí.
—¿Qué tal está ella?
—Según ella bien. Según Tomi mal.
Carlos cabeceó y tras beber de su cerveza susurró:
—Vale. Creeremos a Tomi.
—He intentado hacerla razonar —prosiguió Eva— pero es imposible.
—Es tan cabezota como tu hermano. Como dice el dicho «Dios los cría y ellos se juntan».
Ambos sonrieron y Eva prosiguió:
—Vamos a ver. Se quieren. Solo hay que mirar al merluzo de mi hermano para darse uro cuenta de
que está enamorado de ella, y leer los emails de Noelia para percatarse de que a ella le pasa lo mismo.
¿Porqué narices no hacen algo por estar juntos?
—Muy fácil. Ella es Estela Ponce. Una gran diva del cine y tu hermano es simplemente Juan, un geo.
Un policía español que nunca ganará lo que ella gasta cuando va a comprarse esmalte de uñas —
respondió Carlos.
—Pero ¿qué chorrada estás diciendo?
—La verdad.
—Pues disculpa —siseó Eva— Pero tu verdad no me convence. Yo adoro a mi hermano y por él
como se dice última mente ¡MA-TO! Pero creo que en esta ocasión se está equivocando. No está
haciendo nada, al revés, se marcha a Irak con el consiguiente peligro de que le pase algo y nos amargue a
todos la existencia. —Carlos fue a decir algo pero esta no le dejó—. Por cierto, hablas de Noelia romo
si hiera una mujer a la que solo le gusta aparentar y su clase social, cuando creo que en el tiempo que ha
estado con nosotros, se ha comportado como una chica más, sin ningún ataque de divismo por ser quien
era y…
—¿Tengo que recordarte que le dijo cosas terribles y se fue sin despedirse de él? —la cortó aquel—
Tu hermano ha tenido que soportar la mofa de mucha gente, el verse en la prensa diariamente y el que se
entrometieran en su vida, cuando ya le conoces y sabes cómo es. ¿Acaso crees que para él ha sido
agradable tener que dar explicaciones o soportar lo que ha soportado? Mira Eva, Juan dio la cara por
ella ante todos los mandos de la base. Les recordó que fuera del trabajo, él era dueño de su vida, y
cuando regresó a casa para arreglarlo como fuera con ella, nuestra querida estrellita de Hollywood se
había ido. Se había pirado sin ni siquiera despedirse de él. ¿Eso lo hace una chica normal o una diva?
Boquiabierta por aquella revelación Eva le miró fijamente y susurró:
—Según Noelia, ella se marchó para no perjudicar más a Juan. En un email me confesó que se
marchó sin despedirse de él porque temía que la echara tras regresar de la base.
—Pero ¿qué chorrada dices?
—Ay Dios, que ahora todo comienza a encajar —susurró Eva— Mira Carlos, Noelia nos ha dicho a
Menchu y a mi que Juan siempre le dijo que si alguien descubría quien era ella todo serían problemas. Y
que aquel día, al verle discutir por teléfono, se dio cuenta que realmente Juan llevaba razón y…
Sorprendido por aquella revelación, Carlos dejó su botellín sobre la barra.
—¿Me estás diciendo que estos dos gilipollas, por no decir más burro, se han separado por un jodido
malentendido?
—Si.
—¡Joder! —resoplo Carlos.
Tan emocionada como desconcertada por haber descubierto por fin porque aquellos dos habían
procedido así, cogió su cerveza y sentenció.
—Esto lo tienen que saber ellos. Tú encárgate de mi hermano y yo me encargo de Noelia. Si
realmente se quieren, tienen que saberlo.
Tras chocar los botellines ambos rieron y Carlos, al imaginar la reacción de su amigo, susurró:
—Que Dios me coja confesado cuando le suelte esto al nenaza de tu hermano.
Sobre las dos de la madrugada, una sexy y provocativa Paula, que se había mantenido alejada de
ellos, se acercó y sin ningún rodeo, preguntó a Carlos:
—¿Qué sabes de Juan?
AI oír su voz, todos la miraron de arriba abajo y Carlos, tras echar un vistazo al tipo que la esperaba
al otro lado de la barra, respondió:
—Poca cosa. Pero no te preocupes, está bien.
Eva sonrió.
—¿Sabes cuándo regresará? —insistió Paula.
—¿Y a ti qué te importa? —gruñó Eva. Nunca le había gustado aquella mujer, y cuando se enteró de
los problemas que había tenido con Menchu y con Noelia todavía menos.
Paula la miró con un desagradable gesto.
—Bonita, no hablaba contigo —y mirando a Menchu dijo—. Y tú fea ¿qué pasa? ¿Por qué me miras
así?
Aquello calentó la sangre de Eva, que se levantó de su asiento como un resorte.
—Lo de fea se lo vas a decir a tu madre.
Menchu, al intuir las ganas de bronca que traía aquella, cogió a su amiga de la mano y se colocó a su
lado.—
Paula, Paula, Paula, no ofende quien quiere sino quien puede y tú, no puedes. Y, por cierto, ya no
trabajo en el parador gracias a ti, por lo tanto, ten cuidadito conmigo, porque tengo un derechazo que oh
my God!, te puede dejar K.O.
—¿Me amenazas? Vaya… veo que aprendiste algo de tu amiguita, la Ponce.
—Con la Ponce no te metas —gruñó Laura, la mujer de Carlos.
—Para hablar de la Ponce, so petarda —espetó Eva—, te tienes que lavar la boca mil veces y aun así
la seguirías teniendo llena de mugre.
—¿Por qué la defiendes tanto guapa? Esa estúpida se marchó dejando a tu hermano colgado con la
prensa. ¿Todavía no te has dado cuenta?
Carlos, temiendo la que se podía liar, se interpuso entre ellas e intentó zanjar el tema.
—Paula ¡basta! En cuanto a Juan, aún no se sabe cuándo regresará.
El Pirulas que había estado presente, se acercó hasta ella y cogiéndola de la cintura murmuró:
—Hola Paulita, qué pasa ¿ya no te hablas con los amigos?
La joven, echándose hacia atrás, se lo quitó de encima y con gesto agrio respondió:
—Quítame las zarpas de encima si no quieres problemas.
—Uooooo— se mofó aquel al escucharla—. Qué pasa ¿ya no quieres nada conmigo? ¿O es que solo
te intereso cuando te hago trabajitos? Por cierto, tenemos que hablar.
Todos les observaron intrigados. ¿Qué negocios serían aquellos?
—Cierra el pico Pirulas —protestó aquella, e instantes después desapareció.
—Será asquerosa —gruñó Menchu.
—Asquerosa es poco —siseó Eva y mirando a Laura dijo—: Mira, sé que es tu amiga pero a esta tipa
es que no la trago.
—Te entiendo y no, no es mi amiga —asintió Laura.
Desde hacía tiempo apenas se veían y aunque al principio no lo entendía, ahora lo prefería. Paula no
era una buena persona y por fin se había dado cuenta.
—Lo que no sé es porqué mi hermano de vez en cuando sale con ella.
—Sexo fácil, cariño —respondió el Pirulas.
Divertido por aquella contestación, Carlos le cogió por el cuello.
—¡¿Trabajitos?! ¿Desde cuando le haces tu trabajitos a Paulita?
Incómodo con aquella pregunta el Pirulas se soltó y le dio un trago a su cerveza.
—Ya ves… uno tiene su caché y ahora que Juan no está, de vez en cuando nos vemos y compartimos
fluidos.
—¡Qué asco por Diosssss! —exclamó Eva.
Menchu, molesta por como aquella estúpida mujer les miraba desde el otro lado del local siseó:
—Pues ten cuidado Pirulas. Esa tía solo te puede traer problemas. Y te lo digo yo que por su culpa
me he quedado en el paro.
Horas después, antes de abandonar el local, el Pirulas, sorprendiéndoles a todos pagó la cuenta en el
Croll. Ciento veinte euros.
—Joder macho ¿te ha tocado la lotería? —rio Carlos.
—No precisamente —murmuró deteniéndose frente a Paula que estaba sobre uno de los sillones
dándose el lote del siglo con un desconocido—. Este maldito dinero es el resultado de un trabajito del
que no estoy muy orgulloso y que cada día me pesa más.
Ese comentario atrajo la atención de Eva. Aquella noche estaba sacando mucho en claro en referencia
a la relación de su hermano y Noelia y sin saber por qué, dejándose llevar por su instinto de periodista,
asió al Pirulas del brazo y preguntó para su sorpresa:
—¿Qué te parece si ahora soy yo la que te invita a tomar algo en el Loop?
—¡Genial! —rio aquel.
—Ehh… yo me apunto —asintió el Rúcula.
Menchu la miró llena de curiosidad y Eva le guiñó el ojo. Dos segundos después, tras despedirse de
Carlos y Laura, se montaron en el coche del Rúcula dispuestos a pasarlo bien.
En el Loop, tras varios whyskies, al Pirulas se le aflojo la lengua y cantó por soleares. Eva, sabedora
de cómo llevarle a su terreno comenzó a tirar del hilo y al final descubrió lo que buscaba. Él le había
quilado el móvil del bolso la noche de Nochevieja mientras se divertía con los amigos porque Paula así
se lo había pedido. Y después de que aquella bruja enviara la información, volvió a dejarlo donde
estaba. Un par de días después, cuando el Pirulas fue consciente de lo que había hecho y en el lío que
había metido a su amigo Juan con la prensa, fue a pedirle cuentas a Paula muy arrepentido. Esta, para
cerrarle la boca, le dio tres mil euros. Un dinero que no compensaba lo que le había hecho a su amigo.
Tras la explicación de aquel, Eva entendió por fin porque las fotos habían llegado desde su móvil al
de Yolanda. Aquella bruja estaba en el baño averiado la noche de fin de año y se quedó con la copla de
todo lo que dijeron. Después solo tuvo que hacerse con el móvil de ella, trabajito que hizo el Pirulas, y
enviar la información a Yolanda Grecia.
Cuando aquella noche Eva se acostó en su cama suspiró aliviada. Por fin conocía la verdad y tuvo
claras dos cosas. La primera, que Paula iba a recibir de su misma medicina. La segunda, que su hermano
tenía que saberlo.
Una semana después, todo Sigüenza amaneció empapelado con fotos de Paula en una orgía con tres
hombres. Ni que decir tiene que el escándalo en el pueblo fue tremendo y que, avergonzada por como
todo el mundo la señalaba por la calle, hizo las maletas y se marchó. Algo que muchas mujeres de la
localidad celebraron encantadas, particularmente sus ex-compañeros del parador.

ESPERO QUE LES GUSTE MUCHO

BESITOS

XOXO

JHULY