martes, 8 de abril de 2014

CLUB DE LECTURA - Y A TI QUE TE IMPORTA - CAP. 56, 57 Y 58


56

Aquel seis de enero fue el peor día de Reyes que Juan recordaba en toda su vida. Todos intentaron
estar felices y animados, pero les fue imposible. Lo ocurrido días antes les tenía desconcertados y tener a
la prensa las veinticuatro horas del día apostada en las puertas de sus casas no ayudaba. Tras la comida
de Reyes donde se repartieron sus regalos, sonó el timbre de la casa de Manuel, y una empresa de
regalos online dejó en casa de este el montón de regalos que Noelia había pedido días antes.
Todos, sorprendidos, se miraron los unos a los otros. ¿Qué debían hacer? Finalmente, Eva tomó
riendas en el asunto al ver la mirada perdida de su hermano.
—¿Qué hacemos?
—Abrirlos —respondió Javi convencido.
—En ese grandote pone Ruth —chilló la pequeña al ver su nombre.
Manuel, que hasta el momento no se había pronunciado, miró a su hijo que observaba aquella pila de
regalos y preguntó:
—Hijo… ¿Qué hacemos?
Enfadado con todo su entorno, el joven suspiró profundamente y respondió:
—Cómo ha dicho Javi, abrirlos. Si Noelia los compró para nosotros, que así sea.
Eva sonrió al escucharle y situándose junto a los regalos cogió primero el de Javi y se lo entregó. El
niño sonrió de oreja a oreja al descubrir que dentro de aquel enorme paquete había la equitación oficial
al completo del Barça, el equipo de sus amores, y una camiseta firmada nada menos que por Iniesta, junio
a un estupendo balón.
—Como molaaaaaaaaaaaaa —gritó el pequeño haciendo reír a todos.
La siguiente en recibir su regalo fue la pequeña Ruth, que al abrir el enorme paquete y ver la casa de
muñecas victoriana gritó:
—La que yo queríaaaaaaaaaaaaaa. Le dije a la tita Noe que me gustaba esta casita y ella me la ha
pedido a los Reyesssssssssss. Que buena esssssssssss.
Irene se acercó a su hija y le susurró:
—Noelia es muy buena, cielo pero no la llames tita ¿vale?
—¿Por qué?
—Porque no lo es mi amor.
La niña quiso responder, pero al ver el gesto de su tía Almudena pidiéndole silencio calló hasta que
Rocío, su hermana mayor, gritó:
—Ay Dios ¡que fuerte! —a punto del infarto sacó el abrigo de cuero de la última colección de
Jennifer López y los perfumes de la marca JLo que tanto le gustaban y gritó—: Dios… Dios…
Diossssssss ¡¡¡se ha acordado!!!
Juan, al ver la felicidad de sus sobrinos, sonrió. Verles tan felices con aquellos regalos le alegraba el
alma, aunque en cierto modo, también le partía el corazón. Pero consciente de que todos le observaban
disimuló todo lo que pudo y continuó sentado ante ellos manteniendo el tipo.
—Estos son es para Carlos, Laura, Sergio y Menchu —dijo Eva retirándolos—. Los guardaré y
cuando les vea se los daré ¿de acuerdo?
—Perfecto —asintió Irene sorprendida por los regalazos de sus hijos.
—Toma papá, esta es para ti —dijo Almudena tendiéndole una enorme caja.
Tras cogerlo, el hombre leyó en voz alta una notita:
Para que puedas hacer esas maravillosas
croquetas que estoy deseando probar.
Todos sonrieron y Manuel, boquiabierto, comprobó que la joven le había comprado una estupenda y
reluciente Thermomix.
—Uoooo papá —sonrió Eva—. Ya puedes volver a hacer las croquetas.
—Mmm qué ricas abuelo —aplaudió Javi encantado con su balón en las manos.
E1 hombre asintió conmovido porque ella se hubiera acordado de aquel detalle, y tras asentir
murmuró:
—Esta muchacha es un cielo de mujer.
—¿Para mi que hay? —preguntó el abuelo Goyo ansioso como un niño.
Con delicadeza, Eva le entregó un paquete alargado y el anciano rasgó el envoltorio.
—Un bastón con el pomo de oro. Le dije al gorrioncillo que mi bisabuelo tuvo uno justamente igual
que este y ella se acordó. ¡Que lindura de muchacha! —dijo con los ojos encharcados en lágrimas.
Juan no sabía si salir corriendo o qué hacer. Ella, la mujer que le había puesto su vida patas arriba,
no estaba físicamente allí, pero con aquellos regalos estaba más presente que nunca.
—¡Una cámara réflex! —gritó Almudena al abrir su paquete—. Noelia me ha comprado la cámara
que un día le dije que me gustaría tener. Oh Diosssssss y mirar lo que le ha comprado a Joel —entre
lagrimones abrió todos los paquetes.
—A ver Almudena —sonrió Irene al ver a su hermana con el kleenex en la mano—. Los regalos son
un motivo para sonreír, no para llorar, no comencemos ¿vale?
Pero aquellas palabras se las tuvo que tragar cuando vio la nueva radio para el camión de Lolo y, en
especial, las botas altas color chocolate a juego con el bolso de Loewe que la joven actriz había
comprado para ella.
—¿Quién es la llorona ahora? —preguntó Almudena sonriendo.
Eva deseaba abrir su regalo. Solo quedaban él de ella, el de Senda y el de Juan y tras mirar a su
hermano y ver su expresión desconcertada murmuro:
—¿Quieres abrir tu regalo?
—No… mejor abre el Luyo —respondió con voz ronca.
Incapaz de aguardar un segundo más, rasgó el papel y aplaudió cuando vio ante ella la caja de un
portátil nuevo. Tras abrirlo y gritar a los cuatro vientos que lo necesitaba para su trabajo todos miraron a
Juan y este tras resoplar cogió el regalo en el que ponía Senda y lo abrió. Un precioso collar de
Swarovski para perros apareció ante él e inexplicablemente cerró los ojos al recordar que ella siempre
decía «Senda… eres como una reina y te mereces un collar que te ilumine aún más»
—¡Como molaaaaaaaaaaaa! —gritó Rocío al ver aquel collar de piedras brillantes.
—¿Eso tan lustroso es para la jodia perra? —preguntó el abuelo Goyo sorprendido.
Juan sonrió por primera vez en la noche al escuchar el comentario de su abuelo mientras cogía el
regalo que su hermana Eva le tendía. Con la vista de todos clavada en él, abrió la tapa de la caja y cogió
un sobre. Su gesto cambió cuando vio que tenía ante él las escrituras de las tierras por las que su familia
estaba enfrentada con las Chuminas. Aquellas hectáreas por las que pasaba un pequeño riachuelo y que
tanto habían ansiado poseer. Junto a las escrituras había una nota pegada en la que ponía:
Ya son tuyas. Ahora solo falta que levantes
Tu hogar.
Arrancando con furia la nota pegada, para que aquellas palabras solo quedaran para él, les tendió los
papeles a su padre y su abuelo para que los vieran. Estos al ver de qué se trataba se quedaron tan
sorprendidos como Juan, y a pesar de las ganas que sintieron de saltar de felicidad, simplemente se
miraron y no dijeron nada.
—¿Tito y en la cajita que hay? —preguntó la pequeña y curiosa Ruth.
Todavía bloqueado por la situación y avergonzado por el mensaje que le dejó en el contestador de su
móvil la pasada noche y al que ella no había respondido, Juan miró en su interior y sonrió cuando leyó
otra nota:
Odio está música, pero tomo tú me gustas,
¡me pondré tapones en los oídos'.
Me dijiste que había algunos cd descatalogados de
AC/DC que no conseguías. ¡Pues aquí los tienes!
Ahora mírame… bésame y dime que soy la mejor
¿te parece buena idea?
Ahora mírame… bésame y dime que soy la mejor pensó Juan con amargura. Estaba claro que ella
querría haber estado allí en aquel momento y que él tenía claro que le hubiera gustado sonreírle y decirle
que efectivamente era la mejor. Eso le encogió el corazón, pero como siempre calló hasta que escuchó
que le preguntaban.
—Bueno cuenta ¿Qué te ha regalado?
Juan sacó un cd de la caja y dijo para saciar la curiosidad de todos.
—Una maravillosa discografía de AC/DC, Metallica e Iron Maiden.
Abiertos los regalos, todos comentaban el detallazo de Noelia, y una vez más aquella joven actriz les
dejó claro que clase de persona era, no por el dineral que se había gastado, si no porque les había
regalado a cada uno lo que deseaban. Diez minutos después Juan se marchó. No quería hablar con nadie.

57

Pasados unos días, la nube de periodistas fue disminuyendo. Pero el calvario de Juan cada vez que
salía de su casa era tremendo. Continuas y repetitivas preguntas en referencia a Estela Ponce podían con
su humor y su paciencia. Le perseguían allá donde fuera y apenas podía moverse. De pronto, de ser una
persona anónima pasó a ser una persona agobiada por la prensa y observado por todos en su pueblo. Sus
compañeros de base, a pesar de lo sorprendidos que se quedaron con la noticia de que Estela Ponce era
aquella morenita dicharachera y simpática, le ayudaron todo lo que pudieron demostrándole una vez más
que eran una prolongación de su familia.
Juan siempre había sabido que sus compañeros estaban hechos de una pasta especial, pero sentir su
apoyo y discreción en aquellos momentos fue maravilloso. Pero finalmente, agobiado por todo, tomó una
decisión que comunicó a su familia un sábado mientras comían todos juntos un sabroso cocido.
—¡¿Qué te vas a Irak pasado mañana?! —preguntó su padre al escucharle.
—Sí papá. Hace unos días se solicitaron voluntarios y me presenté.
—¡¿Cómo?! —murmuró Eva al escucharle.
Durante aquellos días había intentado hablar con él, pero Juan no quería saber nada de lo ocurrido.
Era hermético en referencia a sus sentimientos y toda la familia lo estaba pasando fatal.
—Eva, necesito alejarme de todo este circo o me voy a volver loco, Allí, en Irak, nadie me
perseguirá.
—Pero Juan, ya estuviste en Argelia el año pasado —protestó Almudena.
—¿Y…? —preguntó molesto por tener que dar tantas explicaciones.
—¡Copón bendito! —gritó el abuelo Goyo al escuchar aquello—. Pero Juanito, hermoso, ¿es que
buscas que te maten? Esa zona no es un lugar seguro. En las noticias dicen cosas terribles. ¿Cómo vas a ir
allí?
Todos, incluido Juan, sabían que lo que el abuelo decía era cierto. Irak, Afganistán, toda aquella
zona, no eran lugares donde uno pudiera relajarse. Pero consciente de lo que iba a hacer aclaró:
—Será poco tiempo. No te preocupes abuelo, estaré bien.
—¿Pero tú estás loco? —gritó Irene soltando la cuchara—. Allí no te perseguirán periodistas, pero si
terroristas y…
—Por favor Juan no vayas —suplicó Almudena temerosa.
Eva, al ver el drama que sus hermanas estaban montando, las miró y aun entendiéndolas apoyó a su
hermano.
—Joder… ¿Qué os pasa? Ni que fuera la primera vez que Juan se va por esos mundos. Él sabe
cuidarse y no hay de qué preocuparse ¿verdad?
Al escucharla, éste sonrió y asintió.
—Tú lo has dicho. No hay que preocuparse.
Como era de esperar, Irene comenzó a lloriquear. Desde que había pasado lo de la actriz americana
su hermano no levantaba cabeza. El enfado y el mal humor se habían apoderado de él, era patente.
Manuel, al ver que su otra hija, Almudena, comenzaba a llorar también fue a decir algo pero esta se le
adelantó.
—Vale… no me preocuparé. Pero no te enfades conmigo, porque mis hormonas aún están atorrijadas
y no puedo dejar de moquear como un mastín.
Aquello les hizo sonreír a todos, en especial a Juan que se levantó y le dio un beso. Manuel, al ver el
detalle de su hijo, intentó, a pesar de su preocupación, tomar las riendas del asunto y aportar positividad
al momento.
—Vamos a ver chicas, vuestro hermano es un hombre de acción y siempre nos lo ha demostrado.
Creo que estar aquí o en Irak da lo misino. Su trabajo no es algo típico y creo que estará tan alerta por su
vida aquí como allí. —Y volviéndose hacia su hijo preguntó—: Por cierto ¿puedes decirnos que vas a
hacer allí?
—Estaré junto a otros compañeros protegiendo la embajada española en Irak.
—¿Y cuánto estarás allí? —preguntó.
—El destino en un complejo diplomático no dura más de dos meses, por lo tanto, cuando os queráis
dar cuenta ya estaré de nuevo aquí.
El timbre de la puerta sonó, Rocío se levantó para abrir y dos segundos después Carlos apareció en
el comedor. Su gesto era serio y ceñudo y Juan, al verle, supo que se había enterado. Así que cuando
hubo saludado a todo el mundo, juan se levantó y, dándole una palmada en la espalda, le instó a salir al
patio trasero de la casa. Tenían que hablar.
Una vez a solas, Carlos le miró fijamente y dijo.
—¿Cómo eres tan capullo? ¿Cuándo pensabas decirme lo de Irak? —Sin dejarle contestar añadió—.
Joder Juan, cuando me lo ha dicho Gutiérrez me ha tocado los cojones. ¿Por qué narices no me lo has
dicho tú?
—Surgió y acepté. No hay más.
—¿Cómo que no hay más? —protestó al escucharle—. No me jodas coño ¡claro que hay más! No
quieres hablar de ello y yo no quiero presionarte. Pero sé por qué te vas, y no se te ocurra decirme que
no, porque ya me has tocado suficiente los cojones por hoy.
—Vale churri… —asintió con media sonrisa.
Sin mirarle, Carlos levantó los brazos y gruñó:
—Me cago en la leche tío, hablemos ya de una puta vez del lema. Te vas por…
—Me voy porque necesito dejar de tener la presión que tengo con la prensa.
—Pero vamos a ver, el problema en la base ya está resuelto. Tu me dijiste que lo .solucionaste con
los mandos y…
—Si esta resuello —asintió juan con resolución—. Mi vida privarla es mía y nadie puede dirigirla
excepto yo. Eso ha quedado claro.
—Joder, pues no lo entiendo —insistió su amigo.
—Carlos, para mi no es agradable nada de lo que me está pasando.
—Te vas por ella ¿verdad? Ella es la causa de que ahora vayas a Irak, y no me digas que no, que nos
conocemos.
Al ver el gesto con que su amigo le miraba, Juan suspiró y asintió.
—Sí, ella también tiene que ver en todo esto —y sentándose en el balancín prosiguió—: Necesito
hacer algo para lo que estoy entrenado y como dice el abuelo Goyo, el trabajo cura la ausencia y el dolor.
Por eso me tengo que marchar. Ir a Irak me asegura tener la puta mente ocupada las veinticuatro horas del
día para no pensar en ella o al final me volveré loco.
Iras un pequeño pero significativo silencio Carlos volvió al ataque.
—¿Has vuelto a hablar con Noelia?
—No.
—¿Pero lo has intentado?
—No.
—Pero vamos a ver. ¿Por qué no lo haces? Tienes su número de móvil, su correo electrónico. Puedes
incluso intentarlo a través de Tomi. ¿Por qué cojones no lo haces?
—Ella y yo no tenemos nada que ver. Lo que pasó, pasó y…
—No me jodas hombre. Por fin llega una tía que te gusta, que encima es guapa, simpática, se lleva a
tu familia de calle, ¿y tú sigues con el freno de mano echado? joder Juan… ¿cuándo vas a soltar el freno y
disfrutar de la vida? ¿Cuándo cojones te vas a dar cuenta que, por nuestro trabajo, tienes que dejarte de
gilipolleces y disfrutar el momento? Que la vida son dos días y que hay que vivirla y ser feliz.
Al escuchar aquello pensó en algo que ella le dijo él dijo que se fue algo así como «la vida se
compone de momentos y los que he vivido contigo los atesoro en mi corazón» pero borrando aquello de
su mente respondió con frialdad:
—No es tan fácil como tú lo ves Carlos. Ella vive m un mundo que nada tiene que ver con el mío, y
yo un puedo darle nada de lo que…
—Lo que tienes se llama miedo ¿verdad? Estás acojonado.
—¡¿Cómo?!
—Estás cagado tío, y no me lo puedo creer. Mi amigo Juan Moran, el inspector, el instructor de los
geo, el valiente superhéroe para sus sobrinos ¡por fin tiene miedo de algo!
—No digas gilipolleces, churri. No me jodas.
Pero su amigo, dispuesto a decirle todo lo que llevaba en su interior, sin importarle las consecuencias
continuó:
—Lo que te ha ocurrido es que esa tía te ha tocado la patata ¿verdad? —Juan no respondió—. Ha
llegado ella y con su normalidad, a pesar de su glamuroso mundo, te ha desbaratado la vida y te ha
demostrado lo que sería tu puta vida si vivieras con ella y te ha gustado. No lo niegues. Te conozco y he
visto lo feliz y motivado que has estado mientras ella ha estado aquí contigo. Pero ¿no ves que estáis
hechos el uno para el otro? ¿No te das cuenta que estás enamorado de ella hasta las trancas?
—¿Por qué eres tan jodidamente marujón? —protestó Juan—, Cada día me recuerdas más a tu mujer.
—Uis… eso me pone —se mofó aquel—, Y si te parezco marujón, ni te cuento lo que pensarías si
escucharas a Mariliendre y las heteropetardas de la base opinar.
Durante unos segundos ambos permanecieron en silencio hasta que Juan dijo:
—Ella se marchó sin despedirse —omitió su terrible llamada posterior—. Me dijo cosas terribles
y…
—Y tú, el inspector Morán, ¿te quedaste escuchando sin más?
—Sí.
—¿Por qué?
Juan, con los ojos cargados de furia, se acercó a su amigo y en un susurro que solo él pudo escuchar
siseó:—
Porque ella se quería ir. Quería desaparecer. No me quiso escuchar. Descubrió que lo nuestro
bahía sido un estupendo calentón y nada mas. Joder macho, que cuando llegué a la base me enfrenté a
todo el mundo por ella. Era mi prioridad deseaba afianzar lo nuestro, algo casi imposible, pero me falló.
Ella decidió marcharse sin decirme adiós y zanjar el tema. ¿Qué coño quieres que haga?
—Serás nenaza —protestó Carlos—, ¿Desde cuándo no dices tú la última palabra? Que yo sepa eres
un tío que lucha por lo que quiere. El problema es que nunca has tenido que luchar por amor y no tienes ni
puta idea de cómo hacerlo ¿verdad?
Aquello les hizo sonreír.
—Mira Juan, lo que te voy a decir ya lo sabes, pero te lo voy a repetir quieras o no. Hace ya algún
tiempo, una preciosa mujer llamada Laura me tocó la patata —aquel sonrió—. Soy de los que cuando
llego a casa, me gusta encontrarme con una preciosa sonrisa esperándome, y aunque a veces me queje de
que mi Laura me vuelve loco, o me esconda la música de AC/DC, no la cambio por nadie en el mundo
porque la quiero, me quiere y mi vida con ella y con el pequeño Sergio es lo mejor que tengo. Lo nuestro
requiere tensión, sacrificio y presión, y cuando uno sale de la base, cuando uno sale de trabajar, necesita
desconectar y disfrutar, y desde que te conozco, tú solo has desconectado cuando ella, esa que no te quiso
escuchar, estaba en tu vida y en tu casa. —Al ver que aquel le miraba prosiguió—. Vale que ella, es una
gran diva de Hollywood. Joder es ¡Estela Ponce! Y que tú solo eres un policía, sin más, que con
seguridad gana menos al mes de lo que gasta ella en una sesión de Spa. Pero macho, piensa, utiliza la
cabeza para algo más que trazar operativos, y date cuenta de dos cosas. La primera que las tías son muy
raras y en situaciones limite quieren que les grites que no puedes vivir sin ellas, y la segunda, que lo
vuestro funcionaba y funcionaba muy bien y…
—Churri, si no te callas, juro que te arrancaré hasta la última muela —protestó Juan harto de
escucharle.
Estaba enfadado, molesto, cabreado y cada vez más. Todo lo que su amigo decía era verdad. Se había
dado cuenta que estaba enamorado de ella, pero no quería aceptarlo. No debía.
Carlos intuyendo lo que su amigo pensaba, se sentó con resignación en el balancín junto a su amigo.
Al mirar hacia la derecha se encontró con Eva que, oculta tras la puerta, lo había escuchado todo. Ella,
con lágrimas en los ojos, levantó el pulgar para mostrarle su conformidad con todo lo que él le había
dicho. Por fin alguien había sido capaz de decirle al cabezón de su hermano la verdad. Carlos, al verla,
sonrió y asintió. Después miró de nuevo a su cabizbajo amigo.
—Vale, No hablarse más de ella. Pero joder tío, me preocupa que te vayas a la puta zona roja de Irak
sin mí. Reconócelo nenaza, tú sin mí no eres nadie.
Ambos prorrumpieron en una carcajada. Una hora después los dos amigos se marcharon a tomar unas
copas. Lo necesitaban.

58

Los días pasaron y Juan se marchó. Su partida, como siempre, dejó muy preocupados a sus familiares
y amigos. Los conflictos que existían en Irak no eran fáciles de digerir y que Juan tuviera que lidiar con
ellos les quitaba el sueño. Conocían suficientemente al geo para saber que se entregaba al cien por cien
en su trabajo y que era muy buen profesional. Pero eso no restaba que algo pudiera ocurrir en un abrir y
cerrar de ojos, cuando él menos se lo esperara.
Menchu, durante todo aquel tiempo mantuvo el contacto con Noelia. Eva también. Solo habían
hablado un par de veces por teléfono, pues ella se marchó a Tokio para continuar con la promoción de su
película, pero los emails entre ellas eran casi diarios.
El día que Noelia supo que Juan se marchaba a Irak, su corazón empezó a palpitar desbocado.
¿Dónde iba aquel loco? Pensó en regresar a España e impedírselo, pero tras recordarlas cosas que él
dejó grabado en el contestador de su móvil, decidió que no sería buena idea. Aquella era la vida de Juan,
plagada de peligros, él así lo había decidido. Pero a partir de aquel día, Noelia fue una más de las que
constantemente buscaba noticias sobre Irak. Necesitaba saber que estaba bien. Necesitaba leer que no le
había pasado nada.
Eva aún recordaba petrificada el momento en el que su amiga Yoli le enseñó el número de móvil
desde donde llegaron las fotografías y la información de dónde se encontraba Estela Ponce. ¡Era su
móvil! Y todo había sido enviado la madrugada del día uno de enero. Justo cuando estaban celebrando la
llegada del nuevo año. Su exjefe, el mismo que días antes la había despedido quiso contratarla de nuevo.
Aquella joven reportera, supuestamente, podía ser la cuñada de la actriz Estela Ponce y tenerla en su
equipo le daba prestigio.
Pero Eva no aceptó y comenzó a estudiar otras propuestas que había recibido. Al fin y al cabo, la
vida continuaba.
Sentadas en el Croll una noche, Eva y Menchu charlaban sobre lo ocurrido.
—Te juro que cada vez lo entiendo menos. Yo no envié esas fotos, pero el teléfono desde el que se
mandaron es el mío ¿Cómo puede ser cierto?
—Quizás le diste a un botoncito sin darte cuenta y lo enviaste. Ya sabes que la tecnología es muy
buena para muchas cosas y algo indiscreta para otras —susurró Menchu.
Molesta, Eva dio un trago a su cerveza.
—No digas tonterías, joder. Para enviar esas malditas fotos lo primero que tengo que hacer es
seleccionarlas, buscar a Yoli entre mis contactos y enviarlas. Y eso no se hace sin querer.
—Tienes razón. Discúlpame y no te enfades conmigo.
Al ver la cara de su amiga Eva le tocó en la mano y murmuró:
—Joder Menchu perdona. No quiero pagar contigo los platos rotos, pero es que de verdad soy
incapaz de entender todo esto y…
—Pero que hacen estos dos monumentos solos en medio de esta jungla —gritó el Pirulas acercándose
a ellas junto al Rúcula—. Por cierto, buenas noches preciosas ¿os he dicho que hoy estáis especialmente
atractivas?
Divertidas, se miraron y Eva respondió en todo cansino:
—Valeeee Pirulas te invitamos a un cervecita.
Al escuchar aquello, él levantó la mano y dijo sorprendiéndolas:
—De eso nada bellezones. Aquí el que invita esta noche soy yo y mirando al camarero dijo—: Todo
lo que tomen estas preciosidades me lo apuntas en mi cuenta.
—A mi ponme otro gin tonic— pidió el Rúcula.
Menchu y Eva se miraron convencidas de que el camarero le mandaría a freír espárragos, pero se
sorprendieron al ver que aquel asentía y les ponía dos nuevas cervezas. En ese momento llegaron Carlos
y Laura a quienes, tras saludar a todos rápidamente se integraron en la conversación.
Cuando el Pirulas sacó a bailar a la mujer de Carlos y el Rúcula a Menchu, Carlos y Eva se quedaron
a solas.
—Gracias por lo que le dijiste al cabezón de mi hermano antes de que se marchara a Irak. Creo que
has sido el único capaz de decirle lo que todos pensamos.
—No fue fácil, no creas —sonrió aquel.
Tras un pequeño silenció la joven añadió:
—Sigo en contacto con Noelia y Tomi por email.
—¿En serio?
—Sí.
—¿Qué tal está ella?
—Según ella bien. Según Tomi mal.
Carlos cabeceó y tras beber de su cerveza susurró:
—Vale. Creeremos a Tomi.
—He intentado hacerla razonar —prosiguió Eva— pero es imposible.
—Es tan cabezota como tu hermano. Como dice el dicho «Dios los cría y ellos se juntan».
Ambos sonrieron y Eva prosiguió:
—Vamos a ver. Se quieren. Solo hay que mirar al merluzo de mi hermano para darse uro cuenta de
que está enamorado de ella, y leer los emails de Noelia para percatarse de que a ella le pasa lo mismo.
¿Porqué narices no hacen algo por estar juntos?
—Muy fácil. Ella es Estela Ponce. Una gran diva del cine y tu hermano es simplemente Juan, un geo.
Un policía español que nunca ganará lo que ella gasta cuando va a comprarse esmalte de uñas —
respondió Carlos.
—Pero ¿qué chorrada estás diciendo?
—La verdad.
—Pues disculpa —siseó Eva— Pero tu verdad no me convence. Yo adoro a mi hermano y por él
como se dice última mente ¡MA-TO! Pero creo que en esta ocasión se está equivocando. No está
haciendo nada, al revés, se marcha a Irak con el consiguiente peligro de que le pase algo y nos amargue a
todos la existencia. —Carlos fue a decir algo pero esta no le dejó—. Por cierto, hablas de Noelia romo
si hiera una mujer a la que solo le gusta aparentar y su clase social, cuando creo que en el tiempo que ha
estado con nosotros, se ha comportado como una chica más, sin ningún ataque de divismo por ser quien
era y…
—¿Tengo que recordarte que le dijo cosas terribles y se fue sin despedirse de él? —la cortó aquel—
Tu hermano ha tenido que soportar la mofa de mucha gente, el verse en la prensa diariamente y el que se
entrometieran en su vida, cuando ya le conoces y sabes cómo es. ¿Acaso crees que para él ha sido
agradable tener que dar explicaciones o soportar lo que ha soportado? Mira Eva, Juan dio la cara por
ella ante todos los mandos de la base. Les recordó que fuera del trabajo, él era dueño de su vida, y
cuando regresó a casa para arreglarlo como fuera con ella, nuestra querida estrellita de Hollywood se
había ido. Se había pirado sin ni siquiera despedirse de él. ¿Eso lo hace una chica normal o una diva?
Boquiabierta por aquella revelación Eva le miró fijamente y susurró:
—Según Noelia, ella se marchó para no perjudicar más a Juan. En un email me confesó que se
marchó sin despedirse de él porque temía que la echara tras regresar de la base.
—Pero ¿qué chorrada dices?
—Ay Dios, que ahora todo comienza a encajar —susurró Eva— Mira Carlos, Noelia nos ha dicho a
Menchu y a mi que Juan siempre le dijo que si alguien descubría quien era ella todo serían problemas. Y
que aquel día, al verle discutir por teléfono, se dio cuenta que realmente Juan llevaba razón y…
Sorprendido por aquella revelación, Carlos dejó su botellín sobre la barra.
—¿Me estás diciendo que estos dos gilipollas, por no decir más burro, se han separado por un jodido
malentendido?
—Si.
—¡Joder! —resoplo Carlos.
Tan emocionada como desconcertada por haber descubierto por fin porque aquellos dos habían
procedido así, cogió su cerveza y sentenció.
—Esto lo tienen que saber ellos. Tú encárgate de mi hermano y yo me encargo de Noelia. Si
realmente se quieren, tienen que saberlo.
Tras chocar los botellines ambos rieron y Carlos, al imaginar la reacción de su amigo, susurró:
—Que Dios me coja confesado cuando le suelte esto al nenaza de tu hermano.
Sobre las dos de la madrugada, una sexy y provocativa Paula, que se había mantenido alejada de
ellos, se acercó y sin ningún rodeo, preguntó a Carlos:
—¿Qué sabes de Juan?
AI oír su voz, todos la miraron de arriba abajo y Carlos, tras echar un vistazo al tipo que la esperaba
al otro lado de la barra, respondió:
—Poca cosa. Pero no te preocupes, está bien.
Eva sonrió.
—¿Sabes cuándo regresará? —insistió Paula.
—¿Y a ti qué te importa? —gruñó Eva. Nunca le había gustado aquella mujer, y cuando se enteró de
los problemas que había tenido con Menchu y con Noelia todavía menos.
Paula la miró con un desagradable gesto.
—Bonita, no hablaba contigo —y mirando a Menchu dijo—. Y tú fea ¿qué pasa? ¿Por qué me miras
así?
Aquello calentó la sangre de Eva, que se levantó de su asiento como un resorte.
—Lo de fea se lo vas a decir a tu madre.
Menchu, al intuir las ganas de bronca que traía aquella, cogió a su amiga de la mano y se colocó a su
lado.—
Paula, Paula, Paula, no ofende quien quiere sino quien puede y tú, no puedes. Y, por cierto, ya no
trabajo en el parador gracias a ti, por lo tanto, ten cuidadito conmigo, porque tengo un derechazo que oh
my God!, te puede dejar K.O.
—¿Me amenazas? Vaya… veo que aprendiste algo de tu amiguita, la Ponce.
—Con la Ponce no te metas —gruñó Laura, la mujer de Carlos.
—Para hablar de la Ponce, so petarda —espetó Eva—, te tienes que lavar la boca mil veces y aun así
la seguirías teniendo llena de mugre.
—¿Por qué la defiendes tanto guapa? Esa estúpida se marchó dejando a tu hermano colgado con la
prensa. ¿Todavía no te has dado cuenta?
Carlos, temiendo la que se podía liar, se interpuso entre ellas e intentó zanjar el tema.
—Paula ¡basta! En cuanto a Juan, aún no se sabe cuándo regresará.
El Pirulas que había estado presente, se acercó hasta ella y cogiéndola de la cintura murmuró:
—Hola Paulita, qué pasa ¿ya no te hablas con los amigos?
La joven, echándose hacia atrás, se lo quitó de encima y con gesto agrio respondió:
—Quítame las zarpas de encima si no quieres problemas.
—Uooooo— se mofó aquel al escucharla—. Qué pasa ¿ya no quieres nada conmigo? ¿O es que solo
te intereso cuando te hago trabajitos? Por cierto, tenemos que hablar.
Todos les observaron intrigados. ¿Qué negocios serían aquellos?
—Cierra el pico Pirulas —protestó aquella, e instantes después desapareció.
—Será asquerosa —gruñó Menchu.
—Asquerosa es poco —siseó Eva y mirando a Laura dijo—: Mira, sé que es tu amiga pero a esta tipa
es que no la trago.
—Te entiendo y no, no es mi amiga —asintió Laura.
Desde hacía tiempo apenas se veían y aunque al principio no lo entendía, ahora lo prefería. Paula no
era una buena persona y por fin se había dado cuenta.
—Lo que no sé es porqué mi hermano de vez en cuando sale con ella.
—Sexo fácil, cariño —respondió el Pirulas.
Divertido por aquella contestación, Carlos le cogió por el cuello.
—¡¿Trabajitos?! ¿Desde cuando le haces tu trabajitos a Paulita?
Incómodo con aquella pregunta el Pirulas se soltó y le dio un trago a su cerveza.
—Ya ves… uno tiene su caché y ahora que Juan no está, de vez en cuando nos vemos y compartimos
fluidos.
—¡Qué asco por Diosssss! —exclamó Eva.
Menchu, molesta por como aquella estúpida mujer les miraba desde el otro lado del local siseó:
—Pues ten cuidado Pirulas. Esa tía solo te puede traer problemas. Y te lo digo yo que por su culpa
me he quedado en el paro.
Horas después, antes de abandonar el local, el Pirulas, sorprendiéndoles a todos pagó la cuenta en el
Croll. Ciento veinte euros.
—Joder macho ¿te ha tocado la lotería? —rio Carlos.
—No precisamente —murmuró deteniéndose frente a Paula que estaba sobre uno de los sillones
dándose el lote del siglo con un desconocido—. Este maldito dinero es el resultado de un trabajito del
que no estoy muy orgulloso y que cada día me pesa más.
Ese comentario atrajo la atención de Eva. Aquella noche estaba sacando mucho en claro en referencia
a la relación de su hermano y Noelia y sin saber por qué, dejándose llevar por su instinto de periodista,
asió al Pirulas del brazo y preguntó para su sorpresa:
—¿Qué te parece si ahora soy yo la que te invita a tomar algo en el Loop?
—¡Genial! —rio aquel.
—Ehh… yo me apunto —asintió el Rúcula.
Menchu la miró llena de curiosidad y Eva le guiñó el ojo. Dos segundos después, tras despedirse de
Carlos y Laura, se montaron en el coche del Rúcula dispuestos a pasarlo bien.
En el Loop, tras varios whyskies, al Pirulas se le aflojo la lengua y cantó por soleares. Eva, sabedora
de cómo llevarle a su terreno comenzó a tirar del hilo y al final descubrió lo que buscaba. Él le había
quilado el móvil del bolso la noche de Nochevieja mientras se divertía con los amigos porque Paula así
se lo había pedido. Y después de que aquella bruja enviara la información, volvió a dejarlo donde
estaba. Un par de días después, cuando el Pirulas fue consciente de lo que había hecho y en el lío que
había metido a su amigo Juan con la prensa, fue a pedirle cuentas a Paula muy arrepentido. Esta, para
cerrarle la boca, le dio tres mil euros. Un dinero que no compensaba lo que le había hecho a su amigo.
Tras la explicación de aquel, Eva entendió por fin porque las fotos habían llegado desde su móvil al
de Yolanda. Aquella bruja estaba en el baño averiado la noche de fin de año y se quedó con la copla de
todo lo que dijeron. Después solo tuvo que hacerse con el móvil de ella, trabajito que hizo el Pirulas, y
enviar la información a Yolanda Grecia.
Cuando aquella noche Eva se acostó en su cama suspiró aliviada. Por fin conocía la verdad y tuvo
claras dos cosas. La primera, que Paula iba a recibir de su misma medicina. La segunda, que su hermano
tenía que saberlo.
Una semana después, todo Sigüenza amaneció empapelado con fotos de Paula en una orgía con tres
hombres. Ni que decir tiene que el escándalo en el pueblo fue tremendo y que, avergonzada por como
todo el mundo la señalaba por la calle, hizo las maletas y se marchó. Algo que muchas mujeres de la
localidad celebraron encantadas, particularmente sus ex-compañeros del parador.

ESPERO QUE LES GUSTE MUCHO

BESITOS

XOXO

JHULY

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