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más dramático que le había ocurrido después de la muerte de su madre y de su abuela y cuando escuchó
el mensaje que él le había dejado en su móvil, creyó morir. No quería a salir de su casa. Solo quería
llorar y compadecerse de sí misma. Su glamurosa vida la ahogaba y nadie parecía darse cuenta de ello a
excepción de Tomi y alguno de sus amigos. Tres días después y mientras preparaba su maleta para viajar
a Tokio junto con todo el equipo de la película Brigada 42, aparecieron su padre y su mujer en su casa.
La bronca que mantuvo con ellos fue monumental, histórica. Eran incapaces de tener un ápice de
humanidad ante los sentimientos de ella. Se limitaron a reprocharle su inadecuado comportamiento
mientras su padre mandaba notas a la prensa para intentar explicar su boda años atrás. Finalmente,
cansada de escucharles, Noelia tomó una decisión: les echó de su casa. Lo que menos les importaba a su
padre y a aquella odiosa mujer era cómo se encontraba ella. Su padre se marchó muy ofendido. Su hija
estaba tan loca como su difunta mujer y su comportamiento, día a día, así lo manifestaba.
Como siempre contó con Tomi, su amiga Salma y pocos más. Aquellos fueron quienes se preocuparon
de que comiera, durmiera y se marchara de viaje a Tokio. Un cambio do aires y distracción era lo que
necesitaba.
Una de las mañanas, tras haber regresado de su viaje, la joven Estela Ponce, en la preciosa suite de
su casa do Bel Air se probaba varios vestidos de noche. La gran gala de los Oscar se acercaba y tenía
que decidir que llevaría. Hacia mes y medio que había regresado do España y su vida aun estaba patas
arriba.
—Uis my love el vestido de Elie Saab está hecho para ti.
—No me convence —suspiró ella mirándose en el espejo.
Veinte minutos después Tomi volvió a la carga.
—Por el amor de my life ese Dolce & Gabbana te queda de infarto.
Noelia se miró al espejo. Aquel vestido de pedrería negra y corte sirena realzaba su figura pero
tampoco le emocionaba. Quitándoselo se sentó sobre la cama, cogió una galleta Oreo y su primo
murmuró:
—My love, tienes que cambiar tu actitud. ¡Para de comer! —gritó quitándole la galleta—. De nada
sirve que continúes así. ¿Noves que lo único que haces es sufrir?
—No puedo hacer otra cosa —murmuró arrancándole la galleta con gesto hosco.
—Sí… si puedes, mueve tu lindo trasero y ve a buscar al Xman.
Durante todo aquel tiempo Noelia había pensado mil veces en coger un avión e ir en busca de la
persona que más quería en el mundo, pero el miedo la atenazaba y le recordaba que ella no sería más que
un problema para él. Días atrás Eva la había llamado por teléfono y le había explicado lo que Garlos le
había relatado y le reveló también la verdad sobre cómo las fotos y la noticia llegaron a todas las
redacciones. Escuchar aquel relato consiguió que el corazón le latiera a mil. Saber que Juan aún sentía
algo por ella la hizo irremediablemente feliz. Pero tras analizar la situación y darse cuenta de que él no
había movido ni un dedo para ir a verla, se desmoralizó. Estaba cansada de ser ella la que siempre fuera
tras él. Quizá la quisiera, pero no lo suficiente como para tragarse su orgullo herido e intentar solucionar
el problema.
—Toma, pruébate este Calvin Klein, es precioso.
Como una autómata, Noelia se levantó, dejó la galleta y se probó aquel vestido clorado. Cuando se
miró en el espejo ni siquiera veía su reflejo.
—Es bonito, pero no.
Durante más de tres horas se probó más de cincuenta vestidos. Todo eran diseños de Valentino, Vera
Wang Louis Vuitton, Dior, Gucci Première, Marchesa, Givenchy y nada, ninguno consiguió emocionarla.
—Por el amor de Diorrrrr —protestó Tomi—. Estoy agotado.
Noelia se sentó en la cama, y vestida con un body de raso gris marengo, se echó hacia atrás y se
tumbó. Durante unos segundos cerró los ojos y resopló.
—¿Y si no voy a los Oscar?
El chillido de horror que escuchó, la hizo dar un salto en la cama.
—¡Ahhhhhh! Tú estás crazy. ¡Loca! ¡Loca! No digas eso. No-te-permito-que-digas-eso.
—Tomi, por Dios ¡qué susto me has dado!
Con la mano en el pecho y gesto desencajado murmuró:
—A ver my love, escúchame. Entiendo que no tengas ganas de nada por culpa de ese man divino que
vive en Spain, pero si has decidido continuar con tu life, ¡adelante! y si quieres correr hacia él, ¡hazlo!,
pero decide lo que quieres hacer.
Noelia le miró.
No podía dejar de pensar en Juan. Si realmente la quería, se había enfrentado a sus mandos e iba a
hacerle cara a la prensa, ¿por qué no se había puesto en contacto con ella? ¿Por qué se había ido a Irak?
Sonó el móvil de Noelia. Era Salma, quien tras interesarse por su estado anímico, consiguió
arrancarle una sonrisa. Ella, Tomi, Mike Grisman y Jenny eran los únicos que se preocupaban realmente
por ella. Desde que había regresado de España no le habían faltado sus llamadas y eso era de agradecer.
—¿Vendrás a la cena del día veinticinco?
—No lo sé. La verdad es que no tengo muchas ganas. Mike me ha pedido que vaya con él, pero no sé.
—Vamos a ver. Te lo voy a preguntar y quiero la verdad ¿Estás con Mike? —le preguntó su amiga
entre risas.
—No. Solo somos amigos. Pero reconozco que esta muy pendiente de mí desde que llegue.
—La verdad es que Mike es un poco estirado pero simpático. Aunque entre tu y yo, creo que no es tu
tipo, Aquello hizo sonreír a Noelia.
—Salma, ¿por qué crees que es estirado y que no es mi tipo?
—Ay cielito, aún recuerdo cuando hace una semana hice la barbacoa en mi casa. Todos tan de sport,
con los jeans y él tan relindo con su traje beige.
—Sí, me acuerdo perfectamente —sonrió al recordar lo incómodo que estaba aquel con los amigos
mexicanos de su amiga.
—Y en cuanto a lo de tu tipo, tú necesitas alguien diferente. Alguien que te mire y Le haga vibrar.
Alguien que te despierte con besos de mariposa, recuerde el día de vuestro aniversario y no controle todo
lo que comes y eso Mike Crisman, por muy guapo que sea, no lo cumple ¿me equivoco?
—No. No te equivocas. Pero es tan amable conmigo que…
—La amabilidad no es lo que a uno le llena el corazón y aunque suene mal lo que te voy a preguntar
lo haré: ¿que pasa con el guapo español? ¿Le olvidaste ya?
Tras un corto silencio Salma respondió por ella.
—No contestes, ya lo hiciste. Mira cielo, piensa qué es lo que quieres. Yo me casé con un hombre
que nada tiene que ver con la meca del cine y mírame ¡soy feliz! Me paso media vida viajando de acá
para allá, y a veces discuto con él por escenas algo hot que tengo que hacer en las películas, pero le
quiero, me quiere y me compensa mi vida con él.
—No es el caso Salma, ya te conté.
—Mira cielito, ya déjate de rollos que no me convences. Entre dos personas que se quieren, solo hay
que mirarse a los ojos para llegar a un entendimiento. Si tú le quieres, y él le quiere, déjale de orgullos,
amárrale bien fuerte y cómete la vida con él.
La positividad de su amiga siempre la hacia sonreír. Pero por mucho que ella lo quisiera, y por
mucho que Eva dijera que su hermano la quería, él dejo muy claro en su mensaje de móvil que no quena
volver a verla nunca, y ella no quería volver a interferir en su vida. Otra vez no.
Tras hablar un rato con su amiga, y quedar en verse con ella aquella misma noche, miró a su primo
que charlaba con el guapísimo jardinero que tenía contratado y dijo:
—Llama a Mike Grisman y dile que iré con el esta noche a la fiesta de Marlene.
—¿Segura queen mía?
Ella asintió, y tras mirar el vestido de Givenchy lo cogió entre sus manos y respondió mirándose en el
espejo:
—Tan segura como que me voy a poner este vestido para los Oscar.
Al día siguiente en la prensa mundial se leyó el siguiente titular:
«Estela Ponce y Mike Grisman ¿boda a la vista?»
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recibirle al aeropuerto. Llegaba en un avión militar junto a otros compañeros y al ver a aquellos dos
seres que tanto quería su cara se iluminó. Estaba cansado y agotado y solo deseaba dormir y descansar.
Iras fundirse con ellos en un entrañable abrazo, los tres hombres de la familia Morán caminaron hacia el
coche de Manuel y entre risas y bromas llegaron a Sigüenza.
Por la tarde, después de comer en casa de su padre con la familia y recoger a una histérica Senda,
que al verle no paró de saltar y ladrar emocionada, cogió su coche y se marchó a casa. Deseaba llegar a
su hogar. Cuando llegó suspiró aliviado al ver que no había ningún periodista, y sonrió al pensar con
amargura la pesadilla acabó.
Al entrar y cerrar la puerta un extraño y hueco silencio le envolvió. Dejó su petate en el suelo y miró
al frente mientras la perra, encantada, husmeaba en el salón. Los recuerdos vividos antes de su marcha
inundaron su mente con más fuerza que un devastador tsunami. Agobiado, cerró los ojos y susurró:
—De acuerdo. Terminemos con esto de una puta vez.
Cogió su petate y se dirigió hacia el salón y lo recorrió con la mirada. Todo estaba en su lugar. Todo
estaba limpio, pero al mismo tiempo vacío. Se dio la vuelta y caminó hacia la cocina. Una vez allí cogió
la cafetera, la llenó de agua, echó café en el filtró y la encendió. Después subió a su habitación y tras tirar
el petate sobre la cama se desnudó y entró en el baño. Diez minutos después y con algo de mejor humor
salió de la ducha, abrió uno de los cajones de la cómoda y tras secarse con la toalla vigorosamente se
puso unos boxer oscuros. Camino descalzo hasta su armarlo y sin mirar la cama lo abrió.
Cogió unos vaqueros y una sudadera gris y mientras se la ponía sus ojos se fijaron en algo que se
había caído sobre el suelo del armario. Se agachó y al cogerlo blasfemó. Allí estaba la pequeña camiseta
oscura que ella había usado para dormir.
Sin poder evitarlo se la acercó a la nariz y la olió. Aquel olor era el de ella. Un olor que había
añorado todos y cada uno de los segundos de su desorientada existencia y que ahora añoraba todavía más.
Con rabia recordó los titulares que había visto en las revistas «Estela y Mike ¿boda a la vista». Ni en
Irak había podido alejar de su vista aquellas noticias. Finalmente decidió acabar con aquello y metiendo
aquella camiseta en un cajón, directamente bajó a la cocina.
Una vez allí cogió un vaso y sacó un cartón de leche del mueble. Lo abrió y se sirvió. Calentó el café
con leche en el microondas e instintivamente abrió el mueblecito de las galletas y las vio. Allí estaba el
paquetito azul de las Oreo que tanto le gustaban a ella. Cerró el mueble de golpe y sin coger el café se
dirigió de nuevo al salón. Rebuscó entre los CD de música y puso uno en el equipo. Al escuchar los
primeros sones de aquella canción se le puso la carne de gallina.
At Last my love has come along / Al fin mi amor ha llegado
My lonely days are over / Mis días solitarios han acabado
And life is like a song / Y la vida es como una canción
At Last […] / Al fin […]
mano y cerró los ojos.
Ella me dijo que esta música me ayudaría a relajarme. Ella… ella… ella…
Por su mente pasearon sin control momentos vividos con ella. Recordó su cara de sorpresa cuando le
tapó la boca con cinta americana aquel día en el campo, su gesto de enfado el día que le tiró barró a la
cara, su asustado rostro al entrar por primera vez en casa de su padre, su chispeantes ojos al comer las
galletas Oreo sobre la cama, su divertida sonrisa cuando la hacía cosquillas, y su pasión en la mirada
cuando le hacia el amor. Añoró su boca, sus ojos, sus manos, su encanto y tuvo que sonreír al recordar lo
divertida que era y su maravilloso sentido del humor.
Las horas pasaron. Llegó la noche y Juan continuaba tumbado en el sillón escuchando la misma
canción, una y otra vez, mientras revivía recuerdos. Momentos vividos con ella. Instantes que se había
obligado a no revivir durante demasiados días. Pero que al llegar a su hogar, en soledad, se lo permitió.
Sonó el timbre de la casa y eso consiguió arrancarle de aquella dulce pero amarga agonía.
Arrastrando sin ganas sus piernas hasta la puerta, al abrir sonrió al encontrarse en la puerta a Garlos,
Lucas y Damián, junto a otros compañeros.
Entre risas y abrazos todos le saludaron, y cuando hubieron acabado con todas las cervezas frescas
que había en el frigorífico, decidieron salir a tomar algo.
Al llegar al Loop, Juan se dio de bruces con el Pirulas, que al verle suspiró, agachó la cabeza y se
acercó hasta su amigo dispuesto a lo que fuera.
Juan, al verle acercarse, se tensó. Sabía por Carlos y por Eva cómo llegaron las fotos de Noelia hasta
la prensa y deseó partirle la cara, pero era consciente de que todo lo ocurrido fue algo tramado por
Paula.—
Tranquilo Pirulas… no pasa nada.
—Joder macho —gimió aquel abrazándole ante todos— Lo siento. Siempre la cago contigo y con
ella. Lo siento. Me merezco que me partas la cara ¡lo sé! Y te aseguro que no voy a defenderme. Me lo
merezco… me lo merezco.
Durante unos segundos Juan se quedó quieto. Todos sus compañeros le miraban con gestó guasón.
Finalmente, tras sentir la pena de aquel, le dio un par de palmadas en la espalda y le susurró al oído:
—Te he dicho que no pasa nada, Pirulas, pero si no dejas de abrazarme creo que si pasará.
Rápidamente, aquel se soltó y entonces Juan, con una sonrisa, volvió a abrazarle con fuerza.
—Ven aquí hombre… yo también me alegro de verle.
Pasados aquellos primeros segundos de tensión, todo se relajó y durante horas el grupo de hombres
se divirtió jugando a los dardos, hasta que Lucas se acercó a unas jóvenes y Carlos murmuró:
—Vaya, Mariliendre ya está de caza.
Aquel pareció leerle los labios y, con una sonrisa, se acercó hasta ellos y se situó al lado de juan.
—Mi amiguita dice que estás muy bueno ¿quieres levantármela?
—Tranquilo, hoy no estoy de humor —respondió con mofa.
Aquel comentario hizo que Lucas sonriera y, sorprendiendo a aquellos dos, indicó:
—Si yo fuera tú, lo intentaría. Y no me refiero a esa jovencita de falda roja precisamente.
Juan clavó sus oscuros ojos en él y no respondió. Lucas prosiguió:
—Sé que no querrás hablar de ella, pero lo siento capullo, me vas a escuchar, Noelia es una mujer
maravillosa, y no porque sea Estela Ponce, que eso te guste o no la hace más atractiva, si no porque ella
ha sabido ver en ti algo que no ha visto en mi, y mira que no lo entiendo —se mofó—, porque estoy
infinitamente más bueno que tú. Así que, deja de hacer el gilipollas y llámala.
—¿Alguien te ha pedido consejo Mariliendre? —gruñó Juan.
—No divine —sonrió aquel imitando a Tomi— Pero como diría mi abuelo Pepe, el de Cádiz,
Camarón que se duerme se lo lleva la corriente. Por lo tanto, ¡espabila!
Dicho esto, levantó las cejas y se fue hacia el grupito de las jovencitas. Cinco minutos después ya
tenía en el bote a su presa.
—Joder con Lucas, y parecía tonto —murmuró Carlos sorprendido.
Juan resopló a modo de respuesta. Había regresado a su vida, y de nuevo todo comenzaba a
sobrepasarle. Carlos, al ver el gesto de aquel, aprovechó el momento y dijo sin importarle las
consecuencias:
—A ver Juan, ella…
—No me jodas churri, y no empecemos con lo mismo —protestó con gesto duro.
—Escúchame joder. Ella se fue porque no quería perjudicarte en tu trabajo. Le repetiste tantas veces
que era un problema, que al presentarse la prensa en tu casa y ver tu reacción decidió ponértelo fácil.
Ella te quiere tío… ¡te quiere!
Al escuchar aquello juan le clavó la mirada.
—¿Y eso ahora a qué viene?
—Viene a que tienes que saberlo y hacer algo.
Furioso y con rabia contenida siseó:
—¿Me quiere? Vaya… cuánto me alegra saberlo.
—Sí… te quiere ¿pero en qué idioma hay que decírtelo para que lo entiendas?
—Tú estás tonto, joder —resopló Juan y dio un trago a su cerveza—. Acaso no has visto que ella ha
rehecho su vida con Mike Grisman.
—Ese es un blandengue que no tiene media guantá. Si tú quisieras le levantabas a Noelia con una
mirada.
—No… ella ya ha elegido y yo no voy a hacer nada —y despechado sentenció—: Que se quede con
el Grisman.
—¿Noto cierto retintín en tu voz?
—Déjame en paz, Carlos.
Pero este continuó metiendo el dedo en la llaga.
—Vaya… me gusta saber que lees la prensa del corazón para saber de ella. Eso me hace pensar que
todavía te interesa esa mujer, aunque sea Estela Ponce.
—Mira, no tengo porqué hablar de esto y menos contigo —le espetó a su amigo levantándose de la
mesa con gesto desencajado.
—Oh sí… claro que lo harás —se levantó su amigo.
Dominando sus ganas de cogerle por el cuello para que callara y le dejara en paz Juan voceó:
—¿Te he dicho que quiera hablar de ello? ¿Te he preguntado yo por ella acaso?
—No. pero ya me conoces, soy algo marujil y entrometido. Estar casado con mi churri es lo que tiene
¡todo se pega!
Aquel comentario le hizo sonreír y Carlos prosiguió:
—Piénsalo. Ella te quiere, tú la quieres ¿Dónde está el problema?
—La llamé…
—¿La llamaste? ¿Cuándo? —preguntó sorprendido a su amigo.
—La noche que ella volaba hacia Los Angeles. Le dejé un mensaje en el buzón de voz. Le dije que no
quería volver a verla en mi vida. Le grité cosas terribles de las que me avergüenzo y sobre las que no
quiero volver a pensar.
Dando un empujón a Carlos para apartarle de su camino, Juan, se encaminó hacia la salida del local.
No estaba dispuesto a escuchar nada más. Lucas miró a Carlos y este, con un gesto, le indicó que no se
preocupara y fue tras él. Una vez fuera del local, Juan se encaró a su amigo.
—Se acabó Carlos, no quiero escuchar nada más. ¿Me has oído?
—Pues lo siento, porque creo que vas a tener que escucharme un poquito más.
Furioso, le dio un empujón acorralándole contra la pared.
—Maldita sea, Carlos. ¿Por qué coño te empeñas en recordarme algo que quiero olvidar?
—Porque como te dije una vez, sigues con el freno de mano echado y ya es hora de que lo bajes y
seas feliz ¡joder! Además, tenía ganas de comprarme la pamela para la boda.
Aquel comentario y la sonrisa burlona fueron el detonante. Juan le asestó un puñetazo. Sin calibrar su
fuerza, le dio tal golpe en el estómago que Carlos se dobló en dos. Pero este no se quedó quieto y, en
cuanto sintió que su amigo aflojaba su fuerza, levantó la pierna y le dio una patada con tanto impulso que
Juan acabó espatarrado en el suelo. Enfadado por su cabezonería miró a su amigo y, levantándose del
suelo, gritó:
—¡No te das cuenta de que quiero continuar con mi vida! ¿Por qué te empeñas en hacerme recordar lo
que no debo?
—Porque estás confundido y me parecerá estupendo que olvides, pero solo cuando conozcas la
verdad de los hechos, Noelia tuvo miedo a que la echaras de tu vida, por eso fue dura contigo y se fue sin
despedirse. No quería sentir tu desprecio. No quería ver cómo su presencia había arruinado tu trabajo.
Por eso huyó. ¡Piénsalo!
Boquiabierto por aquella revelación clavó sus oscuros ojos en su amigo.
—¿Y tú cómo sabes eso?
Con una tonta sonrisa, Carlos se acercó a él.
—Nenaza, uno tiene sus fuentes y te aseguro que son totalmente fiables.
Apoyándose en la pared para tomar aire, Juan susurró:
—No voy a dar marcha atrás Carlos…
—Pues harás muy mal pero por lo menos yo, a partir de ahora, podré dormir tranquilo por las noches
sabiendo que lo intenté y te dije la verdad. Ahora tú, y solo tú deberás decidir qué quieres hacer. Pero
estoy de acuerdo con Mariliendre: ¡Espabila!
Dos segundos después, los dos entraban de nuevo en el Loop donde se emborracharon.
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sobre lo mucho que se echaban de menos, pero ninguno movió ficha. El daño que había sufrido en sus
corazones era tal que ambos decidieron pasar página y olvidar.
Juan continuó con su vida e intentó disfrutar de los días libres que le quedaban antes de
reincorporarse de nuevo a su unidad. Noelia hizo lo mismo y más cuando supo que él había regresado
sano y salvo de Irak. Saber que estaba bien era lo único que necesitaba para poder continuar viviendo.
El veinticinco de febrero, la víspera de la gala de la entrega de los Oscar, Noelia cenaba junto a
Mike Grisman y varios de los nominados a los premios. Todos se reunieron en el hotel Seminius para
disfrutar de una velada entrañable. En su misma mesa se sentó Salma con su marido y aunque no podían
hablar en privado porque estaban situadas una enfrente la una de la otra, se entendían con la mirada.
Durante la cena, Noelia comprobó que no muy lejos de su mesa estaba su padre con su mujer. Se
saludaron desde la distancia con un movimiento de cabeza. Su relación, tras regresar de España, se tornó
inexistente. La discusión que mantuvo con ellos había abierto brechas incurables. Aquel día, Noelia,
presa de su pena y su tristeza les pidió comprensión y afecto, algo que ellos decidieron ignorar. Aquella
frialdad fue lo que definitivamente le congeló el corazón. Estaba sola y así era cómo debía aprender a
vivir. Un ruido ensordecedor la sacó de sus pensamientos. Al girar la cabeza sobresaltada para ver qué
había sucedido, vio a un joven camarero en el suelo recogiendo la pila de platos que se le habían caído.
—Que torpe eres chico, y eso que solo tienes que llevar y traer platos —se mofó Mikel Crisman a su
lado haciendo reír a varios de los comensales.
El muchacho, al escuchar aquello, levantó la vista. En su mirada se reflejaba la rabia por aquel
comentario pero calló. Noelia, sin poder evitarlo, se fijó en la chapa que llevaba en la solapa de su
chaquetilla blanca. «Josh», leyó. Y levantándose de la mesa dijo mientras ayudaba al chico a recoger la
loza rota:
—No le hagas caso Josh. Ya me gustaría verle a él haciendo lo que tú haces.
Boquiabierto, el muchacho la miró y sonrió. Ante él estaba la grandísima Estela Ponce, ayudándole a
recoger los platos rotos y levantándole el ánimo.
—Gracias, señorita Ponce —sonrió aquel. Ella le guiñó un ojo.
—De nada, Josh.
Mientras ayudaba al muchacho, recordó el día en que otro camarero cayó a los pies de Juan en la
cafetería de Madrid. Su amabilidad y humanidad, nada tenían que ver con la de Mike. Al pensar en ello
sonrió, y con los recuerdos dando vueltas por su cabeza, acabó de ayudar al muchacho. Cuando volvió a
su asiento junto a Mike, este la recriminó:
—Estelle, ¿qué estabas haciendo?
—Ayudando a Josh —respondió tras guiñar el ojo a su amiga Salma, sentarse y ponerse la servilleta
sobre las piernas.
Después de que otro de los camareros les sirviera el segundo plato, Mike insistió acercándose a ella:
—Debes mantener tu posición social. Eres Estela Ponce, no una recogeplatos. ¿Qué pensaran los
demás sobre lo que has hecho?
La joven miró a los comensales que les acompañaban en la mesa y tras sonreír a su amiga respondió
con tranquilidad:
—Sinceramente Mike, los que son mis amigos ya me conocen y el resto me importa bien poco lo que
piensen —molesta por aquella llamada de atención le siseó—: ¿Qué pasa, tú nunca le has tropezado
¿Nunca has necesitado ayuda?
Incapaz de contestar a aquello el divo del cine miro a su alrededor hasta encontrarse con la mirada de
Steven Rice y farfulló malhumorado:
—Con solo mirar a tu padre, sé que piensa como yo.
—Pues ¡qué bien! —se mofó ella.
—Solo hay que ver cómo te ha mirado mientras…
Sin poder aguantar ni un segundo más, Noelia le miró con desdén.
—Lo que píense mi padre de mi, no me interesa. Por lo tanto cierra el pico, si no quieres que te lo
cierre yo delante de todos.
Durante unos segundos permanecieron callados mientras escuchaban el discurso que John Foswell
ofrecía, hasta que Mike, molesto por como ella le había hablado, volvió al ataque.
—No sé qué clase de tipo sería con el que has estado en España, pero a mi no me hables así —ella le
miró fijamente y preguntó:
—¿Qué estás diciendo Mike?
—No te hagas la tonta porque sé muy bien con quién estuviste. ¿Acaso crees que tu padre no me
mantuvo informado? Estuviste con un policía y, por tus recientes modales, presupongo que ni mucha
educación ni saber estar debía de tener.
Deseó darle un puñetazo allí mismo y saltarle los dientes, pero no, no debía hacerlo. Primero porque
no era lugar y segundo porque la educación debía primar ante todo, aunque aquel le estuviera
demostrando la poca que tenía. Finalmente, cuando comprendió la convenida relación que unía a aquellos
contestó con mofa:
—Vaya… me dejas impresionada. Mi padre y tú hablando de mí.
—Tu padre solo quiere que tu carrera no se hunda, y sabe que yo soy un buen poste al que amarrarse.
—¿Que tú eres qué? —preguntó sorprendida.
—Lo que has oído. Tú eres Estela Ponce, pero yo soy Mike Grisman, no lo olvides. Soy un hombre
que puede darte mejor vida que ese poli, además de la fama necesaria parar continuar con tu carrera.
—Vaya… —suspiró Noelia deseosa de haber tenido el garrote de el abuelo Goyo para darle aquel su
merecido.
Si algo tenía Juan era clase y saber estar. Mucha más que aquel divo hollywoodiense que se mofaba
del pobre chico que se había resbalado con los platos.
Molesto por la guasa que veía en su mirada, Mike se envalentonó y prosiguió.
—Quiero que sepas que he perdonado que te quedaras en España y tuvieras un romance con ese
policía, y si te perdoné fue porque tu padre habló conmigo y me hizo ver lo beneficioso de nuestra unión.
Noelia resopló cada vez más sorprendida. Ahora entendía la insistencia de aquel por invitarla a salir
una y otra vez. En el fondo todo era marketing. A Mike le convenía que le volvieran a relacionar con ella
y a su padre también. Ella era solo un negocio y eso le revolvió el estómago. Mike era como su padre.
Siempre lo había sabido, pero ahora lo confirmaba. Simplemente quería usarla igual que la mayoría de
los que estaban sentados con ella en aquella cena. Estaban allí en su propio beneficio, para ganar fama y
dinero.
—No me mires así, Estelle —prosiguió aquel—. Darte una nueva oportunidad es algo beneficioso
para los dos, para nuestras carreras. Un beneficio que ese vulgar policía no te puede dar. Pero quiero que
quede clara una cosa, no voy a consentir que me humilles ni me hables como lo has hecho hoy, ni ahora,
ni nunca.
Hasta aquí hemos llegado pedazo de burro pensó malhumorada.
Furiosa, levantó el pie y con toda la fuerza que pudo clavó su fino tacón de Jimmy Choo sobre el
zapato de Mike. Al ver que este disimulaba el gesto de dolor ante todos, se aproximó más a él con gesto
sonriente.
—Mira, guapo. Con lo que acabas de decir en referencia a mi padre lo has acabado de arreglar. En
cuanto a eso de que tu me estas dando una segunda oportunidad, no te lo crees ¡ni loco! Y por último,
para hablar del policía español le lavas la boca antes. Ese hombre, ese policía, no es vulgar. Es
maravilloso, ingenioso, divertido, cabezón y acurrucoso, y por si fuera poco todo lo bueno que te he
dicho, también es mil veces más hombre que tú. Tiene unos valores sobre la vida, la dedicación y la
familia que tú nunca conocerás. Y si vuelves a mencionarle en tono despectivo a él o a su familia, o a
acercarte a mí para algo más que no sea algo relacionado con el trabajo, te juro que lo vas a lamentar
¿entendido?
Mike asintió asustado y durante el resto de la velada no volvieron a dirigirse la palabra. Notó que
estaba muy enfadada y, si algo sabía de ella, era que cuando se enfadaba había que dejarle tiempo para
que entrara en razón. Noelia era muy temperamental y necesitaba su tiempo. Tras la cena, y algo más
calmado, Mike al verla de nuevo sonreír, se acercó con cautela y asiéndola del codo la apartó del grupo
donde estaba.
—Estelle, preciosa. He dicho que te perdono.
—¿Que me perdonas? —se mofó ella deseando tener a mano la cinta americana para taparle la boca
—. Vaya, es todo un detalle.
—Creo que mi comentario ha sido desafortunado y…
Tapándole la boca con la mano, ella, con una espectacular sonrisa murmuró:
—Oh no, Mike. Creo que el comentario sobre lo que es beneficioso para ti y para mi ha sido lo más
afortunado que has dicho en tu vida. Gracias a él me he dado cuenta de lo que quiero y lo primero que
quiero es no volver a tener nada contigo. A pesar de ser una pésima persona, eres un actor maravilloso,
pero lo poco que hubo entre tú y yo se acabó.
—¡¿Cómo dices?!
El padre de Noelia que los observaba desde hacía rato desde la otra punta del salón, al ver el gesto
de su hija y la cara de Mike optó por acercarse a ellos. Desde su tremenda discusión cuando llegó de
España no había vuelto a hablar con ella, pero al acercarse y escuchar la última frase pregunto:
—¿Qué es eso de que lo que hubo entre Mike y tu se acabó?
—Lo que has oído, ni más ni menos —respondió mirando a su padre.
—Estelle, tu relación con Mike es…
—Mi relación con Mike es nula— —cortó la joven. ¿Qué hacia su padre discutiendo con ella sobre
su vida?
—Lo siento Steven, pero tu hija hoy no está de humor —añadió el actor con gesto contrariado.
El poderoso cineasta, con el ceño fruncido, asió a su hija que le miraba con desprecio y, llevándosela
a un lateral del salón, lejos de ojos indiscretos siseó:
—Estelle haz el favor de comportarte como la mujer que eres. El que Mike y tú estéis juntos pued…
—Cállate papá —respondió con odio— Yo no tengo ninguna relación con Mike, ni la voy a tener
porque no le quiero.
—Siempre ocasionando problemas… siempre.
—No papá, yo no te ocasiono nada —respondió con seguridad—. Eres tú el que se empeña en querer
controlar mi vida y cuando ves que se escapa de tu férreo control te desesperas. Vamos a ver ¿cuándo te
vas a enterar que la única que puede decidir sobre mí misma soy yo?
—Cuando me demuestres que eres capaz de pensar con sensatez y no como tú madre, con el corazón.
Esto es la industria del cine y aquí hay unas normas que acatar. Tu actitud y tu negativa a aceptar ciertas
cosas me recuerda a ella, y eso solo te perjudicará.
Aquello le dolió. Que mencionara a su madre le revolvió las tripas. Su padre sabía todo lo que ella
había sufrido con su muerte. Y cómo si le hubieran metido los dedos en un enchufe Noelia explotó llena
de ira.
—Nunca la quisiste a ella y nunca me has querido a mí. Pero la diferencia que hay entre mamá y yo,
es que ella no supo ver lo dañino que eras y yo sí. Si tengo algo que agradecerte es la oportunidad que me
dio la meca del cine por ser tu hija. ¡Solo eso! Pero mi cuenta está saldada contigo desde lince mucho
tiempo y…
—No le consiento que me hables así Estelle. Tu madre era un ser débil que…
—Que le quería maldito imbécil —siseo con odio—. Mamá era una mujer demasiado buena para ti
que solo demandaba un poco de tu valioso tiempo y tu cariño para que la quisieras. Pero solo consiguió
pequeñas migajas del gran Steven Rice hasta que no pudo más y tomó aquella terrible decisión. Pero yo
no soy ella, no lo olvides. Yo tengo tu fuerza y su bondad. No soy un problema. Aprendí a no querer
migajas tuyas desde muy pequeña y te aseguro que a día de hoy soy una mujer de treinta años que sabe
muy bien lo que quiere y, sobre todo, que tiene muy claro quién la quiere. Y ni tú, ni la tonta de tu mujer,
ni Mike podéis darme lo que yo necesito porque no me queréis. Por lo tanto papá, no vuelvas a decirme
con quién he de estar o no porque el poco respeto que te tengo porque eres mi padre y porque la abuela
me lo pidió, se puede desvanecer en un segundo y te aseguro que lo vas a lamentar. —Steven Rice
impresionado no podía despegar los labios—. Pero no lamentarás perderme como hija, porque nunca me
has tenido, si no porque si la prensa se enterará de tu comportamiento conmigo y eso ocasionará un gran
escándalo que tú ¡don poderoso! no se puede permitir. ¿Y sabes por qué? Porque sabes tan bien como yo
que la gente, el público, me quiere y te guste o no, Estela Ponce hoy por hoy, es tan fuerte y poderosa
como tú en la industria del cine.
—Estelle…
—No papá. No digas nada y ¡escúchame! Nunca más vuelvas a inmiscuirte en mi vida, ¿entendido?
Dicho esto, se dio la vuelta y se dirigió hacia la salida. Por fin le había dicho a su padre todo lo que
llevaba años guardando en su interior y se sintió liberada. Necesitaba respirar aire fresco y alejarse de
allí y de aquel ser que solo miraba por él mismo y por su negocio sin tener en cuenta que en la vida
también existen los sentimientos. En su camino la interceptó Mike quien, con gesto serio, le preguntó:
—¿Has recapacitado en cuanto a lo nuestro?
Tras soltar un suspiro de frustración la joven actriz lo miró y en un tono más conciliador se acercó a
él.
—Vale. Entiendo que eres un hombre y vuestra especie necesita su tiempo para procesar la
información. Pero no… lo nuestro no existe porque nunca ha existido Y una vez que te lo he dicho y
aclarado, piénsalo y procésalo, porque no te lo voy a volver a repetir ¿Okay?
Sin más, se acercó a su amiga Salma, la besó en la mejilla y quedó en llamarla al día siguiente.
Después se marchó. Quería regresar a su casa.
BUENO MIS AMORES PRECIOSOS Y MAÑANA YA SE TERMINA ESTA NOVELA TAN BELLA
ASÍ QUE ALISTEN PAÑUELOS Y TODO LO QUE TENGAN AL ALCANCE PORQUE MAÑANA ES EL DESENLACE DE ESTA HISTORIA
BESITOS
XOXO
JHULY
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